La falta de mantenimiento
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Por estos días, se están haciendo tareas de limpieza y mantenimiento al monumento del general José de San Martín, con motivo de cumplirse el 171° aniversario del fallecimiento del Libertador.
Los trabajos, por ahora, solo son una reparación superficial, pero la intervención de los especialistas puso en evidencia que el monumento está mucho peor de lo que se esperaba y que, en el corto plazo, necesitará un refuerzo si se lo quiere seguir conservando.
Cuando se empezó a picar el material suelto para hacer los arreglos, los operarios se dieron cuenta que se desprendía mucho más de lo que se veía desde abajo y, por esta razón, los técnicos consideran que hay que hacer una intervención más profunda. Quizás un armazón de hormigón con una estructura de hierro alrededor de las columnas que luego se rellena con material para hacer una especie de recubrimiento que aumentará el espesor y la durabilidad.
El desgaste es normal para un monumento que tiene 59 años, desde su inauguración el 17 de agosto de 1962, y al que nunca se le ha hecho nada, más que pintarlo alguna que otra vez. Como muchas obras, edificios y espacios públicos, la raíz del problema es la falta de mantenimiento.
El descuido ha sido generalizado siempre. En más de una oportunidad, desde las páginas de Ecos Diarios, hemos mencionado no solo el desgaste de la estructura sino también el estado de las banderas. Recién cuando estaba hechas jirones y extremadamente sucias, alguien se acordaba que había que reemplazarlas.
Lo que sucede con el monumento a San Martín no es ni más ni menos de lo que le ha pasado a la mayoría de este tipo de obras y eso que, en este caso, por tratarse de una figura histórica de relevancia y de un lugar en el que se conmemora todos los años su muerte, se ha cuidado un poco más, sino quien sabe cómo estaría.
Otros monumentos o esculturas directamente ya no existen porque los han sacado por el estado deplorable en el que estaban. Entre los grafitis, las grietas, las roturas y el robo del bronce, son pocos los que se mantienen más o menos en condiciones.
Es de esperar que se escuche a los expertos y se actué en consecuencia para que no siga pasando el tiempo y el deterioro sea peor. Además, es importante no solo cuidar el monumento sino también los espacios adyacentes: que las veredas estén en condiciones, las banderas limpias y nuevas y la iluminación funcionando. Además, es importante que los arreglos no se hagan en las fechas especiales, sino que se realicen en forma periódica porque el mal estado de los mismos es una afrenta a quien se quiere homenajear y recordar.///