"La fotografía no se puede enseñar, se lleva adentro"
El histórico fotógrafo presidencial Víctor Hugo Bugge dialogó con Ecos Radio sobre su trayectoria, el oficio y las imágenes que marcaron la historia argentina
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En el Día de la Fotografía, Víctor Hugo Bugge repasó en Ecos Radio sus 48 años de trayectoria como fotógrafo presidencial y habló sobre el oficio, la mirada y las imágenes que quedaron como registro de distintos momentos de la historia argentina.
Durante una entrevista en el programa “Lo dije o lo pensé” de Ecos Radio, Bugge recordó que su vínculo con la fotografía comenzó a partir de su padre, también reportero gráfico y fundador de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina.
De él recibió también una de las primeras enseñanzas del oficio: “Sacá y no hablés”. Según explicó, su padre conocía el ámbito en el que comenzaba a trabajar y entendía que la cámara debía ser el principal vínculo con aquello que se quería registrar.
Bugge comenzó su trayectoria en medios gráficos y luego llegó a la Casa Rosada, donde fotografió a presidentes desde Jorge Rafael Videla hasta Javier Milei. A lo largo de esos años registró acontecimientos como la Guerra de Malvinas, el regreso de la democracia, el levantamiento carapintada y la crisis de 2001. También fotografió al papa Francisco y realizó trabajos vinculados al deporte, entre ellos sobre Diego Maradona y Lionel Messi.
La mirada detrás de la cámara
Al recordar una de las imágenes que más lo marcó dentro de la Casa de Gobierno, mencionó una fotografía de Videla en su despacho presidencial. “Como yo siempre digo, no titulo la foto, pero si querés encontrar la soledad del poder, es esa la imagen”, señaló. Para Bugge, la fotografía no necesitaba explicar quién aparecía en ella: la escena podía transmitir una idea por sí misma.
Esa búsqueda de contar a través de la imagen también aparece en su trabajo sobre Messi antes del Mundial de Qatar. Allí utilizó la baja velocidad de obturación para intentar mostrar aquello que, según explicó, no se percibe a simple vista. “Por fuera es un pibe que está quieto. Ahí lo ves en la cancha, caminando, pero adentro hay un supersónico”, describió.
A lo largo de su carrera, sostuvo que mantuvo distancia de los personajes que debía fotografiar. “Traté de que siempre la cámara me separe del personaje”, explicó. Para Bugge, establecer demasiado diálogo podía interferir con el momento que buscaba registrar: “Si yo me pongo a hablar y a chamuyar, no hago la foto”.
Fotografiar también es sentir
También habló sobre la emoción y el vínculo personal con aquello que se fotografía. Al recordar su experiencia en Malvinas, contó que después de haber estado en el balcón de la Casa Rosada el 2 de abril, años más tarde llegó al cementerio de Darwin. “Terminé en el cementerio de Darwin llorando con los familiares. Llorando, llorando, en serio. No podía sacar fotos”, recordó.
Después de 48 años de trabajo, Bugge se jubiló y aseguró que había comenzado a prepararse para ese momento. “Yo me retiré porque sentía que había cumplido”, sostuvo. Sin embargo, la fotografía continúa presente en su vida. “Todo el día”, respondió cuando le preguntaron si sigue sacando fotos.
Para quienes recién comienzan, dejó una recomendación: “No se frustren con los fracasos”. Y agregó: “Fracaso uno, fracaso dos, fracaso tres, que siga, que siga, siga y va a aparecer la imagen que los va a capturar directamente”.
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