La fábula de la tortuga y el Boeing 747 venezolano iraní
Lo del avión es una cofradía de venezolanos e iraníes empeñados en volar los cielos del mundo. O se trata de otra cosa
¡Pero qué gente más divertida había salido de la confraternidad venezolano iraní! ¡Unos jodones tremendos! Incomprendidos acaso por las autoridades de algunos países, no el nuestro, que suelen tener un humor de artilleros. El escándalo que rodea al 747 300M, matrícula YV3531, retenido en Ezeiza tiene mucha mala uva, digan la verdad.
Es cierto que un avión que trae sus bodegas cargadas de autopartes, si había algo más aún no se sabe, se mueve con una tripulación de cinco personas. Y este traía a diecinueve. Quiero decir, los aviones de carga no llevan a bordo a los tipos encargados de vaciar la bodega: esos los pone el aeropuerto de destino. De los diecinueve tripulantes del avión ¿veneraní? ¿irazolano?, simplifiquemos, catorce eran venezolanos y cinco iraníes; de los catorce venezolanos, cinco eran militares.
Llama la atención
O los vuelos de carga han cambiado mucho, o aquí hay algo raro. Lo hay: además de la carga de repuestos para autos, el vuelo servía como instrucción para un grupo tan numeroso de tripulantes. Otra cosa que ha cambiado mucho es la instrucción de los pilotos. O la actualización de sus habilidades ante los nuevos modelos de naves aéreas. Antes había simuladores de vuelo. Pero hoy parece que funciona mejor el boca a boca. Igual, un simulador no le vendría mal a Irán, ni a Venezuela. Por más boca a boca que funcione, ¿cómo instruís a un piloto sobre cómo reaccionar frente a una emergencia en un vuelo real? Hay gente a la que le gusta el “vivere pericolosamente”, pero hay que tener un poquito de cuidado, caramba.
Al comando de la nave se pusieron dos iraníes que, supuestamente, iban a enseñar a volar a los catorce venezolanos. Los otros tres iraníes, es de imaginar, cumplirían las funciones que cumplen las asistentes de vuelo: algo hay que comer. Igual, el procedimiento de enseñanza parece más apto para que aprendas a jugar al Scrabble que para pilotear un avionazo de esos. Pero ahí está el rasgo de fraternidad jodona de venezolanos e iraníes: volemos, prueba y error, imaginemos emergencias en pleno vuelo y que cada quien rece a quien quiera, lleguemos con nuestra preciosa carga y a seguir.
Origen del escándalo
El escándalo, es bueno recordarlo, estalló por un problema de combustible. En Ezeiza no quisieron abastecer al 747 iraní porque, si YPF y Shell lo hacían, iban a ser sancionadas. Eso hace sospechar algo: no se hace eso con un ente educativo. Pero, ya lo dice Serrat, ha de haber gente pa’todo. Los pilotos iraníes decidieron entonces volar a Montevideo, abastecerse allí y seguir con su jarana educativa. Pero Uruguay ni siquiera les dejó sobrevolar su espacio aéreo, regresaron a Ezeiza y se armó la que se armó. Raro para un avión que en el último mes había volado, es de presumir que en función de instruir a pilotos del mundo, los cielos de Paraguay, con un cargamento de cigarrillos, Bielorrusia, Teherán, Moscú y, tal vez, Serbia. O la profesión de piloto es un boom, o esta aeronave es más que un avión escuela.
Claro, los aguafiestas de siempre, al ver tal muestra de confraternidad entre Oriente y América Latina, empezaron a buscar el pelo en la leche. Empezaron con que el 747 había pertenecido a la empresa Mehan Air S.A., una aerolínea sancionada por Estados Unidos por supuestos vínculos con el lavado de dinero y por financiar organizaciones terroristas. Bueno, si nos vamos a fijar en todo también… Después, porque ya lo dice el tango, nunca falta un buey corneta cuando un pobre se divierte, vincularon al piloto Gholamreza Ghasemi, al grupo Al Quds, ligado a la Guardia Revolucionaria Islámica iraní, que suelen ser gente de un humor volátil, dicen sus críticos. Ghasemi es el administrador, el capo, bah, de Fars Air Qeshm, señalada por usar sus aeronaves para el tráfico de armas y por financiar de alguna forma a grupos terroristas.
Por supuesto, Ghasemi hay muchos en Irán. O al menos eso se dijo, la guía de Teherán es un “zocotroco” que te la debo. Así que podía tratarse de un homónimo, que fue la posibilidad que esgrimió el Gobierno cuando el escándalo ya había trepado sus cotas más altas. Este Ghasemi bien podía no ser el Ghasemi terrorista, o simpatizar con el terrorismo, o financista del terrorismo. Sin embargo, el jefe de la inteligencia paraguaya, confirmó que el piloto del 747 era quien era y estaba conectado con entidades señaladas o sancionadas como ayudantes o colaboradores del régimen iraní en actividades terroristas. Cuando no hay voluntad, no hay voluntad.
Con el jefe de la inteligencia paraguaya coincidió, casi en simultáneo, el ministro de Seguridad Aníbal Fernández, quien hace unos días admitió el vínculo de la tripulación del avión iraní, escuela de venezolanos, con Al Quds. Lo de Fernández, Aníbal, se da de narices con la teoría del avión escuelita. Pero, faltaba más, no podía esperarse otra cosa de un Gobierno que tolera, aplaude e impulsa el pluralismo.
Los diecinueve miembros del vuelo misterioso están recluidos en cierto limbo legal, en un hotel de lujo de la zona cercana a Ezeiza y bajo jurisdicción legal de la justicia federal de Lomas de Zamora. Lo que se sabe de ellos es que se entretienen con bromas chuscas, algún juego de azar, el Scrabble no les vendría mal y un sinfín de pizzas que parecen deleitar con pasión. La parte teórica del curso de pilotaje puede, y debe, seguir adelante: el saber no ocupa lugar.
Dos embajadas, la de Estados Unidos y la de Israel, que no tiene amigos en Teherán, dijeron seguir con interés, o se mostraron preocupados por el caso. Que dos importantes representaciones diplomáticas alcen las cejas y frunzan el ceño por un avión escuela es, o bien una exageración, o bien señal que en todo esto hay algo que escapa a la comprensión de nosotros, los comunes.
Teherán, ni bien estalló el escándalo, dijo que todo, pero todo era una acción de propaganda en su contra. En eso coincidió el presidente Alberto Fernández, que dijo: “Quisieron mostrar un movimiento oscuro del Gobierno”. Tal vez esto último sea probable. Al Gobierno hay tan poco que reprocharle, la vida de los argentinos transcurre tan sin sobresaltos, los precios están tan estabilizados, el dólar tan estable, el plan económico, el que todos conocemos, funciona tan ajustado, los organismos internacionales confían tanto en la Argentina, la instituciones democráticas funcionan tan bien, que no es de extrañar que el liberalismo, todo, el capital internacional, la feroz oposición, los bancos, el comercio, el campo, la industria, la brutal pandemia, la invasión rusa a Ucrania o los “vientos de guerra” como simplificó la Cancillería y la sinarquía internacional, la vieja y querida sinarquía internacional de los años 70, se hayan unido para boicotear la grandeza argentina y hayan contratado y financiado a este pobre grupo de desgraciados que sólo quieren aprender a volar un avión de carga.
Noticia de última hora. Desde Orán, Salta, informan que ha llegado una tortuga que dice estar perdida. Busca a su dueño.///
Por Alberto Amato-Periodista