La Feria Cachivache volvió a reunir objetos con historias en el Centro Cultural Necochea
La propuesta convocó, esta tarde de sábado, a coleccionistas, expositores y vecinos en un recorrido donde cada pieza tenía algo para contar.
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La Feria Cachivache volvió a convertirse esta tarde en uno de los encuentros más convocantes del Centro Cultural Necochea, donde decenas de vecinos recorrieron los distintos puestos repletos de objetos antiguos, piezas de colección y artículos que, además de su valor material, guardaban detrás una historia familiar, un recuerdo o el testimonio silencioso de otra época.
Con un gran colorido y un constante movimiento de visitantes, la propuesta reunió a coleccionistas, vendedores y curiosos que se detuvieron a observar muebles antiguos, herramientas, elementos de cocina, adornos vintage, vajilla, juguetes, libros, discos de vinilo, cuadros, cámaras fotográficas, radios, relojes, porcelanas y valijas cargadas de historia, muchas de ellas conservadas en excelente estado. Cada objeto parecía tener algo para contar, despertando recuerdos de la infancia, de las casas de los abuelos o de momentos familiares que permanecen vivos a través de esas piezas.
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La jornada también estuvo acompañada por música en vivo con el tradicional piano Steinway del Centro Cultural, generando un clima ideal para recorrer la feria, conversar con los expositores y descubrir verdaderos tesoros.
Para Eugenia Podlesny, integrante del Centro Cultural Necochea, el encanto de esta propuesta está justamente en el intercambio que generan los objetos y las personas.
"Es muy entretenido. Uno establece diálogos, vínculos y dispara recuerdos. Hay objetos que alguien tuvo en su infancia o que le hacen acordar a alguien que ya no está. Suceden un montón de cosas", expresó.
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Además, destacó que la iniciativa también permite fortalecer el trabajo comunitario que realiza la institución.
"Es una forma de recaudar para la biblioteca y también para cada una de las personas que trae sus objetos. La propuesta invita a salir, encontrarse, escuchar música y darle una segunda, tercera o cuarta oportunidad a cosas que tienen muchos años", señaló.
La organizadora agregó que muchos artículos remiten inevitablemente a escenas familiares.
"Hay cosas que estaban en la casa de nuestras abuelas. Cuando uno recorre los puestos aparecen esos objetos de uso cotidiano y es inevitable volver a una merienda, un almuerzo o un momento especial", afirmó.
Entre los expositores estuvo Pablo Skorupski, coleccionista desde hace más de 25 años, quien relató que su pasión comenzó con las historietas y luego continuó con los discos.
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"Siempre me gustó tener el objeto. Ir a la estantería, ver la tapa, las letras. Después redescubrí los vinilos que había en la casa de mis viejos y de mis abuelos, y eso también tiene un valor enorme", contó.
Otra de las participantes fue Patricia Suárez, dedicada a la venta de antigüedades, quien aseguró que conocer el origen de cada pieza resulta fundamental.
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"Amo lo antiguo y me encanta su historia. Siempre termino investigando quién fabricó un objeto, de qué época es o dónde se utilizaba. Ese conocimiento también es un valor agregado para quien lo compra", explicó.
Incluso remarcó que muchas veces el verdadero valor no está únicamente en el material del objeto.
"Los objetos tienen un valor increíble. Acá la gente encuentra muy buenos precios, pero también piezas antiguas que jamás volverán a fabricarse", concluyó.
Más que una feria de compra y venta, la Feria Cachivache volvió a transformarse en un espacio donde la memoria, el patrimonio cotidiano y las historias personales encontraron un nuevo lugar para seguir circulando. Cada mueble, herramienta, vajilla, disco o valija expuesta fue mucho más que un objeto: representó un puente entre distintas generaciones y una oportunidad para que esos recuerdos continúen escribiendo nuevas historias.///
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