La elección que empieza antes de votar
A menos de un año del inicio del proceso electoral municipal el gran interrogante no es quién será candidato a intendente. La verdadera discusión pasa por saber si existe, en algún espacio político, un proyecto serio para administrar un municipio que probablemente continuará viviendo con recursos limitados, crecientes demandas sociales y muy poco margen para improvisar
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Por Jorge Gómez
Para Ecos Diarios
Todavía falta para que los ciudadanos del Partido de Necochea vuelvan a elegir intendente, renueven la mitad del Concejo Deliberante y del Consejo Escolar. Incluso permanecen abiertas incógnitas sobre el calendario electoral y la forma en que convivirán las elecciones nacionales, provinciales y municipales.
Sin embargo, hay preguntas que ya deberían estar ocupando a la dirigencia política, al empresariado, a las instituciones intermedias y también a los que vivimos por aquí. No se trata simplemente de quién será candidato. La verdadera pregunta es otra.
¿Quién está preparando el gobierno que Necochea necesitará a partir de diciembre de 2027?
Paradójicamente, el hecho de que todavía no existan candidaturas definidas ofrece una oportunidad poco frecuente. Permite discutir antes las ideas que los nombres, pensar qué ciudad queremos construir durante la próxima década y quiénes están realmente preparados para conducir ese proceso.
La campaña todavía no comenzó. Precisamente por eso, éste debería ser el momento más fértil para debatir proyectos y no personas.
Después de casi cuarenta y tres años ininterrumpidos de democracia la sociedad debería exigir algo más que candidaturas. Debería demandar gobiernos preparados antes de ganar las elecciones, porque un municipio no se aprende después de asumir. Una comuna debe conocerse antes.
La administración pública local posee normas, procedimientos, responsabilidades jurídicas, límites presupuestarios y obligaciones permanentes que no admiten improvisaciones.
Gobernar un distrito no consiste únicamente en tener voluntad política o capacidad para ganar una elección. Radica en administrar una estructura compleja todos los días, con recursos limitados, demandas crecientes y muy poco margen para equivocarse.
La experiencia reciente de Necochea ofrece enseñanzas que sería un error ignorar. En 2011 llegó al gobierno municipal el Frente para la Victoria con Horacio Tellechea. La historia es conocida. Su destitución provocó una profunda crisis institucional que obligó al entonces presidente del Concejo Deliberante, José Luis Vidal, a completar el mandato.
En 2015 la ciudadanía optó por otra alternativa. Facundo López, desde el Frente Renovador, encabezó una nueva experiencia de gobierno que concluyó a los tumbos en 2019.
Ese fin de año apareció Arturo Rojas y su equipo, quien logró construir una propuesta competitiva y volvió a ser ratificado por el voto popular en 2023. Cada etapa tuvo y tiene sus aciertos, sus errores y sus asignaturas pendientes. Pero todas dejaron una misma enseñanza, porque gobernar un municipio es mucho más difícil que ganar una elección.
Hoy el escenario vuelve a modificarse. La irrupción nacional de Javier Milei produjo probablemente el cambio político y económico más profundo de las últimas décadas. Más allá de las coincidencias o diferencias que cada ciudadano pueda tener con el gobierno central existe un dato imposible de ignorar. Cambió el contexto en el que deberán administrarse los municipios argentinos.
La frase "no hay plata" dejó de ser solamente un eslogan de campaña para transformarse en un criterio de gestión. Eso modifica completamente el escenario para cualquier futuro intendente.
Tal vez estemos atravesando la transición más importante desde el regreso de la democracia municipal, o sea el paso de una administración comunal que podía esperar, de tanto en tanto, auxilios extraordinarios de otros niveles del Estado hacia otra que deberá aprender a convivir con restricciones permanentes.
No significa que antes hubiera abundancia. Los municipios nunca nadaron en recursos, pero sí existía la expectativa de que aparecieran programas nacionales, fondos extraordinarios u obras financiadas por la Nación o la Provincia.
Hoy esa posibilidad prácticamente ha desaparecido. Gobernar será -y lo es hoy mismo- administrar restricciones. Y este marco exige dirigentes preparados, dado que la realidad presupuestaria es contundente.
Gran parte de la Hacienda municipal se destina al pago de salarios. Otra porción muy importante está afectada a sostener el sistema público de salud, cuya demanda crece año tras año y constituye uno de los mayores orgullos del distrito, pero también uno de sus importantes desafíos financieros. La recolección de residuos representa otro servicio esencial que consume recursos de peso.
Después aparecen los caminos rurales, las Delegaciones, el mantenimiento urbano, la maquinaria, los guardavidas, la cultura, el deporte, el desarrollo social, la difusión turística, las emergencias y la infraestructura.
Cuando todas esas obligaciones se suman el margen para nuevas inversiones termina siendo extremadamente reducido. Entonces aparecen las preguntas que todavía nadie responde.
¿Dónde se ajustará si los recursos continúan siendo insuficientes? ¿Qué prioridades tendrá el próximo gobierno? ¿Qué servicios se fortalecerán? ¿Cuáles deberán reorganizarse? ¿Cómo se financiarán las obras que todavía necesita la ciudad? ¿Cómo sostener el sistema de salud? ¿Cómo mantener la temporada de guardavidas? ¿Cómo preservar los servicios sin seguir incrementando la presión sobre quienes pagan las tasas?
Son preguntas incómodas. Pero alguien deberá responderlas antes de pedir el voto. Porque una cosa es ganar una elección y otra muy distinta es administrar la acción cotidiana comunal.
También conviene preguntarse dónde reside hoy el verdadero poder económico del distrito. El municipio administra, ordena y presta servicios esenciales. Pero buena parte de la dinámica económica de Necochea depende del puerto, del campo, del comercio, del turismo y de decisiones que muchas veces se toman lejos de la comuna. Por eso será indispensable construir acuerdos con todos los sectores productivos y sociales.
Pero también decir la verdad. La política necesita recuperar una palabra que muchas veces quedó relegada durante las campañas. El vocablo es integridad. Y es para explicar qué puede hacerse, y también qué no.
Prometer aquello que después resulta imposible cumplir solamente deteriora la confianza pública. La ciudadanía merece conocer de antemano cuáles serán las prioridades, qué reformas se impulsarán, cómo se equilibrarán las cuentas municipales y qué sacrificios serán inevitables.
Existe además otra responsabilidad que ya no admite postergaciones. La de los propios partidos políticos. No alcanza con que una persona, después de una conversación de café, decida que quiere ser intendente.
La democracia local ya debería haber superado esa etapa. Un candidato debe llegar acompañado por un equipo, con un secretario de Economía preparado, con especialistas en Salud, con responsables de Obras Públicas, con una mirada sobre Producción, Turismo, Desarrollo Humano, Ambiente, Cultura, Seguridad y Educación. Con diagnósticos, con números, con planificación. Y con un programa de gobierno que la ciudadanía pueda analizar antes de votar.
En realidad, el proceso electoral comienza mucho antes del primer acto de campaña. Empieza cuando los espacios políticos estudian los problemas, convocan equipos técnicos, escuchan a las instituciones, elaboran diagnósticos y construyen un programa de gobierno. Las boletas aparecen al final. El verdadero trabajo debería empezar mucho antes.
No existen dirigentes providenciales. No existe un Messi capaz de llevarse un campeonato jugando solo. La gestión pública también necesita equipos. Y esos grupos de personas deben prepararse mucho antes del día de la elección.
El actual oficialismo enfrentará sus propios desafíos. Si Arturo Rojas finalmente no pudiera competir por las limitaciones vigentes a las reelecciones, Nueva Necochea deberá demostrar que posee continuidad política más allá de un liderazgo individual.
Si las reglas cambiaran y pudiera volver a presentarse, también tendrá que ofrecer una propuesta renovada para una sociedad distinta de la que lo eligió en 2019 y lo ratificó en 2023.
La oposición tampoco puede limitarse a esperar el desgaste del gobierno. La Libertad Avanza, el peronismo en sus distintas expresiones, el radicalismo y cualquier otra fuerza que aspire a gobernar deberán demostrar capacidad para administrar antes que habilidad para hacer campaña.
Porque el voto de rechazo existe. Pero las ciudades no se gobiernan con rechazo. Tampoco alcanza con votar en contra de alguien. Quizá todavía sea temprano para hablar de nombres. Pero ya es tiempo de discutir gobiernos, de hablar de equipos, de prioridades, de números, de decisiones difíciles. Y de un nuevo pacto de sinceridad entre la política y la sociedad.
El mejor candidato no será necesariamente quien pronuncie el discurso más atractivo ni quien despierte el mayor rechazo hacia su rival. Será quien llegue acompañado por el mejor equipo, el diagnóstico más serio y un proyecto capaz de responder la pregunta más importante de todas. Qué ciudad queremos construir y quién está verdaderamente preparado para conducirla.
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