¿La historia de nunca acabar?
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/10/foto-comentario-abalsamo.jpg)
«Cuando dejas de tomar decisiones,
ingresas en el vasto mundo
de las excusas permanentes»
La década del noventa además del uno a uno introdujo en el país diferentes modalidades que la historia todavía está discutiendo con críticas y elogios. El mercado de los remises puso primera como fenómeno social invasivo en aquellos años.
Era, hasta ese entonces un servicio especial de autos de alquiler de alta gama, limpios por fuera y por dentro con choferes con saco y corbata usado especialmente en las grandes ciudades, requerido por empresarios como transporte diario, para viajar o también llevar a la novia y al padrino hasta la iglesia, con una tarifa más alta y acorde a la calidad de los autos que cada empresa ponía en circulación. En aquella década comenzó a ampliarse el mercado, buscando otros segmentos, popularizándose en algo especial para ampliar la clientela de este servicio de puerta a puerta.
La historia comenzó en la Capital Federal en el año 93, con inversiones de cero kilómetro, por particulares siendo cada uno responsable de su auto y mantenimiento, aportando un porcentaje a la agencia que ofreciesen la unidad para recibir los viajes. Hoy en día en Buenos Aires, también se puede solicitar un Mercedes Benz si se pretende, o que llegue al lugar de llamado un automóvil con varios años de uso.
La introducción del remise en un mercado dominado por el clásico taxi, provocó discusiones, reclamos y movilizaciones ante la nueva competencia y esa realidad bajó a las provincias y a sus localidades, y Necochea no fue la excepción.
Aparecieron autos cero kilómetro, con aire acondicionado, calefacción y con un servicio “premiun” que el público de inmediato hizo de su agrado, más allá del costo.
Esto se fue desvirtuando y en pocos años no se encontraron grandes diferencia entre un remis y un taxi, lo cual obligó al municipio a aumentar controles, actualizar legislaciones y discutir nuevas ordenanzas.
Hasta el año 2005 el servicio de remise se encontraba regulado por la ordenanza 2837/93, la cual permitía la habilitación de agencias con un cupo máximo de 10 unidades, dicha normativa se vio modificada en un principio por otra ordenanza, 3019/94 la cual suspendió la apertura de nuevas agencias permitiendo que se agregaran unidades, únicamente, en aquellas que ya poseían habilitación.
Hasta el año 2005 existían 27 autorizadas en el partido de Necochea con un cupo máximo de diez vehículos cada una, lo cual sumaban matemáticamente 270 unidades como máximo que podían prestaban servicios en el distrito. Doce trabajan independientemente y tres lo hacían en conjunto con otras.
A partir de la sanción de la ordenanza 5450/05 nuevamente se permitió la habilitación, limitada, de otras agencias y se estableció para evitar la monopolización del servicio que no se otorgaría más de una, a persona física o jurídica.
Sin embargo esta apertura incrementó el monopolio ya que comenzó la era en que dos grupos que tenían mayor cantidad de unidades e ingresos se acomodaron por medio de «amigos» (algunos anatemizan como testaferros ) y comenzaron abrir agencias que trabajaban con vehículos a sus servicio, ya que una vez completado el cupo de los diez coches estas se cerraban, centralizando el sistema operativo en una o dos de las “madrinas” abaratando gastos de personal y de servicios, trayendo aparejado que los autos permisionados como remises no tuvieran playa de estacionamiento o guardas entre un viaje y otro, tan sólo un teléfono atendiendo pedidos, generándose así una competencia desleal entre estas, que agrupaban una gran cantidad de vehículos y las independientes que, con los mismos costos tenían como máximo diez. Conclusión, estas últimas no podían competir, obligadas luego a transferir su fondo de comercio o trabajando para las adueñadas del mercado.
Aquí comienza la desigualdad, mientras el Estado se mostraba impotente, no pudiendo, no sabiendo o no queriendo tomar determinaciones. La historia es de nunca acabar y sigue repitiéndose hasta el presente.
En el 2009 crecieron más y el número de vehículos permitidos, registrándose una excesiva oferta lo cual afectó al estado general del parque automotor dado que algunos propietarios no podían mantener la calidad de sus coches, y se terminó sancionando un decreto el 1711/09 que suspendía, otra vez, la nuevas habilitaciones. No obstante, el crecimiento de los dos grandes grupos siguió manejando cantidad de “agencias cerradas” y de vehículos habilitados como remises estacionados en la vía pública. Y el Estado, en diferentes gobiernos brillando por su ausencia.
Una actualidad con diferencias notorias
Hoy, cada uno de estos autos “ahijados” que se pone en marcha cada día, abona a las remiseras, 360 pesos, haciéndose cargo del gas, cualquier rotura o accidente, porque la empresa no es responsable de nada. Sólo aporta el cliente que llama al número. Algo similar ocurre en Capital Federal, con los taxis que tienen radio llamado.
Un negocio brillante a todas luces para pocos y un sacrificio muy grande para tantos, que aportan todo, con una ganancia ínfima diaria, para el dueño del coche o chofer, con una desigualdad manifiesta.
Es extraño que cada vez que se intentó cambiar esta realidad se choca con “molinos de viento” al estilo don Quijote, siempre apareciendo un argumento que obstaculiza los cambios e impide modificaciones en un marcado vínculo que ha parecido tener los sectores que monopolizan el servicio, con concejales y a veces con funcionarios del propio Departamento Ejecutivo para convencerlos que es preferible que todo siga igual.
Los remiseros, que de esto saben bien, dudan, porque siempre el que más sabe termina dudando.
Ahora una nueva ordenanza que espera aprobación del Concejo
«Es preferible no fiarse por entero de quienes han engañado más de una vez», solía decir René Descartes, el físico, matemático y filósofo francés.
La última estocada para reglamentar la actividad en forma prístina fue en mayo de 2014 cuando se elevó el proyecto a la Comisión de Infraestructura del Concejo, el que fue cajoneando y ni siquiera fue puesto al debate.
Por eso, hoy, cientos de choferes y dueños de autos están a la expectativa de la decisión del Departamento Ejecutivo motivados en la presentación de una ordenanza para regular de forma racional la actividad y, según manifestaciones de trabajadores y funcionarios, abrir la posibilidad de nuclearse y tener en el corto plazo diversos locales de remiserías.
Para eso han presentado para su aprobación el texto de la ordenanza 5450/05 donde el Estado sería un equilibrio de relación entre las partes y la jerarquización del servicio con diversos artículos, que sería imposible describir ahora por lo extenso, destacándose una serie de normas que hoy no se cumplen y, por esos motivos se realizan inspecciones y hasta cerramientos de algunas oficinas.
Seduce a muchos remiseros el artículo 52 de aquella ordenanza referida a los derechos del titular de una licencia.
Este señala la asociación con otros propietarios de vehículos para conformar una agencia que cumpla con todos los requisitos de la ordenanza. De esta manera uniéndose y con un capital normal podrán dejar de ser choferes o dueños de automóviles pagando cada día a una remisera, a ser los propios dueños de una de ellas.
La ordenanza está en los cajones de los 20 concejales a la espera del análisis final y la posibilidad de aprobación o rectificación de algunos artículos.
Ha comenzado a provocar irritación en una gran mayoría de los interesados por la falta de respuesta, aunque nunca es bueno el apresuramiento cuando se debe tomar decisiones de esta importancia, como tampoco puede ser un camino tan lento que no se llegue a ninguna parte.
Todo sabe sufrir modificaciones lo que no puede es ganar la quietud que termina siendo un retroceso a las expectativas cuando parecería que esta vez sí se comienza a avanzar definitivamente en una normalización.
Nadie reniega de quien logra una posición empresaria económicamente importante, pero en este caso resulta incuestionable que se necesita un equilibrio, y este debe darlo el Estado porque se está haciendo uso comercial de la vía pública.
Ese equilibrio debe estar sustentado con una vara amplia para que todos se beneficien y nadie monopolice la actividad, como viene ocurriendo desde hace años, por quietud de los distintos gobiernos municipales y la reconocida y pesada inacción del legislativo, a la hora de tomar decisiones serias.