La ganadería fue el primer motor de la economía regional
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Cuando se fundó la ciudad no había en el distrito un sólo metro de tierra cultivada, pero si existían grandes establecimientos ganaderos
A pesar de que por estos días la ganadería es cuestionada desde algunos sectores de la política nacional, hace un siglo y medio la economía Argentina comenzó a experimentar un crecimiento rápido por la exportación de sus materias primas provenientes del sector ganadero. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se desarrollaron barcos frigoríficos que hicieron posible el transporte de carne refrigerada.
En el caso de Necochea, la ganadería fue el primer motor de crecimiento de la economía del partido. Allá por 1881, cuando se fundó la ciudad, en el distrito no había un solo metro de tierra cultivada, ni instrumentos para labrar el suelo.
En aquellos días lejanos, cuando Necochea era una aldea, sólo vivían en el pueblo 18 familias y en el resto del partido 458. Los 139 habitantes del pueblo ocupaban 61 casas de madera, paja o ripia y no había ninguna de azotea. En el campo había 27 casas de azotea y 769 de madera, paja, etc. De los 3.361 habitantes que tenía el partido de Necochea en 1881, sabían leer y escribir: 335 argentinos y 381 extranjeros; no sabían leer ni escribir: 1.270 argentinos y 205 extranjeros.
Recién en 1884, el distrito, que entonces incluía gran parte del territorio de San Cayetano, tendría sus primeras cosechas. Se cosechó trigo, cebada, maíz, alfalfa y legumbres.
La tierra se prestaba perfectamente para la agricultura y luego de los primeros ensayos, se cosecharon trescientas fanegas de trigo en las chacras del distrito.
En el mismo año, comenzaron a levantarse los cimientos de un gran molino, propiedad de Julián Gámez, quien pareció comprender desde el primer momento la necesidad de algo que diera fuerza e impulso al fomento de la agricultura.
Con el tiempo se introdujeron en Necochea una gran cantidad de máquinas de segar y una trilladora a vapor. En sólo dos años la agricultura tomó un gran impulso y se cosecharon 18.000 fanegas de cereales.
En cambio, desde antes de la fundación de la ciudad, el distrito ya era rico en ganadería y abundaban vacunos, lanares y yeguarizos.
En 1888, Juan B. Larraburu ya figuraba entre los ganaderos más importantes de la zona, y su nombre aparece en un mapa de 1890, sobre las tierras que ocupa su estancia: La Otomana.
La Otomana
“En la zona del partido de Necochea donde las tierras se manifiesta en su grado máximo de fertilidad, se levanta uno de los establecimientos más prósperos de la provincia de Buenos Aires: La Otomana, del señor Juan B. Larraburu”, señalaba el libro publicado hace 80 años por Antonio Ignacio, con motivo del cincuentenario de la ciudad de Necochea.
De acuerdo con la publicación, en la estancia de Larraburu “el progreso técnico-industrial, hermanado con el esfuerzo del hombre inteligentemente desenvuelto, ha realizado, tras muchos años de paciente labor y de grandes gastos, una obra modelo”.
En La Otomana, en la actualidad propiedad de los Islas Casares, se fundó parte de la leyenda que hoy envuelve a la figura de Larraburu. El nombre de la estancia hace referencia a una de las mujeres de Larraburu, a quien consideraban turca, aunque su verdadero origen era indio. Con aquella mujer el estanciero tuvo a uno de sus hijos, Ibrahim Saran.
Allí también circuló la Patagua, una moneda que Larraburu hizo acuñar para pagar a sus empleados.
En 1930, La Otomana ocupaba 20.000 hectáreas de campo divididas en infinidad de potreros y pobladas con 14.000 cabezas de ganado vacuno de alta mestización Durham, Aberdeer, Shorthornn y Holando Frisio. De esas mismas razas existían planteles de vacas de pedigree servidas por reproductores importados.
También poblaban los campos de La Otomana 19.600 lanares cruzas Lincoln, Ramboullet y planteles importados.
Además, 1.300 yeguarizos razas Percherón, Clydesdale y tipo carrera de la mejor corriente de sangre de origen de pedigrí y 450 cerdos Duroc, Jorsey, Borkshire y Polland China.
“La 10 de Mayo”
Con los años surgieron en nuestro distrito varios establecimientos rurales que ocupaban grandes superficies y eran verdaderas ciudades, con cientos de empleados, enormes haciendas y edificaciones innovadoras para aquellos años.
A dos leguas y media de estación Energía, se encontraba la estancia “La 10 de Mayo”, campo de Máximo Arce, que luego fue de Santiago Magnin. Tenía una superficie de cuatro mil hectáreas dedicada a la explotación agrícola- ganadera.
Como todo establecimiento rural de prolija organización, “La 10 de Mayo” contaba con importantes edificaciones y un buen número de empleados. Se destacaba en el conjunto la casa principal, un amplio edificio ubicado en medio de un hermoso jardín, parque y frondoso monte.
La explotación agropecuaria era realizada por un personal competente, tanto para el cuidado y selección de las haciendas como en lo relacionado a la agricultura.
El establecimiento contaba con un importante stock de haciendas generales, mientras que buena parte de la superficie era sembrada año tras año y se dedicaba a la producción de toda clase de cereales.
La Eva
Don Alejandro Ciancaglini llegó a principios del siglo XX a nuestro distrito y su éxito comercial le permitió, años más tarde, adquirir los campos con los que formó los establecimientos rurales La Eva y La Dulce, que administró personalmente.
Infatigable, empujado por un espíritu emprendedor y progresista, Ciancaglini sumó a su firma nuevos negocios y empresas en Necochea y La Dulce.
Médano Blanco
En 1919, Alfredo Rasmussen compró a Carlos Díaz Vélez 2.335 hectáreas. Allí fundó el establecimiento rural Médano Blanco.
El casco de la estancia, hoy convertido en un centro de aguas termales, era en ese entonces el eje central de las actividades agropecuarias desarrolladas en Médano Blanco.
La producción de Médano Blanco y Mallincó, ubicado en el partido de Lobería y también propiedad de Rasmussen, como las 8.000 hectáreas que arrendaba en campos de Bosch, abarcaban dos aspectos: el agrícola y el ganadero.
Establecimiento Zabala
Luis Defferrari logró a lo largo de su vida importante fortuna, con la que adquirió campos en Necochea, Gonzalez Chaves y otros distritos.
Al fallecer el hacendado, su hijo Luis Defferrari heredó, entre otros establecimientos, la vieja estancia Zabala, que llevaba el nombre del arroyo que la cruzaba. El campo tenía 15.000 hectáreas, la mayor parte de las cuales era arrendada y el resto poblado de ganado vacuno, lanar y yeguarizos.
En los inicios de este establecimiento rural, Defferrari padre se había preocupado por convertir al campo en un emprendimiento modelo. Por tal motivo, con el paso de los años, la estancia contó con espléndidos montes de añejos y frondosos eucaliptos, pinos y álamos.
El establecimiento poseía, además, una excelente quinta, atendida por personal experto, que producía verduras y frutas de las más variadas especies.
La Nélida y La Cautiva
Otro destacado personaje de la época fue el doctor Pedro Elicagaray, propietario de las estancias «La Nélida» y «La Cautiva».
Según el álbum del cincuentenario de Necochea, «La Nélida marca entre ellas en un puesto de avanzada por su modernismo y por el perfeccionamiento que se advierte en todos los órdenes de sus actividades».
Ese establecimiento agrícola ganadero estaba constituido por 3.200 hectáreas de campo ubicado en las cercanías de la estancia Energía del Ferrocarril Sud, dividido en 26 cuadros con 13 molinos por aguadas y 5 puentes, con alambrados de primera calidad y grandes extensiones de montes de eucaliptus, acacias, sauces y álamos.
A unas dos leguas y media de «La Nélida» se encontraba «La Cautiva», que abarcaba exactamente las mismas actividades que la otra estancia de Elicagaray.
San Luis
«Es el doctor Edmundo A. Defferrari uno de los más acaudalados estancieros de la zona y también se destaca, con méritos bien probados, por el espíritu progresista que le anima», señalaba el libro publicado con motivo de los 50 años de la ciudad.
Entre sus varias estancias, sobresalía San Luis, situada en el partido de Necochea, a 13 kilómetros de la estación Defferrari y con una superficie de 10.896 hectáreas.
«Es este establecimiento un verdadero exponente del asombroso progreso rural que se ha operado en los últimos años», añadía el libro. Poco antes de que Necochea cumpliera 50 años, Defferrari inaugura en su campo la magnífica residencia «San Luis», una suntuosa construcción de estilo colonial.
Defferrari poseía en aquella época otros establecimientos rurales: Laguna, compuesto de 2.021 hectáreas, a 5 kilómetros de la estación que llevaba el apellido familiar. San Pedro, de 2.867 hectáreas, ubicada a 14 kilómetros de San Cayetano. También Santa Amanda, de 1.236 hectáreas, a 10 kilómetros de Energía.
También poseía el campo Santa Rita, en Balcarce, La Anita, en Lobería, San Carlos, en 9 de Julio y Las Mercedes, en General Conesa.
Don Samuel
En la zona de influencia inmediata a las estaciones ferroviarias Energía y Cristiano Muerto, en la actualidad Partido de San Cayetano, don Enrique Schlieper (hijo) comenzó a poblar en marzo de 1930 las 6.864 hectáreas de campo que recibiera después de la división del importante establecimiento Santa Catalina.
Surgió de allí la estancia Don Samuel y Schlieper destinó la mayor parte de la misma a explotar por su cuenta la agricultura y ganadería, arrendando el resto a varios colonos, secundado por su mayordomo Emilio Hohl.
En poco tiempo, el flamante establecimiento adquirió las características que más tarde lo destacaron entre los establecimientos de la zona.
De acuerdo a una publicación de 1930, Don Samuel contaba con “poblaciones tan buenas como modernas, montes, parque, quinta y hermosas avenidas arboladas”.
En la década del 30 el establecimiento estaba dividido en 17 potreros con sus correspondientes aguadas y poblaciones, donde pastaban vacas Shorthorn, Oxford, lanares Shire Down, yeguarizos Percherón y Anglo Normando y porcinos Berkshire.
Santa Catalina
Al referirnos a Don Samuel decíamos que había surgido de la partición de la subdivisión de la vieja y tradicional estancia Santa Catalina. Cuentan que su fundador, don Samuel Roseti, la pobló a costa de su tranquilidad, alejado de los halagos de las ciudades, llegando más de una vez a arriesgar su vida.
Santa Catalina y los campos circunvecinos eran allá por el año 1864, época de su fundación, teatro de luchas sangrientas sostenidas contra la indiada salvaje.
Según un artículo publicado hace unos años en el diario La Nación, “a poco de andar por los pagos de Cristiano Muerto, don Samuel Roseti se apegó tanto al lugar que decidió comprarlo. La propietaria enfiteuta era Damasia Saavedra Celaya de Lamas, de quien adquirió las 20.000 hectáreas originarias de Santa Catalina el mismo año de su arribo, en 1864, gracias a la venta de unas estancias que poseía junto con sus hermanos y a un crédito bancario”.
En 1866, el gobierno bonaerense dictó un decreto que reglamentó el funcionamiento de la jurisdicción de Tres Arroyos, hasta entonces sin autoridades ni sede administrativa. La norma designó como primer juez de Paz a Benigno Macías, pero como no asumió el cargo por razones personales, el 17 de diciembre de 1866 el gobernador Adolfo Alsina se lo otorgó a Samuel Roseti, que ejerció sus funciones desde Santa Catalina hasta 1870.
Santa Catalina fue uno de los primeros establecimientos ganaderos y también más importantes de Necochea. En la actualidad este campo se encuentra en el partido de San Cayetano.
En 1918, fallecido Roseti, Santa Catalina pasó a ser propiedad de su esposa Julia Sáenz Rosas de Roseti y al ocurrir el deceso de ella, las 20.500 hectáreas que constituían los bienes rurales de la misma fueron fraccionadas entre los herederos.///