Mejoras en la sucursal del Banco Provincia
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La necesidad de un trabajo articulado entre el sector público y el privado y, a su vez, el apoyo de la ciudadanía. Ejemplos por estos días
Las ciudades más pujantes y vistosas del mundo, esas a las que la mayoría quisiera parecerse o a la que se busca visitar cuando se tienen unos días de vacaciones, siempre son resultado del esfuerzo conjunto de tres partes: una correcta administración pública, el esmero de los inversores privados y un respeto y apoyo hacia el trabajo de los demás por parte de la población. Paralelo a esto, las cuestiones naturales y geográficas pueden o no ser un aditivo. Y Necochea ya lo tiene.
Cuando alguna de estas tres patas falla, o fallan todas por no tener una planificación y un objetivo común, empieza un declive difícil de detener y que solo se puede empezar a contrarrestar cuando comienza a darse un replanteo sobre el tipo de ciudad que se quiere tener y el rol que cada una de las partes debe cumplir para tal fin.
Detenerse a hablar sobre las innumerables obras que la Municipalidad debería hacer para tener una ciudad más llamativa y activa, sería igual que replicar lo que cientos de usuarios ya manifiestan a diario en sus redes sociales. Porque lo ven y porque está bien que lo digan.
Decir que para crecer es indispensable que la población ponga su granito de arena en el cuidado de los edificios, frentes, y espacios públicos y que, a su vez, participe en las entidades intermedias en la medida que pueda, es repetir una y otra vez algo bastante lógico.
Por eso, hoy también es importante enfocarse en el privado. En esa tercera pata a la que no siempre la población le exige o le pide tanto como a los servidores públicos.
Ocurre que cuando el privado pone interés de verdad en efectuar cambios, los resultados son visibles para todos y la ciudad crece. Pero para eso los cambios deben ser rotundos porque, a veces, las acciones positivas también se contagian.
Un centro distinto
Ya desde hace varios meses el Banco Provincia viene trabajando en una reforma integral de su sede central, en 61 y 64, en vistas a su centenario el año que viene. Este es un claro ejemplo de cómo puede cambiar la imagen de un determinado punto de Necochea cuando las cosas se hacen con miras de innovación y frescura.
En estas últimas semanas comenzó la parte de la obra que es más visible desde el exterior. Dejando de lado lo llamativo que resulta la construcción del segundo piso, se están cambiando las escaleras opacas de color cemento por unas más brillosas y pintorescas, toda la vereda se puso nueva, las barandas ahora son metalizadas, se reacondicionaron las bajadas para discapacitados, se pintaron los cordones y varios cambios más que no solo hacen al lugar más funcional, sino que lo dejan más agradable ante la mirada de los ciudadanos locales y de los turistas.
Este tipo de obras que van mucho más allá del “lavado de cara” al que muchos se limitan, son las que quizá le han hecho falta a muchos lugares en los últimos años. Sobre todo a la zona del “centro viejo” y la Villa Díaz Vélez, que hace décadas demandan un cambio real.
Por eso, más allá de lo que se pueda mejorar desde la gestión pública (que es mucho), también es evidente que se requiere de un verdadero compromiso por parte de los privados.
Se podrían poner muchos ejemplos de lugares que necesitan una impronta distinta, una reactivación y, a veces, para lograrlo se necesita sacar cosas y poner nuevas. Aunque a más de uno le dé nostalgia y otros quieran poner trabas para que no se haga nada.
La galería central hoy es un punto que necesita iluminación nueva y una perspectiva más moderna que llame a dar un paseo por allí; la esquina de 57 y 62 está demandando una remodelación urgente; las peatonales y el frente costero requieren de un esfuerzo mucho mayor y ni hablar del edificio donde funcionó el cine Gran Sud, que ya ha pasado de necesitar una remodelación y reactivación a requerir una intervención urgente por ser un lugar sucio y repleto de palomas y roedores.
Es verdad que la realidad económica a veces es una traba para hacer determinadas obras, pero muchas veces tampoco existe la intención y hay un cierto conformismo que nos atrasa en el camino hacia el objetivo de ser esa ciudad turística ideal que todavía estamos lejos de tener. Entonces, el verdadero cambio está en cada una de las partes: la gestión pública, el privado y la comunidad en general. Y se debe poner igual atención, compromiso y exigencia en cada uno de ellos.