1988 │ La hazaña de Estación Quequén
En junio de 1988, el equipo necochense ascendía a la B Nacional
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El deporte de Necochea, a lo largo de la historia de Ecos Diarios, también ha sido protagonista de varios hechos. Uno de ellos, fue la consagración de Estación Quequén en 1988, cuando logró ascender hasta el Nacional B, la segunda categoría en importancia del fútbol argentino.
En junio de aquel año, nuestros cronistas relataban: “Hurgando en el recuerdo, hasta el límite de la memoria de aquellos que ya peinan canas, buscando en los archivos periodísticos y sin haber encontrado parangón alguno, es que nos damos cuenta que ayer el fútbol produjo la mayor fiesta de todo su historial en Necochea.
Una verdadera multitud habló y vivió toda la jornada de la víspera intensamente este choque entre Estación Quequén y Olimpo, sin dudas los mejores conjuntos de la Provincia de Buenos Aires y Sur del país.
Y por supuesto todo el color que solo puede ofrecer esta pasión del balompié se fue trasuntando en imágenes, en gritos, en risas, en cada hogar necochense donde el tema del partido ocupó un lugar preferencial.
A las 11 de la mañana no había entradas para el match, a las 13 las tribunas populares, con una gran asistencia de bahienses, estaban repletas de felices hinchas, que empezaban a templar gargantas e instrumentos, casi todos munidos de sus colores identificatorios.
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No faltaron las banderas con el verdiblanco abundando por sobre el aurinegro, los gorros, las matracas, los carteles, las prendas verdes que mostraban el orgulloso rótulo de simpatizantes a Estación y por ende de Necochea; ¿cómo podían faltar? Si son los ingredientes fundamentales de este popular deporte.
Y hasta las mujeres embarazadas, munidas de banderitas, pequeños y mayores disfrazados con los colores quequenenses, aquellos que se reencontraban en la cancha luego de varios años de ausencias, convocados tan solo por esa ilusión que se transformaría en realidad con el correr de los minutos, o esos niños que por primera vez se asomaban al fútbol llevados por sus padres, ¿cómo podían estar ausentes? si hacen al folclore que solo produce una disciplina como ésta.
La entrada apoteótica en el recibimiento para ambos conjuntos, por supuesto en especial para el local, las palomas volando previamente tras una simbólica suelta que sumaba su cuota de imagen de paz a la fiesta, las bombas de estruendo, el delirio tras el gol de Sánchez, todo absolutamente todo, viviéndose a gran velocidad, como para que los ojos no nos alcanzaran para bebernos tantos hechos al mismo tiempo.
Y después sí, el final esperado, la locura que se desató con el silbato de Padilla, la vuelta olímpica, los abrazos, las lágrimas, la emoción en todos los que estaban detrás de esos colores verdiblancos y que vivían un sueño inolvidable. Si hasta nos daban ganas de pellizcarnos para darnos cuenta que estábamos despiertos.
Luego la despedida a todo grito del bien preparado estadio de Rivadavia, que como nunca tuvo una multitudinaria visita.
Pero todo no estaba terminado, pues la gran fiesta recién empezaría, para confirmar que seguiríamos viviendo de emoción en emoción, con una interminable caravana, encabezada por el micro de los jugadores, al fin de cuentas los “héroes” de la jornada, con coches, camiones y camionetas haciendo sonar sus bocinas, con la gente en las veredas y otros autos en las bocacalles, para recorrer, en algo ni siquiera superado por el festejo de los campeonatos mundiales, las calles de la ciudad, de Quequén y terminar con la ansiada vuelta olímpica en el propio estadio “Carlos Cuomo”, esta vez con los jugadores solamente y con toda la gente vitoreándolos, en casa, pero con todos los quequenenses y necochenses en el festejo.
Resulta difícil narrar en palabras, estas imágenes que serán imborrables para quienes nos parecíamos.
Simplemente nos queda sentirnos más que felices por poder vivir algo así, uno de los hechos más positivos que le ha sucedido a nuestro deporte.
La ciudad, sin excepción de sectores, se olvidó de la crisis, se puso los colores de Estación y se fue a correr las calles para exteriorizar toda su enorme alegría, aquella que solo puede brindar esta pasión llamada fútbol”.
En aquella oportunidad, el equipo de nuestra ciudad formó con Erasun en el arco, Dindart, C. Pérez, F Mainardi, C. Beguiristain, Molina, S. Mainardi, Márquez, Dialeva, Sánchez y Guerrero. Todos bajo el mando de Oreste Ortíz.
Luego de un año en el Nacional B, Estación Quequén descendió al fútbol regional nuevamente. Pese a los esfuerzos de varios clubes, desde aquel entonces, ningún otro equipo ha logrado llegar a esa categoría del fútbol argentino.
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