La Dulce no festejó sus 113 años para evitar los contagios de Covid
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LA DULCE.- Se cumplieron ayer 113 años de la fundación de la localidad de Nicanor Olivera, sin embargo, debido a la situación epidemiológica, se decidió no celebrar el aniversario.
“Hacer un acto para festejar sería un sinsentido”, manifestó la delegada municipal Amanda Piscitelli, quien explicó que la localidad tenía ayer 20 casos activos de Covid-19, uno de ellos internado en Necochea.
La ex directora de la Unidad Sanitaria y licenciada en Enfermería, señaló que realizar cualquier tipo de festejo, por más sencillo que hubiera sido, implicaría reunir a 50 o más personas.
“La Dulce es una localidad muy solidaria y muy participativa, hay muchas entidades y si se hubiera invitado a sólo un representante de cada una de ellas, habríamos tenido a 50 o 60 personas en el acto”, dijo Piscitelli.
Precisamente en esta situación particular por la que atraviesa la localidad y en el aniversario de la fundación, la delegada señaló que una de las características que definen al pueblo es precisamente la solidaridad: “La gente siempre está dispuesta a colaborar”, afirmó.
Esto quedó probado cada vez que el pueblo se debió unir para conseguir obras o servicios, como fue el caso del gas natural o la central telefónica, muchos años atrás.
“El año pasado, cuando comenzó la pandemia, tuvimos muchísimas colaboraciones de la gente para conseguir los elementos para armar un sector de aislamiento para las personas que por su situación socioeconómica no pudieran aislarse en sus domicilios”, indicó Piscitelli.
Los vecinos aportaron camas y otros elementos para armar el espacio en el Centro de Educación Física de la localidad.
Historia
En 1907 se inauguró la estación de ferrocarril La Dulce, que formaba parte del ramal Tres Arroyos-Tamangueyú-Lobería. Este adelanto y la cesión de tierras por parte de Nicanor Olivera, permitieron al año siguiente, el 12 de abril de 1908, la fundación del pueblo.
Los hijos de Olivera llamaron al pueblo como su padre, pero con el paso del tiempo se generalizó el uso de La Dulce como denominación común.
La Dulce, además del nombre de la estación de trenes, era la denominación de la estancia que poseía Olivera.
El ejido de La Dulce es un cuadrado regular de ocho manzanas por lado, que totalizan 64. Una gran avenida divide al mismo en dos y con las quintas y chacras, se extiende a 30.000 hectáreas.
Desde su fundación, las familias que se fueron a radicar a La Dulce mostraron una mentalidad progresista no muy común en comunidades rurales de este tipo, que le posibilitaron ir incorporando electrificación urbana y rural, agua corriente, gas natural, alumbrado público, asfalto, telediscado y acceso a Internet.///