Factores que frenan el desarrollo
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Pese a que existieron varios planes, la ciudad se expandió desordenadamente. El Plan Necochea 2030 aparece como un nuevo intento
Desde su fundación Necochea empezó a perder la brújula sobre la forma en la que debería crecer, para ser una ciudad habitable, sustentable y ordenada.
El factor de que fuera fundada en su plaza principal, a unos tres kilómetros de la costa, incidió notoriamente y la ciudad con el correr de los años quedó dividida en dos. Lo cierto es que mientras todas las ciudades balnearias de la provincia de Buenos Aires se desarrollaron primeramente en línea paralela al mar, para luego crecer hacia el interior del territorio, la nuestra se fue expandiendo en forma desordenada y en distintos sentidos.
La falta de acuerdos ha sido uno de los talones de Aquiles para el tan necesario crecimiento. No es casualidad que Necochea no haya avanzado y siga estancada. Mientras tanto la clase dirigente no ha dejado de cavilar sobre ideas y otras fuerzas se han dedicado a dinamitarlas para que no se hicieran realidad, otras localidades han avanzado y siguen creciendo en forma sostenible. Ignorar el verdadero sentido que tuvo la expropiación de las tierras a los Díaz Vélez, por un lado es desconocer la historia y por otro, tozudamente, frenar la urbanización sobre el frente costero.
Planes que quedaron de lado
Contrariamente a lo que suele mencionarse cada vez que se intenta explicar la cuestión o brindar una excusa, a lo largo del tiempo y en distintas administraciones municipales, han existido planificaciones, en algunos casos coincidentes y en otros no tanto, pero que no se concretaron.
Un ejemplo de ello, en una de las primeras ideas madre que tuvieron nuestros antepasados en materia de desarrollo, fue el loteo y división de calles del Parque Miguel Lillo, que de haberse cumplido, la historia de nuestra ciudad hubiese sido muy distinta.
Mucho más acá en el tiempo, durante el primer gobierno del radical Daniel Molina, se elaboró el Plan Urbano Ambiental (PUA), determinando la zonificación de la ciudad, la ubicación de sus plazas y contemplando hasta detalles que pueden parecer nimios, como la ordenada colocación de árboles de distinta especie para las calles.
El PUA descansa desde hace años en el archivo de alguna computadora de la Municipalidad o el cajón de un escritorio. Al menos con un poco más de fortuna de otros tantos planes, en especial para el frente costero (algunos faraónicos e imposible de hacer), que han quedado en el olvido.
Cada vez más territorio
Ante el desorden en cuanto a reglas claras, la ciudad se fue expandiendo, surgiendo barrios, como el 9 de Julio como pionero, cada vez más alejados de la zona céntrica, en una llamativa concreción, teniendo en cuenta que en medio de los mismos y la zona más habitada quedan aún hoy en día decenas de manzanas sin ocupar.
El caso del desarrollo de Quequén es un capítulo aparte, ya que hoy en día puerto y parte de la ciudad se obstaculizan entre sí; generando quejas de los propios residentes en el área, que ven afectada su calidad de vida al estar enclavados en plena zona portuaria y de plantas cerealeras. Un embrollo difícil de solucionar a esta altura.
Y este tipo de determinaciones, no reglamentadas ni contenidas desde el Estado, provocó esfuerzos para hacerla sustentable, los que se pudieran haber evitado.
Recientemente se difundió un estudio publicado por el Programa Ciudades del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippeec), concluyendo que muchas ciudades argentinas crecieron en promedio el doble de territorio más que de habitantes.
Tal falta de ordenamiento provocó enormes gastos para llevar las redes de electricidad, agua, gas o cloacas, a expandir el asfalto y los servicios de colectivos, por citar algunas demandas.
Todo este desarrollo lo que a la larga en varios aspectos encareció el desarrollo del medio y hasta lo ha hecho insostenible, por caso en el tema del gas natural, que aún tiene impedida la expansión de su red hasta tanto no se concrete la extensión gasoducto Barker-Necochea, prometido para próximos meses.
A su vez, ya desde hace dos décadas, la ciudad se está expandiendo hacia el oeste, en este caso desde el límite del parque Miguel Lilo hacia el interior, pero esa imparable y vasta extensión no cuenta hoy con la mayoría de los servicios.
En la falta de planificación también es necesario tener en cuenta la tasa de crecimiento poblacional que ha tenido Necochea, y que según el último censo ha sido casi imperceptible en los últimos años.
El río y Quequén
Otras cuestiones que es son incomprensible en cuanto a falta de desarrollo, es lo que ha ocurrido con la ribera del río Quequén, que recién en los últimos años ha sido “descubierta” por quienes han empezaron a edificar sus casas en el lugar, pero solo en el primer tramo de casi cuatro kilómetros, comprendido entre la sede del Club Del Valle y el puente del paraje Los Manantiales.
Un aspecto que no se puede soslayar es la falta de apego a las ordenanzas municipales y un festival de proyectos concretados por vía de excepción, que distintos gobiernos han liberado a amigos o parientes.
La avenida 502, en Quequén es un muestra de ello, donde en la principal vía turística conviven comercios de diversa índole, edificios de dudoso gusto y variables alturas y hasta construidos en sitios que la erosión puede complicar en el futuro.
Y ahora, el 2030
La ronda de intentos de planificación tiene un nuevo capítulo por estos días, en este caso con el plan Necochea 2030, que ha lanzado la Municipalidad hacia los distintos sectores de la comunidad, para definir la ciudad para la próxima década.
Tras un inicio fuerte y varias reuniones, la intención parece haber perdido un poco de fuerza, aunque desde el Ejecutivo planifican su pronta reactivación. Ojalá se saque algo en limpio, en una línea mancomunada y se ponga en marcha la rueda de un crecimiento sostenible que lamentablemente no ha contado la ciudad.///