La creatividad desatada en cuarentena
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Daniel Veiga ha aprovechado el aislamiento provocado por el coronavirus para sentarse a componer. Su familia quería que fuera médico, pero la curiosidad lo llevó a convertirse en músico autodidacta y luego en compositor y docente
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Para Daniel Veiga la cuarentena ha sido muy productiva. En los días que lleva aislado, se ha dedicado a componer sin parar. Tras años dedicado casi exclusivamente a la docencia, este tiempo de encierro le ha permitido trabajar sólo en la creación.
“La composición no es algo que sale cuando uno se sienta. Hay que trabajar”, dijo este músico notable que se hizo conocido en la ciudad a partir de dirigir Amadeus, un coro recordado por sus refinados repertorios, que abarcaban los más diversos géneros.
“Todos se quejan de la cuarentena, pero yo he podido componer todos los días, incluso algunos hasta seis horas seguidas y ha sido genial”, dijo Daniel, que ha experimentado también escribiendo letras conceptuales.
Estos matices que ha ido descubriendo lo han llevado a una nueva etapa musical en la que ha podido volcar años de estudio y conocimiento.
Búsqueda constante
Daniel tiene 62 años, pero por su espíritu jovial, parece seguir siendo ese muchacho que llegó a fines de los 80 a Necochea después de vivir su niñez y adolescencia en Buenos Aires.
“Yo viví los primeros años de mi vida en La Boca, en un conventillo”, dijo con cierto orgullo. Y recordó con más orgullo aún a su padre, un trabajador sin muchos estudios pero gran melómano.
Fue precisamente su padre quien le hizo escuchar música clásica, jazz y tango. “Me hacía escuchar óperas y me traducía las letras, porque entendía italiano a la perfección”, dijo Daniel.
Si bien su familia soñaba con que él se convertiría en médico, la melomanía lo fue llevando a interesarse cada vez más en la música y empezó a indagar por su propia cuenta en los clásicos renacentistas y del medioevo.
Era casi un niño cuando junto a unos amigos encontró una caña con unos agujeros y fue el primero en lograr sacarle un sonido. Aquel instrumento que ninguno conocía era una quena y despertó la curiosidad de Daniel, que se puso a estudiar cómo funcionaban los instrumentos de viento. Eso lo llevó a tocar la flauta y a integrar algunos cuartetos de viento.
“Soy principalmente un autodidacta”, dijo Daniel, que siempre aprendió primero sólo y después hizo cursos para perfeccionar aquellos conocimientos.
Así fue haciendo cursos en los institutos “Carlos Morel” de Quilmes y “López Buchardo” de Buenos Aires, la Escuela Panamericana de Artes, el conservatorio “Gilardo Gilardi” de La Plata y la Facultad de Bellas Artes de la capital provincial.
Siempre equilibrando su curiosidad y creatividad, compuso bandas sonoras para películas y obras de teatro, escribió música para diversas agrupaciones.
Un necochense más
Como la vida en La Plata era cara para él y su esposa, en 1987 se radicó en Necochea. Como su primer instrumento había sido la voz, no fue extraño que aquí su primera actividad vinculada a la música fuera la dirección del coro de padres del Jardín 903.
Eso lo llevó a que le sugirieran concursar para dirigir el Coro Polifónico Municipal. Si bien él nunca confió en que lo elegirían, en 1991 quedó al frente de la agrupación que hasta ese momento había dirigido Beba Trobo.
Dos años más tarde comenzó a hacer suplencias en la Escuela Municipal de Artes, donde le confirmaron el cargo en 1994.
Y allí comenzó una nueva vida para Daniel, que en sus años de estudiante se había dedicado a dar clases particulares para ganar algún dinero.
Ya asentado en Necochea, luego de la disolución del Coro Polifónico Municipal, Veiga creó Amadeus, un coro aún recordado por un repertorio que incluía desde música precolombina hasta madrigales.
Daniel no sólo deslumbraba al público con la música, también aprovechaba los conciertos para explicarle el origen de aquellas canciones.
Luego, también impulsó Sinapsis, un grupo que se caracterizaba por interpretar sólo música propia.
Todo el material que ha compuesto durante esta cuarentena se convertirá posiblemente el año próximo en una obra que Veiga pretende acercar al público con el acompañamiento de músicos de los mejores músicos de la ciudad. Mientras, y a pesar de tanta creatividad, ya extraña un poco a sus alumnos.
Sueños
Daniel Veiga tiene cuatro hijos y un nieto.
A lo largo de su extensa carrera musical ha tenido oportunidad de compartir escenario con Raúl Porchetto, con G.I.T., con Nito Mestre y con Javier Malosetti.
Incluso tocó con Los Redonditos de Ricota cuando eran desconocidos.
Tras 29 años dedicados a la docencia, ha llevado la creatividad también a la docencia.
“He adaptado el programa para que todos puedan cumplir con su sueño de hacer música”, explicó.///