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    La IA y la educación en el emprendimiento

    Los estudiantes deben entender y, sobre todo, confiar en que la verdadera inteligencia detrás de su trabajo sigue siendo la humana

    24 de mayo de 2026 | 01:06
    La IA y la educación en el emprendimiento
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    Marcos Agurto (*)

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    Colaboración

     

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    La inteligencia artificial (IA) está ingresando rápidamente a las aulas universitarias; incluso antes de llegar a la universidad, muchos estudiantes ya han experimentado con ella. En la educación en emprendimiento, hoy se utiliza para explorar ideas, bosquejar planes de negocio o analizar mercados.

    En cierta forma, esto no es completamente nuevo. Ya hemos vivido grandes cambios tecnológicos —como la expansión del poder de cómputo, internet y el acceso masivo a la información— que transformaron la manera de aprender y trabajar. La IA parece seguir esa misma trayectoria, aunque de forma más acelerada y poderosa. Pone información al alcance de todos —ningún ser humano puede competir con la IA en términos de acceso y velocidad de procesamiento— y, además, la reorganiza y recombina de maneras que se asemejan al razonamiento; aunque semejanza no es equivalencia.

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    No comprende el significado

    La IA puede producir resultados que lucen coherentes, estructurados e incluso inteligentes. Sin embargo, no “comprende” el significado de las cosas ni ejerce juicio en un sentido humano. Funciona identificando patrones y recombinando información existente. Esta diferencia es particularmente importante en la educación en emprendimiento. Nuestros estudiantes deben entenderlo y, sobre todo, confiar en que la verdadera inteligencia detrás de su trabajo sigue siendo la humana, para así desarrollar seguridad en su capacidad de pensar.

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    En el fondo, emprender no consiste simplemente en acceder a información, sino en identificar vacíos en la manera en que respondemos a necesidades humanas, tomar decisiones bajo incertidumbre y decidir qué ideas vale la pena impulsar. Estas no son tareas puramente técnicas; requieren interpretación, criterio y, fundamentalmente, consideraciones éticas.

    La IA puede ayudar en este proceso. Permite explorar escenarios, comparar alternativas e identificar patrones con mucha más rapidez. En ese sentido, amplía enormemente el conjunto de posibilidades disponibles para los estudiantes; pero esto no es lo mismo que decidir.

    La pregunta clave para quienes enseñamos debería ser cómo lograr que los alumnos utilicen la IA para fortalecer su pensamiento en lugar de reemplazarlo. Y también preguntarnos si, después de muchos años de enseñanza tradicional, los profesores estamos realmente preparados para este cambio.

     

    Verdadero potencial

    Si la IA termina utilizándose solo para obtener información más rápido o para organizar y comparar datos —aunque sea de formas muy sofisticadas—, su aporte educativo será limitado. Su verdadero potencial aparece cuando obliga a los estudiantes a contrastar alternativas, cuestionar resultados, refinar ideas y pensar con mayor profundidad. Es decir, cuando desplaza el foco desde la simple producción de respuestas hacia el proceso de razonamiento.

    Esto tiene implicancias importantes para la enseñanza y la evaluación. Si hoy es posible generar rápidamente productos finales bien presentados, evaluar únicamente el resultado final comienza a perder sentido. Necesitamos mirar más el proceso: cómo se construyen las ideas, cómo se evalúan distintas alternativas y cómo se toman las decisiones. En la práctica, esto exigirá una interacción más cercana con los estudiantes y un interés más profundo por entender cómo razonan. En clases numerosas esto no es sencillo, pero todo indica que será cada vez más necesario.

    También existe un problema más amplio relacionado con la evidencia. Gran parte de la discusión actual sobre IA en educación se basa todavía en experiencias iniciales. Además, las instituciones que primero están adoptando estas herramientas suelen ser precisamente aquellas que ya tenían fortalezas previas en enseñanza de emprendimiento, lo que dificulta aislar el verdadero efecto de la IA. Necesitamos evaluaciones más rigurosas, combinando enfoques cuantitativos y cualitativos, y haciendo seguimiento a los estudiantes más allá del aula.

     

    Capacidades para  interpretar

    Finalmente, el uso efectivo de la IA en educación también resalta la importancia de disciplinas que normalmente no están al centro de esta discusión. Si queremos que los estudiantes utilicen bien estas herramientas, necesitan desarrollar capacidades para interpretar, reflexionar y evaluar consecuencias. La ética, la filosofía y otras áreas afines pueden contribuir a fortalecer esas habilidades. No sustituyen al conocimiento técnico; lo complementan.

    Como ocurrió en otras grandes revoluciones tecnológicas, creo que en el mediano y largo plazo estaremos bien. Pero la historia también nos enseña que muchas personas enfrentarán dificultades a medida que ciertas tareas sean reemplazadas por la IA. Vale la pena que nuestros estudiantes reflexionen seriamente sobre esto y quizá incluso vean el emprendimiento como una forma de fortalecer la solidaridad y generar nuevas oportunidades para otros.

    La IA está cambiando profundamente la manera en que aprendemos y trabajamos. Sin duda, expande lo que es posible; pero no elimina la necesidad del juicio ni del cuidado humanos. La IA puede generar posibilidades; sin embargo, no puede decidir cuáles son las que realmente importan.

    (*) Profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Piura

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