La desaparición de Adriana Celihueta lleva 35 años de marcada impunidad
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Por la causa judicial pasaron varios jueces y fiscales, pero nunca tuvo a un imputado
Pasaron 35 años de aquella noche calurosa de verano del 15 de enero de 1987 cuando Adriana Celihueta (29) se retiró de la casa de calle 64 entre 73 y 75, pero ella le dijo a su madre: “No laves los platos, yo me encargo cuando vuelva…”.
La veterinaria salió de su hogar y nunca más volvió. Faltaban 37 días para su casamiento con Fernando Iparraguirre, también veterinario de una localidad de la provincia de La Pampa.
La causa judicial nunca tuvo imputados, pasaron los jueces, fiscales, policías que investigaron pero sin ningún resultado favorable. Se trata de la misteriosa desaparición de una mujer en una etapa en la que la democracia había vuelto al país para reafirmarse con fuerza.
Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de la familia de Adriana para resolver el caso, nada se sabe de lo que ocurrió. Es una deuda pendiente de la Justicia y la Policía, que debieron haber encaminado la pesquisa desde un primer momento.
Búsqueda infructuosa
Nunca hubo imputados en la causa judicial. Se hicieron excavaciones en una veterinaria y en el jardín de una vivienda de Quequén, donde habitaba un sospechoso de la desaparición.
Los policías hasta desmontaron un médano completo frente a la costa y sólo apareció un anillo de Adriana.
Fue hallado en un pozo ciego del comercio de veterinaria de Quequén, que fue tapado después de la desaparición de la veterinaria, pero los investigadores policiales y judiciales nunca pudieron dar con el cuerpo de la profesional.
El auto de Adriana, un Dodge Polara, fue encontrado en la mañana del 16 de enero de 1987, en cercanías al Parque Miguel Lillo: tenía las llaves sobre un asiento, la puerta del conductor estaba abierta y los documentos de la veterinaria tirados sobre la arena.
La policía creyó en su momento que la mujer se llevó un arma de fuego de la casa que habitaba con sus padres, pero quienes estuvieron a cargo de la investigación tampoco supieron determinar por qué razón.
Nadie “se quebró”
Todo un enigma que ni la Justicia ni la Policía resolvieron. Y pasaron 35 años de la última vez que vieron con vida a Adriana sus papás, que envejecieron con este caso sin poder saber la verdad de lo ocurrido.
Asimismo, nadie “se quebró” con el paso del tiempo, es decir, alguien que pudiera haber aportado datos concretos sobre la desaparición de la profesional de 29 años.
Pareciese que hubo “un pacto de silencio” muy bien sostenido, que además no pudo ser desarticulado por quienes debieron investigar correctamente y no lo hicieron o no supieron cómo hacer. ////