La fe católica no avala arrojar las cenizas al mar
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El obispo diocesano Gabriel Mestre dio a conocer algunas disposiciones. Se recomiendo el uso de cinerarios
Desde hace años es creciente el número de personas que optan por la cremación y así se lo hacen saber a sus familiares, los motivos son únicos como personales. Lo cierto es que es una costumbre que se ha arraigado en nuestra sociedad.
Recientemente desde el Obispado de Mar del Plata se recordó que el Vaticano cuenta hace años con una serie de disposiciones y al respecto el obispo hizo mención a que “hay una norma de la Iglesia que plantea tener cuidado en perspectiva cristiana católica de no tirar las cenizas en el mar o en un campo, cuando pudiera llegar a haber un planteo de carácter panteísta”.
Muchas personas eligen esa alternativa por cuestiones prácticas, porque ya no es común que la familia concurra periódicamente al cementerio a honrar a sus muertos, pero también influye el factor económico porque en los cementerios municipales se debe pagar una tasa anual que ronda los $ 500 o bien hay que comprar una parcela en un cementerio privado.
La dispersión de cenizas en el mar o en la tierra de los cuerpos cremados constituye una costumbre popular y, entre otras modalidades, hay quienes entierran las cenizas para luego plantar un árbol en ese lugar, que simbólicamente representa dar vida.
Se aclaró que, en el acto de cremar no hay nada de blasfemo ni de negar la doctrina de resurrección de los cuerpos, y cada uno elige “con total libertad”.
Destino
Sin embargo, el arrojar las cenizas al mar no está bien visto por la fe católica, que si bien no impide hacerlo, recomienda otro destino para esos mismos restos.
Desde una “perspectiva más libre”, en el marco de la fe cristiana católica se propone utilizar los cinerarios que hay en las parroquias.
El cinerario es un lugar sagrado de los templos donde se depositan las cenizas de las personas y en nuestra ciudad sólo se cuenta con uno en la parroquia Nueva Pompeya donde las familias hacen un pago a voluntad.
Se pudo establecer que en nuestro medio el número de cremaciones están en alza desde hace varios años, representa un gasto de alrededor de $7.000 y, cuando la familia no expresa el deseo de inhumar al fallecido, se aconseja llevarlo a cinerario.
El destino del contenido de la urna es muy diverso porque cada familia toma sus propias decisiones, o trata de cumplir la voluntad del ser querido, arrojándolo al mar, esparciendo sus cenizas en algún lugar que amaba.
Antes era común conservar la urna en su casa, aunque no se considera lo más conveniente para tener un adecuado proceso de duelo y mantener el equilibrio emocional.
Para orar
Todas las decisiones son respetables aunque hay un claro pronunciamiento en contra de arrojarlas al mar o esparcirlas en la tierra, remarcándose la importancia de tener un punto de referencia local para que los familiares y amigos puedan recordar y orar por el difunto.
Con respecto a la cremación de los cuerpos, la Iglesia católica cambió su perspectiva en los últimos 40 años. Anteriormente recomendaba no cremar los cuerpos, a la luz de interpretar de una manera “demasiado estricta” un texto de la Biblia que habla de la idea de “resucitar con este cuerpo”, lo que llevaba a entender a la cremación como el daño de una realidad física del cuerpo.
“Lo que se quería salvar era la cuestión de cuerpo y alma”, afirmó el obispo de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre. Sin embargo, la mirada de la Iglesia cambió y desde entonces “no hay dificultad en quien desee cremar el cuerpo de un ser querido, sin desprecio alguno del cuerpo”, aclaró.///
Un lugar sagrado
El cinerario de Nueva Pompeya se construyó por 2009, se halla ubicado en uno de los laterales del mencionado templo y se trata de un altar especial donde está la imagen de Jesús yacente pero también resucitado.
Precisamente, la fe en la resurrección de los muertos es la que ilumina el lugar y se trata de un lugar sagrado “porque está dentro del templo, pero también es donde la gente deposita sus flores y hace sus oraciones por la persona fallecida“.
Vale destacar que el Altar de la Resurrección es un lugar sagrado al servicio de la comunidad donde depositan las cenizas de difuntos recién fallecidos y también de restos de más de 50 años que los familiares los levantan, los creman y deciden depositarlos en el Cinerario parroquial.
El servicio no tiene costo y los familiares dejan una ofrenda para la comunidad, mientras que los datos de la persona fallecida son inscriptos en un libro parroquial. En particular se celebra una misa por la persona fallecida y se genera una pequeña celebración para rezar por los difuntos.///