La educación vial se fue a marzo
Anualmente mueren en el mundo 1.250.000 personas y entre 20 y 50 millones quedan lesionadas. Se gasta entre el 1 y 3 por ciento del PBI de cada país en las consecuencias que depara el no trabajar en materia de seguridad
Por Axel Dell’ Olio (*)
Colaboración
En 1925 se realizó en Buenos Aires el Primer Congreso Panamericano de Carreteras y es por eso que cada 5 de octubre se celebra el “Día del Camino”, pero más cerca en el tiempo, allá por 2009, se dispuso que sea también Día de la Educación Vial.
Desde aquel 1925 cambiaron algunas cosas ¿no?, contextos distintos, cantidad de vehículos, habitantes, modos de transporte y claro la complejidad de un problema que fue creciendo, es por eso que un camino para que la siniestralidad vial en nuestro país deje de ser la primer causa de muerte entre los menores de 35 años, es trabajar, al menos, en que nuestros niños y jóvenes se enteren que el problema existe y que ellos pueden ser hoy, parte del mismo o la solución.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 1.250.000 personas mueren anualmente en el mundo; entre 20 y 50 millones de personas quedan lesionadas y se gasta entre el 1 y 3 por ciento del PBI de cada país en las consecuencias que depara el no trabajar en materia de seguridad vial en el mundo y la Argentina es parte de ese mundo.
Claro está que algunos gobiernos locales trabajan y con esfuerzo de algunas ONG’s o empresas relacionadas a la seguridad vial hacen alguna jornada, alguna charla. Pero entiéndase el concepto de esta opinión: el que sacó la licencia de conducir en la Ciudad de Buenos Aires y se va al sur de vacaciones, puede morir en un siniestro vial al atravesar la ruta del desierto (RN N°5) en 8 horas, en dos días, o pleno enero y no por eso es responsabilidad de la Ciudad o la provincia de La Pampa.
Trabajo en conjunto
Las políticas de Estado se construyen trabajando todos juntos contra un mismo problema, olvidando las fronteras delimitadas en un documento o articulando trabajo intra e interministerial, junto a la sociedad civil, etc. como se hizo con la gripe A, con las campañas de vacunación, con el colectivo “Ni una Menos”, etc.
Lo cierto es que la educación vial, por ley, es obligatoria desde apenas el año 1986 y desde ese año es solamente algo escrito en diversas leyes.
Hoy rige la 27.214, algunos artículos hablan del objetivo “…promoción de conocimientos, prácticas y hábitos para la circulación y el tránsito seguro en la vía pública”; otro habla hasta de la creación de un “Observatorio de la Educación Vial, en el ámbito del Ministerio de Educación” y hasta especifica el lugar que dará recurso para este fin: “Los gastos que demande el cumplimiento de la presente ley serán imputados a la partida presupuestaria del Ministerio de Educación”… Nótese que dice gasto y no inversión.
El reciente 5 de octubre, entre tanta campaña y spot publicitario, hablando de grietas, crecimiento, lo bueno y lo malo de tal o cual, no se observaron propuestas que tomen en serio el tema. Un tema que es la primera causa de muerte en menores de 35 años, algo que a muchos de los que trabajamos en esta temática nos preocupa.
Pero con ilusión y algo de ingenuidad, espero y anhelo que algún día y pensándolo bien se podría aprovechar el 5 de octubre para refundar y dar un punto serio de partida a un tema tan complejo y necesario.
La mejor manera de combatir un problema es combatir la ignorancia. Al mejor estilo de cartita a papá Noel, mi deseo es que los políticos, de una vez por todas estudien, se preparen, o se rodeen de equipos técnicos que realmente tomen cartas en el asunto de verdad, porque los siniestros viales se constituyen hoy en la primera causa de muerte de nuestros jóvenes porque la seguridad vial en Argentina parece que “se queda libre” porque no va a la escuela…falta determinar si no va a la escuela porque no quiere o porque no la llevan. Pero recuerden, las políticas públicas se hacen entre todos, pero se llevan a cabo desde los gobiernos.
En 2018, ojalá la columna de opinión hable de un recorrido que empezó de verdad, para festejar un nuevo camino y no simplemente el “Día del Camino y la Educación Vial”.
(*) Licenciado en Prevención Vial y Transporte, director del programa Madres y niños seguros
CONCEPTO
¿Optar por el voto electrónico?
Por Luciano Meléndez (*)
Colaboración
El actual panorama electoral y la demora en los resultados definitivos en las últimas elecciones primarias, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, reavivó la controversia sobre la implementación de un sistema más eficiente: el electrónico. Sin embargo, el debate habría que empezarlo desde las definiciones de voto electrónico y boleta electrónica; sus ventajas y vulnerabilidades.
Hay quienes encuentran diferencias entre estos dos sistemas explicando que la boleta electrónica no utiliza computadoras para almacenar los resultados al momento, si bien se basa en el uso de la tecnología RFID (Radio Frequency Identification, por sus siglas en inglés), para el almacenamiento del voto; también está impresa, lo que permite un control por parte del elector y durante el escrutinio por parte de las autoridades electorales.
Quienes no encuentran diferencias, sostienen que la boleta electrónica es prácticamente lo mismo que el voto electrónico, pero con respaldo en papel.
La discusión está abierta y los casos a favor y en contra abundan en distintos países. Más allá de lo que se decida a futuro sobre este tipo de sistemas, desde el punto de vista de la seguridad es importante destacar que existen ciertas pautas que se deben considerar.
Vulnerabilidades: cuantas más pruebas y correcciones se lleven a cabo sobre un software, menor es la posibilidad de fallas, que en este caso pueden convertirse en fraudes. El uso de sistemas de código abierto o sujeto puede aportar confianza en todo el sistema y esto es clave.
Transparencia: si se utiliza una tecnología de almacenamiento físico para su lectura posterior, se debe asegurar que cada elemento contenga uno y sólo un voto. Se pueden establecer controles complementarios garantizando así la integridad de la boleta.
Confidencialidad: los canales digitales que se utilizan para transmitir información (ya sea entre boletas y lectoras, entre computadoras o una combinación eficiente de ambas) deben estar debidamente encriptadas, para garantizar la confidencialidad.
Educación: la concientización de los votantes en materia de seguridad es tan importante como su deber cívico a la hora de ejecutar el voto.
Vivimos en un momento en donde la tecnología forma parte de nuestra vida y atraviesa cada situación cotidiana. Que la discusión incluya al ejercicio de votar es lógico y, como en otros órdenes de la vida, no existe un sistema perfecto. El uso de la tecnología puede mejorar nuestra calidad de vida pero la elección final es de cada uno.
(*) Gerente de desarrollo de negocios