“La de Malvinas fue la última guerra caballeresca”
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Expresó Alberto Berrino, quien participó del rescate de los sobrevivientes del crucero General Belgrano
Hoy, se cumplen 37 años, del hundimiento del Crucero General Belgrano, en el marco de la Guerra de Malvinas, siendo atacado por el submarino Conqueror, condenándolo al naufragio, y dejando 323 muertos de los 1091 embarcados. Alberto Berrino, tenía 33 años y era oficial jefe de máquinas, y recordó en diálogo con Ecos Diarios el momento del rescate de los sobrevivientes del crucero General Belgrano, señalando que “la guerra de Malvinas fue
la última guerra caballeresca, porque hubo un trato caballeresco y cordial con el enemigo”.
Inclusive acotó que “teníamos un intercambio muy cercano con el buque inglés “Uganda”, a tal punto que nosotros en ningún momento evacuamos heridos ingleses, en cambio ellos sí atendieron heridos argentinos”.
Asimismo, Berrino mencionó que en el buque trasporte polar ARA Bahía Paraíso iban embarcados un grupo de 20 médicos, odontólogos, cirujanos, bioquímicos, un grupo grande de profesionales, contando con un doctor especialista en quemaduras y, en varias oportunidades, los ingleses requirieron asesoramiento de nuestro especialista en quemaduras para sus heridos.
El buque trasporte polar ARA Bahía Paraíso salió a navegar en una campaña antártica y continuó con la guerra, siendo la primera navegación. Este buque se incorporó a la Marina en octubre de 1981, zarparon a la campaña y terminaron en la guerra.
“Nosotros comenzamos la campaña antártica el 26 de diciembre de 1981, estuvimos el 1 y 2 de abril en Giorgia, desembarcamos la fuerza desde nuestro buque y posteriormente fuimos a puerto Belgrano, donde nos prepararon como buque hospital y de ahí zarpamos a una zona de espera para estar listos a lo que ocurriera”, recordó Berrino.
El 1 de mayo fue un momento que hubo un intento de ataque coordinado y en esa circunstancia se le ordenó al Crucero General Belgrano acercarse por el sur a Malvinas. Con un tiempo muy particular porque no había viento, el porta aviones no pudo lanzar los aviones y al crucero Belgrano se le ordenó retornar hacia la zona de la isla de los Estados. “En esa circunstancia el submarino Conqueror ataca el buque y hasta ese momento nosotros todavía no habíamos realmente adaptado bien el buque a los requerimientos de la Cruz Roja como buque hospital, así que podíamos recibir los mensajes cifrados”, detalló.
Entre las diferencias que había entre los buques ingleses y los nuestros, era la tecnología, y el “Uganda”, otro buque hospital inglés contaba con telefonía satelital.
“En una zona de espera, nosotros interceptamos mensajes que hablaban de que el Belgrano había desaparecido y en un principio recuerdo que nos preguntábamos si se habría hundido y efectivamente así era”, comentó Berrino.
En un primer rescate de los buques, el viento y la noche no ayudaron esta labor, y muchas de las balsas fueron arrastradas a diferentes distancias una de otras, teniendo que ser detectadas por aviones.
Cabe recordar que el buque general Belgrano soportó el bombardeo a Pearl Habor el 7 de diciembre de 1941 con el nombre de Phoenix US Navy. El viejo crucero, fue noble hasta el fin. Su acero devastado resistió más de una hora, antes de hundirse. Todos los tripulantes que habían sobrevivido a las explosiones pudieron abandonar el buque y casi todos ellos pudieron ser posteriormente rescatados con vida, en medio de un fuerte temporal.
Rescate
El jefe de máquinas puntualizó que al estar con el buque en una posición opuesta a Malvinas, tardaron un día en llegar al lugar donde estaban las balsas y se encontraron con distintas situaciones.
Otros buques, dos destructores y un remolcador habían recogido varios náufragos contabilizando alrededor de 800 personas.
“Para cuando llegamos nosotros, no sabíamos cuáles balsas tenían tripulantes y cuáles no, entonces nos encontramos con balsas vacías, con cadáveres, con sobrevivientes y se presentó una situación terrible porque las personas que estaban en las balsas junto a los que habían fallecido expresaban que no habían podido ayudar al herido o al quemado que tenían al lado, realmente era desgarradora la situación”, indicó.
Las balsas aparecían y desaparecían con la oleada, estaban a diferentes distancias, siendo una tarea complicada para realizar el rescate.
“Todos estaban encerrados adentro de las balsas para mantener el calor y no nos veían y recién cuando mandábamos el helicóptero y se les encimaba muy cerca, asomaba la cabeza alguno y nos enterábamos si había sobrevivientes, toda esa tarea en un mar con mucho oleaje, viento, espuma, y con un buque muy grande de 140 metros de eslora que para acercarnos a las balsas teníamos que maniobrar las máquinas con toda la fuerza para un lado y para otro, fue bastante complicado”, aseveró.
Inclusive se intentaron cosas muy locas como remolcar una balsa con el helicóptero.
En el rescate Berrino aseguró que también notaron las diferencias en cuanto a la capacitación de las personas, porque en las balsas donde había algún jefe, los soldados estaban abrigados, limpios, cuidados, pudiendo manejar al grupo, mientras que en otras balsas, era totalmente distinta la situación.
Alberto Berrino, nació en Tres Arroyos, se crió en un campo en Laprida, y siendo joven ingresó a la Marina. Actualmente reside en nuestra ciudad.
De aquellos años, valora los vínculos y amistades. “Con aquellas personas de esa primera tripulación, nos seguimos reuniendo una vez al año con nuestras familias y hasta nietos”.