La Iglesia y la cuestión mapuche
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Acompaña los reclamos de los aborígenes, pero sin avalar el accionar de grupos radicalizados
Por Guillermo Villarreal – Agencia DYN
La Iglesia acompaña desde hace décadas los reclamos de las comunidades aborígenes, pero sin avalar el accionar de grupos radicalizados, como Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), por considerar que desvirtúan la lucha de los pueblos indígenas.
Los acontecimientos recientes en la comunidad mapuche de la localidad chubutense de Cushamen, donde la Gendarmería reprimió una protesta y donde desapareció el joven Santiago Maldonado, hicieron que referentes eclesiásticos alzaran su voz sobre un conflicto tan antiguo como complejo.
Los obispos, sobre todo patagónicos, precisaron cuál es la posición de la Iglesia sobre las reivindicaciones de los pueblos originarios, pero tomaron distancia de los grupos que optaron por la violencia extrema y no por el diálogo para defender sus derechos.
Defensa de la tierra
Diferencias en los métodos que derivan muchas veces, denunciaron los prelados consultados por DyN, en la «persecución e intimidación» de los pueblos mapuches por parte de los grupos radicalizados. El obispo electo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, expuso la gravedad de la situación en la zona precordillerana de Esquel, donde las comunidades mapuches insisten en seguir con su lucha en defensa de la tierra, pero no se identifican con los métodos de la RAM.
«No estamos de acuerdo con la acción de la RAM. Mucha gente identifica como que esto la Iglesia lo está apoyando o avalando por Endepa (Equipo Nacional de Pastoral Aborigen), y nosotros no estamos avalando esto, lo que se avala desde siempre es la defensa de los grupos más pobres y carenciados, la pastoral siempre al lado del camino de los pueblos originarios, pero no de esta violencia», advirtió.
Monseñor Croxatto ratificó que la Iglesia está al lado de las comunidades mapuches pero «en un camino distinto, de diálogo», y enfatizó que los hechos de violencia protagonizados por la RAM «en vez de ayudarlos a que los miren con compasión, los suman a todos en una bolsa que los denigra a ellos mismos».
El obispo-prelado de Esquel, monseñor José Slaby, quien afronta todo el peso de esta situación de conflicto permanente y hasta ha intentado mediar entre las partes, aseguró recientemente que el papa Francisco «está al tanto» de los acontecimientos.
En este contexto de tensión, el pontífice argentino viajará a Chile en enero de 2018, pero el Vaticano descartó que vaya a mantener audiencias privadas con dirigentes mapuches o víctimas de la violencia rural en la zona de la Araucanía del país trasandino.
Comprometer esfuerzos
La preocupación eclesiástica por la desaparición de Maldonado, quien fue visto por última vez el 1º de agosto en Cushamen, cuando participaba del bloqueo de una ruta junto a una agrupación mapuche que la Gendarmería desalojó por orden del juez federal Guido Otranto, corre por otro carril.
En este sentido, la Iglesia pidió el jueves «acelerar y comprometer todos los esfuerzos» para encontrar al artesano de 28 años, advirtió que la desaparición de personas son hechos «intrínsecamente graves» y sostuvo que la resolución de este caso es «independiente del repudio que merecen todas las formas de violencia». La Iglesia acompaña a las etnias indígenas a través del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa), un grupo eclesial católico cuya misión, entre otras, es bregar por el reconocimiento de los territorios de los que son parte las comunidades originarias y exigir a las autoridades la protección y cumplimiento de los derechos indígenas.
El 9 de agosto, Endepa -junto con otras organizaciones de derechos humanos- presentó una campaña a favor de la prórroga de la ley 26.160, norma con vigencia hasta noviembre que exige el relevamiento de los lugares donde están asentados los pueblos originarios y la suspensión de los desalojos de sus territorios.
Endepa también acompañó la denuncia por el desalojo violento de la comunidad Kokuereí, de Misiones, que formalizó el 14 de julio la Asociación de Abogados de Derecho Indígena ante la sede de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.///