La educación como actividad esencial
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El pasado viernes un grupo de madres con sus hijos se manifestaron frente a la Municipalidad para reclamar una vez más la presencialidad en las escuelas. Pegaron carteles en los que se indicaba que la educación es esencial y prendieron velas, a la espera de que alguien escuche sus súplicas porque, a esta altura, pareciera ser que casi hay que rogar para ser escuchados.
Desde hace dos semanas, nuevamente los chicos están en sus casas y sólo tienen clases y actividades en forma virtual, si es que tienen los recursos digitales para acceder a esta modalidad. De lo contrario, no tienen nada, ni propuestas presenciales ni virtuales. De todas maneras, varios de los que tienen todas las posibilidades tecnológicas, ya empiezan a conectarse en forma intermitente porque no todos los alumnos están en condiciones de sostener otro año de esta forma.
La mayoría de los docentes, por su parte, buscan la manera de incentivarlos y hacer propuestas atractivas para captar el interés de los estudiantes, pero tampoco es fácil. La enseñanza a través de la pantalla, está lejos de recrear el espacio de ida y vuelta que se produce en el aula. Además, tampoco se pueden proponer cuatro o cinco horas de Zoom por día porque no hay nadie que lo aguante, ni docentes, ni alumnos ni tampoco los padres que, cuando sus hijos son chiquitos, tienen que estar ahí para acompañarlos.
Por un motivo o por otro, hay un porcentaje de alumnos que empieza a desvincularse de la escuela. En algunos casos, por no contar con los recursos necesarios –Internet, computadora, celular-, por no tener un adulto que lo pueda ayudar en la tarea todos los días en el caso de los más pequeños o por todo lo que implica que un niño o adolescente se ponga a estudiar solo en su casa, sin el acompañamiento de un docente y sin horarios establecidos.
En primer lugar, hay que decir que no se entiende por qué se definió que los docentes sean un grupo de riesgo y se los vacunó contra el Covid, si después se decidió la suspensión de clases.
En segundo lugar, está comprobado que en la escuela el nivel de contagio es bajísimo. Los maestros y profesores usan barbijos y máscaras y están a dos metros de los estudiantes. Los protocolos son estrictos y, en general, se cumplen. No obstante, sí hay que mencionar que, si bien en los establecimientos educativos se respetan las normas de cuidado, a veces en las puertas se siguen produciendo amontonamientos de padres y se siguen realizando reuniones de chicos en las casas después de la escuela, tanto en el caso de los más pequeños como en los adolescentes. Y esto sí es un riesgo y es responsabilidad de todos.
Necochea está en una situación epidemiológica crítica en este momento y quizás el hecho de que no haya clases, merma un poco el movimiento de la gente. El gran problema es que el año pasado se suspendió la presencialidad y exageradamente por un año, entonces ahora ya no hay margen para seguir suspendiendo. Los chicos ya no aguantan un año más de esta forma.
Es de esperar que las autoridades tengan en cuenta esta situación y ni bien baje, aunque sea un poco, la cantidad de casos, se retorne a las aulas, sobre todo pensando en aquellos chicos que no tienen posibilidad de conectare en forma online y que ya, a dos semanas de la suspensión, están desvinculados de la escuela. ///