La difícil carrera de una atleta excepcional
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Ana María Comaschi es el nombre más destacado del atletismo de nuestra ciudad. Durante 26 años nadie pudo batir su récord en heptatlón. A los 52 años recuerda sus esforzados comienzos y su decepción más grandes
A pesar de que sólo le quedan aquí algunos primos y que vive en Mar del Plata desde que terminó sus estudios secundarios, Ana María sigue considerando a Necochea su ciudad. En tanto, para los necochenses, ella sigue siendo la más grande atleta local de la historia.
Brillante en velocidad, vallas, saltos y bala, además de las combinadas, Ana María Comaschi mantuvo durante 26 años un récord en heptatlón que la ubicó en el pináculo del atletismo argentino, entre nombres legendarios.
Hoy alejada del atletismo, Ana María Comaschi trabaja en el Centro de Entrenamiento de la Policía en la ciudad de Mar del Plata. Allí se desempeña como profesora de Educación Física y entrena al personal policial.
“Estoy aportando mi granito de arena. Hace 20 años que trabajo aquí y ahora estamos con nuevos planes”, señaló Ana María, que luego de retirarse no volvió a vincularse al atletismo.
En parte el alejamiento se debe a la decepción que le causó quedar afuera de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, por un error imperdonable del Comité Olímpico Argentino.
Sin embargo, en sus palabras se siente el eterno agradecimiento por el reconocimiento que siempre ha recibido en Necochea.
Desde atrás
Fue aquí donde nació la leyenda de Comaschi. A los 9 años comenzó la carrera que la llevó a convertirse en una de las atletas más excepcionales, no ya de Necochea, sino de la Argentina. Alberto Peña fue su “descubridor”.
“Con Peña entrenaba en la playa”, recordó Ana María. “Hacíamos lo que podíamos, porque no teníamos pista, no teníamos vallas, no había nada. Saltábamos gomas de autos y cuando íbamos a Mar del Plata, a las competencias, ahí recién podíamos saltar vallas”.
“Alberto fue un genio para esa época. Él como podía nos subía al auto y nos llevaba a competir. Pero, bueno, no teníamos nada, ni apoyo, ni pista, ni vallas… era todo a pulmón”, explicó.
“Cuando yo entrenaba no existía la pista de Tartán. En Mar del Plata la primera se inauguró durante los Panamericanos, en 1995, que fue el año que yo me retiré”, dijo.
“Entrenaba en carbonilla, en tierra… Eran diferentes metodologías de entrenamiento, diferentes hasta los zapatos. Para poder hacer una marca teníamos que viajar afuera, para que pudiera ser homologada oficialmente. Todo era muy diferente”, precisó.
“Pero así y todo la marca del héptatlon de 1992 recién me la batieron en 2017, después de casi 26 años”, dijo con orgullo Ana María.
La prueba más difícil
“Cuando terminé el secundario me vine a hacer el profesorado de Educación Física a Mar del Plata y acá podía entrenar mucho mejor”, explicó.
Desde los 15 años, cuando participó por primera vez en un sudamericano juvenil, había comenzado a destacarse y logrado varios éxitos deportivos, algunos de ellos a nivel continental.
Su marcha a Mar del Plata luego la llevaría a Capital Federal, cuando se incorporó a las filas del equipo de atletismo de Ferro Carril Oeste, que integraban algunos de los mejores atletas del país.
En pleno auge de su carrera, 1989, integró la terna de su disciplina en los premios Olimpia y una temporada después fue nominada para el premio Konex.
Sin embargo, explicó Ana María, en esa época era todo muy diferente. “Cuando hice la marca en heptatlón en España apenas salió un recuadrito chiquito en Clarín que decía: Récord argentino de Comaschi”.
Poco después llegaría su más grande desilusión, cuando por un error del Comité Olímpico Argentino no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona, para los que estaba clasificada.
“Todo ese sacrificio que hice desde los 9 años y cuando llegó la oportunidad de ir a los Juegos Olímpicos, no pude competir por un error administrativo… Por eso tengo una especie de amor-odio hacia la pista y no estoy vinculada al atletismo”, dijo Ana María.
El vínculo con Necochea
Comaschi trabajó para pagarse el pasaje a España y contactarse con un profesor de Educación Física que la incorporó al Club Kelme
“Me fui con la plata del pasaje y ahí estuve los últimos años. Pero como era una atleta extrajera, sólo podía competir por el club en los campeonatos europeos”, dijo Ana María, que se retiró tras los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, en 1995.
Hoy piensa que si las condiciones hubieran sido otras, “con mi don hubiera logrado hacer un poco más”.
“Así que puedo decir que fui una adelantada para mi época”, dijo Comaschi, que tiene dos hijos. El varón, Mauro Zelayeta, logró una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires, como integrante del equipo de beach vóley argentino.
Hoy, a los 52 años, Ana María Comaschi mantiene su mismo amor por Necochea: “Solo me quedan mis primos, pero siempre vuelvo. Tengo mi casa ahí”.