«La danza me enseña a amarla todo el tiempo»
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Sol Pereyra. Bailarina y coreógrafa, estuvo en Barcelona, como parte de un intercambio universitario

En la actualidad Sol Pereyra Dabadie se encuentra cursando la licenciatura en Composición Coreográfica en Danza, en la UNA y, paralelamente trabaja en una productora de teatro musical para niños que reestrenará una obra en octubre.
La joven artista está enfocada en su proyecto de formar su propia cooperativa de danza así como también aspira a traer a nuestra ciudad un Taller de danza de verano «para poder llevar a Necochea todo lo que aprendí afuera y ofrecer a los bailarines una nueva experiencia», destacó Pereyra.
Comenzó a bailar a los ocho años en el Instituto Superior de Arte de Cecilia Risso. «Primero bailando jazz, con Mariela Carrizo y después de unos años tomé clases con Cecilia».
Precisamente, esta profesora fue la que le transmitió la pasión y la dedicación por la danza, lo que significa el esfuerzo y el trabajo en grupo.
A los 16 años se dio cuenta que no iba a encontrar una carrera que no fuera bailar, «nada me iba a llenar, no iba a ser yo».
Por entonces se enteró que existía la Universidad Nacional de las Artes (UNA), donde actualmente estudia la Licenciatura en Composición Coreográfica en Danza.
En 2011,decidió ingresar a la Escuela Municipal de Danzas Clásicas para prepararse para el examen de ingreso «porque había descubierto que la danza clásica me fascinaba».
De la mano de las profesoras Lila García, Patricia Aloe y Luisa Pérez trabajó intensamente durante dos años para mejorar la técnica, el estilo e interpretación. «Hicieron maravillas conmigo, son grandes e increíbles maestras», puntualizó.
En 2013 logró ingresar al UNA luego de intensos entrenamientos semanales y viajes a Mar del Plata y Buenos Aires para formarse con maestros, como Sergio Yannelli, Silvia Bazilis, Miguel Robles.
La joven reconoce que el esfuerzo valió la pena y está radicada en Buenos Aires para poder dedicarse al arte, a la danza en particular y para acceder a una buena formación y en ese sentido afirmó que «mi objetivo es estar dentro y fuera de la escena, es ser bailarina a veces, pero mucho más ser coreógrafa y directora de mis propias obras, de mis propios proyectos».
Bailar siempre fue muy importante para Sol hasta que en 2016 estrenó su propia obra, «al verla desde la cabina de luces descubrí que mi lugar era ese», expresó.
Vale mencionar que Pereyra fue seleccionada para participar de una beca de intercambio universitario en el Instituto del Teatre de Barcelona, «toda la vida quise ir a ese lugar, es mi «Olimpo coreográfico», y cuando una amiga me avisó que la UNA ofrecía un listado de universidades a las que podíamos aplicar decidí armar mi carpeta y presentarme», relató la bailarina.
Resultó elegida entre los postulantes de cuatro carreras y vivió una positiva experiencia, tomó clases con profesores de primer nivel y conoció los salones de danzas y los teatros del instituto de Barcelona además de relacionarse con gente de diversos países relacionados con el arte.
«Tuve la suerte de participar en dos festivales de danza, uno el Sismògraf de Olot, en la obra «Halab» de Sol Picó, y otro el CreaDansa, dentro del Institut, donde reestrené una pieza propia,
«Aqueronte», explicó Sol.
Fueron cinco meses de mucho crecimiento, tanto en lo artístico como en lo personal; asistió a cursos dentro del Institut, con compañías de otros países como Guy Nader (Líbano) y Hofesh Shechter (Israel) y respecto a la experiencia afirmó que «descubrí muchísimas cosas nuevas,a muchos artistas; también trabajé muy duro dando lo mejor de mí como bailarina, coreógrafa y artista».
El camino recorrido la llevó a amar la danza y por eso continúa en este camino «es la suma de tener maestros que transmiten todo el amor que ellos le tienen, de haber tenido un grupo de danza que nos hizo amigas muy unidas, de ver como el trabajo y el esfuerzo dan buenos
resultados, el reconocimiento del público con su aplauso y que te feliciten porque les transmitís algo» para destacar que «la danza me va llevando más lejos en lo que quiero hacer, me enseña a amarla todo el tiempo».
Para Sol la danza es una forma de expresión absoluta y honesta «porque el cuerpo sabe decir las cosas que nosotros no sabemos cómo».
Esfuerzo y corazón
El primer fin de semana de octubre se reestrenarán 4 obras de la productora de teatro musical para niños en la que está trabajando a cargo del área de maquillaje, y de la coreografía completa de uno, «Hormigópolis». También baila en la compañía de danza-teatro Curvas,que a fines de noviembre estrenará una obra nueva, y también en una tesis de graduación de la UNA, que se estrenará en diciembre.
Es un año de intensa actividad y el proyecto de Sol es formar su propia cooperativa de danza, «tengo en mente tres obras para hacer, y para reestrenar «Aqueronte». Alguna de ellas entrará en el marco de mi tesis de graduación, que espero poder terminar en diciembre del año que viene», comentó.
Además, le gustaría organizar un Taller de Danza de Verano, de unos cinco días, «para poder llevar a Necochea todo lo que aprendí fuera, y ofrecer a los bailarines locales una experiencia nueva».
Sol Pereyra tiene 22 años y todo el empuje para concretar sus anhelos porque comprendió que lo único que quería hacer era seguir en la danza, «es un camino que, como cualquier otro,requiere mucho trabajo pero aprendí de mi mamá que si uno dedica todo su esfuerzo y corazón a hacer algo, va a llegar a donde quiere».
Nació y se formó en Necochea pero por cuestiones laborales y de estudio no viene muy a menudo y en ese sentido dijo que «la realidad del artista, es que el fin de semana no existe».
Entre ensayos y universidad dispone de muy poco tiempo libre pero una de las cosas que le gusta hacer en esos momentos es cocinar algo rico,»es algo terapeútico que me desconecta de todo lo demás», finalizó diciendo.