La exposición de los chicos en los medios de comunicación
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El uso de la imagen, las actividades de “interés público” y las redes sociales
En tiempos de límites borrosos entre lo público y lo privado, los medios de comunicación tienen la responsabilidad de abordar los datos personales y las imágenes de los chicos y adolescentes, tomando los recaudos necesarios para proteger su identidad y privacidad y no exponerlos a situaciones que vulneren sus derechos.
Sin embargo, a su vez los chicos y adolescentes tienen derecho a expresarse en los medios, si así lo autorizan sus padres, para contar sobre sus actividades deportivas, educativas u otras que tengan “interés público” y que, por supuesto, tengan por objetivo la promoción de la infancia y adolescencia, en un tratamiento respetuoso de la noticia.
Cabe destacar que no nos estamos refiriendo, en este caso, a niños y adolescentes atravesados por problemáticas sociales como violencia, pobreza, abusos, delitos, entre otras, en los que no se debe difundir bajo ningún punto de vista la identidad del menor, sus datos personales y su imagen, ya que el principal objetivo siempre debe ser la protección del menor o adolescente, derecho que está por encima de la libertad de expresión.
Unicef desarrolló una guía para mejorar las coberturas periodísticas en temas de infancia y adolescencia, que apunta a proteger la niñez, pero también a su promoción.
El uso de la imagen
En el artículo 53 del nuevo Código Civil se establece de manera explícita el derecho a la imagen, que no se limita sólo a lo visual sino que incluye “la voz de las personas”. El artículo dispone la necesidad de consentimiento de las personas para captar o reproducir su imagen o su voz, salvo en excepciones vinculadas al “interés público”.
Entre las diversas situaciones de interés público que suelen incluir imágenes de niños y adolescentes, tomadas sin su consentimiento, se encuentran las noticias vinculadas a la educación. El registro de imágenes de alumnos en las inmediaciones de las escuelas –y en ocasiones dentro de las aulas- suele ser pertinente para ilustrar coberturas periodísticas de noticias relacionadas con esas instituciones.
En caso de que se determine que se trata de un caso de interés cultural o educativo, ya sea una actividad escolar, una procesión, una obra de teatro, que amerite el registro de imágenes sin consentimiento, siempre debe tenerse en cuenta para la cobertura periodística el interés superior del niño. “Esto quiere decir que el registro de imágenes de los niños y adolescentes debe ser respetuoso de su dignidad y voluntad, que no debe exponer ni entrevistar a aquellos que no deseen ser registrados, que debe evitar la estigmatización negativa y que debe siempre hacer foco en el derecho de los chicos a expresarse y a que su opinión sea tenida en cuenta”, se indica en el documento publicado por Unicef. Cabe destacar que las imágenes que estén por fuera de actividades consideradas de “interés público” o que estén dentro del ámbito privado, deben tener la autorización de sus padres para ser publicadas.
Siempre y cuando se haya respetado el interés superior del niño, lo más interpretable de la ley, sería qué cuestiones o actividades son consideradas de interés público y cuáles no, ya que en algunos casos, hay actividades que ocurren en un ámbito privado, que pueden ser de “interés público”, como por ejemplo, una fiesta de egresados u otros encuentros solidarios o sociales.
El caso de los adolescentes es distinto. De acuerdo con el “principio de autonomía progresiva”, que se incluye en el nuevo Código Civil, siempre y cuando se trate de imágenes que los retraten en sus actividades cotidianas, que no exhiban vulneraciones de derechos ni situaciones que puedan afectarlos negativamente, en tanto no se realice un uso indebido de dichas imágenes ni se utilicen para generar intercambios onerosos, bastaría con la sola autorización del adolescente para utilizar la imagen, es decir, que no es necesario el permiso de los padres. Aunque en, este caso, también los medios de comunicación deben ser cuidadosos con la imágenes, por lo que siempre es mejor tener autorización de los tutores, salvo en caso de actividades de interés público como se mencionó anteriormente.
En las redes
En más de una ocasión, se difunden imágenes de los chicos en todas sus actividades diarias en las redes sociales, incluso publicadas por sus padres o por ellos mismos. De todas maneras, nunca estas fotografías deben ser utilizadas en los medios de comunicación para una cobertura periodística, sin una autorización de los padres que así lo dispongan. En este sentido, es muy común en las búsquedas de paraderos que los medios de comunicación tomen fotos de los chicos de las redes sociales. Sin embargo, en este caso, Unicef recomienda publicar sólo la foto proporcionada por sus familiares para su difusión. En caso de que no proporcionen foto, se aconseja emitir siempre la misma fotografía, la cual debe consistir en un retrato en primer plano. Una vez hallada la persona, inmediatamente se debe dejar de emitir o publicar la imagen del niño o adolescente.
Todos expuestos
Más allá de la situación particular en el tratamiento de la información de los niños y adolescentes, a quienes hay que cuidar y proteger, es llamativo cómo Internet y sobre todo las redes sociales han modificado los límites entre lo público y lo privado. Y esto es una cuestión que, en menor y mayor medida, nos afecta a todos.
Actualmente cualquier persona, familiar, amigo o hasta el dueño de un restaurante, nos saca una foto –ya no hablando de menores sino de adultos- y la publica en Facebook, Instagram o cualquier red social, ya sea para retratar una salida, un encuentro o hasta para promocionar un comercio, en el caso de los locales gastronómicos, que lo suele hacer con asiduidad.
Cada vez más nos exponemos o nos exponen a mostrar abiertamente nuestra intimidad. Todos se enteran qué hacemos, con quién, cuándo, dónde y hasta qué pensamos. Si bien en la mayoría de las ocasiones resultan agradables o graciosas estas publicaciones, también generan en más de una oportunidad problemas, a veces, con una pareja, una madre, un amigo o hasta un jefe que descubre qué hacíamos mientras teníamos que trabajar.
Es realmente llamativo como se han borrado los límites entre lo público y lo privado y cómo cada vez más, abrimos nuestra intimidad a familiares, amigos, vecinos y también a desconocidos.