La elección de vivir en Necochea
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Muchas son las personas que vinieron a nuestra ciudad, ya sea para formar su familia o siguiendo a su pareja por diversos motivos, teniéndose que adaptar al ritmo y a nuevas costumbres.
Por Maria Cecilia Gotta – Redacción
De un día para otro, tomaron la decisión y sin pensarlo mucho, armaron las valijas y vinieron a vivir a Necochea. Un cambio de vida, donde tuvieron que adaptarse no sólo a una ciudad nueva, sino en todos los aspectos, dejar sus familias, sus trabajos, amigos, siendo difícil el primer año y tuvieron que abrirse para conocer nuevas amistades, buscando su propio lugar.
Emmanuel Cappone, de 35 años, es oriundo de Avellaneda y hace ocho años que vive en Necochea. Con su pareja, oriunda de nuestra ciudad, se conocieron en Mendoza, estando de vacaciones.
Vivieron dos años en Buenos Aires, donde ella estudiaba y al quedarse él sin trabajo siendo empleado bancario, tomaron la decisión de venirse a Necochea.
“Conocí la ciudad mientras estábamos de novio, cuando viajábamos los fines de semana largo y en la primera impresión me gustó porque tiene todo, río, mar, parque, dunas”, aseguró Emmanuel, añadiendo que conoció Necochea en todas las estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno. “Me encantó y me adapté rápido”, recordó.
Avellaneda está al lado del Conurbano, donde hay otro ritmo, mucha más gente, con los horarios de comercio totalmente diferentes a los nuestros.
“Cuando vivimos en Capital, teníamos un kiosco en la esquina que funcionaba todos los días, todo el día y acá al revés, tenemos cerca un kiosco que no trabaja los domingos y cierran a determinada hora, por eso los domingos hay que empezar a dar vueltas para encontrar un kiosco abierto”, detalló.
Aunque indicó que ahora en la zona de la playa hay más movimiento, comparando años atrás, “ahora hay más locales abiertos todo el año y la ciudad también se corrió más para este sector”.
En Avellaneda quedaron sus padres, su abuela, amigos, y son ellos los que vienen más seguido a visitarlos. “A mi no me gusta ir tantos días, el movimiento de gente y de tránsito no lo soporto, me hice muy pueblerino, me acostumbré a ciertos ritmos, es mucho más tranquilo acá”, dijo.
Sin lugar a dudas, su vida le cambió ya que antes salía muy temprano de su casa y volvía doce horas después. En cambio, ahora tiene tiempo para desayunar, almorzar y cenar en su casa; lleva a su hija a la escuela, sale a caminar, comparte otros momentos que antes no existían.
“Encontré más tiempo en lo personal, es decir, poder desarrollarme artísticamente porque soy artista plástico visual y ahora puedo hacer cursos, tengo tiempo para encontrarme con amigos y allá una vez que estas en el ritmo de estudiar y trabajar, perdes eso”, puntualizó Emmanuel.
En el día a día, el ritmo de vida, lleva a las personas a andar a 100 kilómetros por hora, sin darse cuenta. Al respecto, opinó que “uno sabe que hay que parar, pero la necesidad de mantener ese ritmo te lleva”.
Ahora, Emmanuel sale de trabajar y puede ir a la playa y hablando con sus amigos de Capital les comenta que antes de entrar a trabajar está mirando el mar.
“Si bien, ellos piensan en la posibilidad de irse de Buenos Aires, no lo hacen”, aseguró.
Al momento de señalar algo que extraña, mencionó los aromas a café y a garrapiñada. “Por su puesto que la familia se extraña, pero el olor a garrapiñada en la calle, es algo que extraño por mencionar algo. Allá es algo clásico, vas por calle Corrientes y hay tres o cuatro puestos vendiendo garrapiñada y también el olor a café en las cafeterías que te invita a quedarte. Acá los cafés no tienen ese aroma”.
Emmanuel en Capital tenía la costumbre de ir a la misma plaza, elegir el mismo banco y acá elige la Escollera, la playa, cambian los paisajes, los ambientes y se apropia de estos espacios. “Es necesario para desarrollarte, sentirte cómodo, es como mudarte a una casa nueva”, aseguró.
En Necochea, formó su familia, nació su hija y está seguro de haber tomado esta decisión, para que ella pueda crecer en un ambiente en contacto con la naturaleza.
“Me siento necochense, por supuesto, creo que al primer año me sentía muy bien, me relacioné sin problema, tengo distintos grupos de gente amiga”, destacó y mencionó algunas costumbres de los necochenses, como por ejemplo estacionar en la puerta del local o del lugar donde vaya.
En su caso, él caminaba mucho en Capital, y acá también, pero cuando dice que se fue al centro, a la escollera o al molino caminando, lo miran como diciéndole que está loco.
Por último, aseguró que siempre aconseja a sus amigos que se vayan de Buenos Aires, “en mi caso vine sin trabajo, pero hay que arriesgarse, probar”.
Cambio de vida
Ivana García, oriunda de Quilmes, estudió decoración de interiores y se vino a Necochea, siguiendo a su pareja. “Tenia 37 años, no conocía la ciudad y cuando llegué Pedro tenia un mes de vida. Asi que dejé mi casa, mis amigos, mi trabajo, familia y me vine. No fue planeado, surgió asi y ahora no vuelvo más a Buenos Aires”, recalcó.
Como todo cambio, no le fue fácil, y recién al año de Pedro, se empezó a dar cuenta del salto que había dado.
Al principio cuando estaba de novia, venían de paseo por unos días y ni siquiera conocía el centro de la ciudad, porque paseaban por la playa.
De aquel entonces, recordó que “el primer impacto de la ciudad no me gustó, porque llegué a la Avenida 2 entre 83 y 85, pleno verano, y vi todos los puestos de ropa en la vereda. Me parecía que era La Salada, después me acostumbré y está todo bien”.
Ivana se describió como una persona que le gusta la estética, las cosas lindas, y nota que en Necochea “hay muchas cosas para mejorar, siempre escucho que dicen “no sabes lo que era el Casino”, “no sabes lo que era tal cosa”, y la verdad es que hay mucho potencial”.
Por otro lado, destacó que criar a sus hijos en Necochea es maravilloso. “Es lo mejor que hice, venir acá para criarlos, pero al principio me costó adaptarme a los horarios, ver que los negocios cerraban a las 12.30, que el invierno se hacia muy largo, hasta que empezás a conocer gente y te adaptas”, indicó y al ser su marido muy sociable la ayudó a vincularse.
Para Ivana su prioridad fueron sus hijos, dedicarse a ellos. Ella estaba acostumbrada a estar ocupada todo el tiempo. “Salía a las 9 de la mañana y llegaba a las 22 a mi casa. Allá no existe la siesta, los negocios no cierran y acá con un bebé y mi marido trabajando, sin amigas, tuve que empezar a rearmar mi vida”, dijo.
Sin embargo, encontró mucha gente que estaba en su misma situación, con historias similares a la suya.
Ivana todavía no se considera necochense, “me faltan unos años para eso, me gustaría ver un cambio en la ciudad, y colaboraría en eso porque es en beneficio de todos”.
Sin embargo, aclaró que más de una semana no se queda en Quilmes, “me acostumbré a la tranquilidad. Lo único que añoro son las salidas con amigas, a lo que acá se llama “peña””.
Otro de los términos que le causa mucha gracias es cuando su marido dijo un día “sacar la ropa del cordel”, lo que ella le dice soga.
Ivana refleja ser una mujer que se adapta a cualquier desafío y aseguró que “me iría a otro lugar, no volvería a vivir a Buenos Aires, pero iría a otro lugar que sea tranquilo. Soy una persona que me adapto, aunque no me iría del país, porque no me gustaría que se corte el lazo familiar”.
Doce razones del por qué es bueno irte a vivir a una nueva ciudad
Por Julia Aguilar – Colaboración
No existe mejor sensación que establecer una meta y hacer todo lo posible por lograrla. Dar un salto a lo desconocido con un corazón y una mente abierta.
Puede ser que vivas cómodamente en tu ciudad natal, o en la acogedora ciudad en donde estudiaste la universidad, pero, a veces, hay que preguntarse si realmente estás aprovechando todas las oportunidades que el mundo te ofrece. Mudarte a un lugar nuevo (ya sea otra ciudad, otro país u otro continente) es una experiencia como ninguna otra. Aterradora, pero sumamente emocionante. Si tomas la decisión de tomar el reto e irte a vivir a una ciudad nueva, en donde no conoces a nadie, a continuación se detallan algunas de las cosas que te sucederán en el camino:
- Harás nuevas amistades. No serán como tus viejos amigos, pero te agradarán
Una nueva ciudad abre un mar de posibilidades de conocer diferentes culturas y personas que tienen perspectivas y experiencias muy diferentes a las tuyas. Esto hará que enriquezcas y amplíes tu visión de la vida.
No hay nadie que te diga de quién puedes y no ser amiga. Haz todas las conexiones que quieras. Además, las personas nuevas que lleguen a tu vida no tendrán ningún conocimiento de lo que has hecho antes. La vida te está dando una hoja en blanco para que empieces a escribir.
- Tendrás nuevas y emocionantes maneras de divertirte
Es posible que ya tengas una rutina establecida con tu antiguo circulo de amigos: las cenas del viernes en tu casa, noches de chicas con unos tragos en tu bar favorito, viajes de fin de semana, etc. Tus amigos en la nueva ciudad te harán conocer diversas costumbres locales, aventuras emocionantes y nuevas perspectivas sobre cómo divertirte.
- Te sentirás libre
Necesitas salir de la ciudad en donde has vivido tanto tiempo para darte cuenta de lo grande que es el mundo, y lo diferente que es la vida ahí afuera. Probablemente alguien te ha dicho: “El mundo está a tus pies”: es una gran verdad. Una vez que abres tu mente a la posibilidad de mudarte y viajar, puedes ir a donde quieras. Te mueves como el viento.
- Desarrollarás la facilidad social para entrar a una fiesta por tu propia cuenta, y sin dudarlo
Con la excepción de las personas que son muy extrovertidas, la mayoría de la gente siente cierto temor cuando están invitados a asistir a un evento social solos. Te preocupa no conocer a nadie y sentirte incómoda al hablar con uno que otro extraño. No tengas miedo. Antes de que lo sepas, serás capaz de iniciar una pequeña conversación.
- Podrás reinventarte
Lo bueno de empezar de nuevo es que tienes la oportunidad de dejar atrás tu lado irritable y presentarte al mundo como un nuevo tú. También puedes librarte de los malos hábitos, y decir adiós a los amigos y amores que ya no te benefician. Explora las partes ocultas de ti misma; descubre cómo la persona que siempre quisiste se responde a cada situación de la vida, y conviértete en esa persona.
- Serás capaz de cambiar tu apariencia de manera radical sin dar explicaciones
¿Alguna vez has querido hacerte un tatuaje? ¿O cambiar drásticamente tu cabello? Cuando te vas a vivir a una ciudad en donde no conoces a nadie, tienes la oportunidad de impresionar a cualquier persona que conozcas.
Si siempre has querido hacer un cambio en tu apariencia, ¡ahora es el momento! Cambia tu aspecto y crea el estilo que quieres.
- Tendrás que confiar en ti misma
Cuando decides irte a vivir por tu propia cuenta, sólo te queda resolver las cosas por ti misma, como encontrar un apartamento, conseguir un trabajo y saber como te moverás.
- Saldrás de tu zona de confort
Claro que estar en ese espacio donde todo te resulta sencillo es cómodo, pero al cambiarte de ciudad las cosas serán diferentes. Vas a tener que volver a aprender cómo se hacen algunas, como a dónde te lleva el transporte público, y encontrar un lugar para tomar un buen café.
- Aprenderás a disfrutar de tu propia compañía
Si eres una persona que generalmente suele estar rodeada de amigos y familiares, es posible que te sorprendas el descubrir que pasar tiempo a solas es, en realidad, bastante agradable.
- Te darás cuenta de tu capacidad para enfrentar tus miedos
Moverte a una nueva ciudad desafía tus temores, y hará que esa voz dentro de tu cabeza te diga: “¿Qué pasa si no hago amigos?”. Tener miedo a lo desconocido es completamente normal, pero no por eso debes permitir que el miedo controle tu vida.
- Valorarás a las personas que estaban contigo
Muchas personas sienten el impulso de mudarse de ciudad después de algún tipo de experiencia negativa para tener un nuevo comienzo. La experiencia, no sólo te ayudará a valorar más a tus seres queridos, sino también te sentirás mucho más segura para establecerte en un nuevo lugar.
- Vas a crecer como persona
Tal vez una de las mejores cosas de cambiarte a otra ciudad es descubrirse a uno mismo. Cuanto más viajas y vives fuera, más cambiarán tus prioridades y no podrás de dejar de aprender durante el camino.