La inflación, el vaso medio lleno y el medio vacío
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2017/06/super.jpg)
Alivio trajo las mediciones de mayo a los integrantes del gobierno nacional
por Marcelo Bátiz
de agencia Dyn
La difusión del índice de precios al consumidor de mayo aportó algo de alivio en las filas del gobierno, luego de atravesar el tembladeral de lo que Federico Sturzenegger señalara como el «trimestre complicado».
El 1,6 por ciento dado a conocer por el INDEC es mucho más presentable que el 2,5 de febrero, el 2,4 por ciento de marzo y un 2,6 por ciento que en abril descolocó hasta al más pesimista de los consultores. Y, hablando del presidente del Banco Central, es una excusa menos para reiniciar el proceso de baja de tasas de interés, interrumpido precisamente por los mencionados tres meses de rebrote inflacionario.
Pero el análisis de la inflación hay que abordarlo entre dos extremos bien diferenciados: los actuales niveles son auspiciosos en comparación con los del primer semestre de 2016, pero preocupantes si se los confronta con la pauta oficial de un 17 por ciento para fines de año. Desde esa perspectiva, difícilmente uno pueda abstraerse de la comparación con el vaso medio lleno y el medio vacío.
En ese aspecto, el macrismo no parece andar con medias tintas. Arrancó en 2016 con la inflación más alta de los últimos quince años y probablemente pueda mostrar a fines de 2017 el resultado más bajo de los últimos nueve. Entre esos dos extremos, la realidad muestra varias caras.
La tasa interanual viene registrando un marcado descenso. Desde el pico de 47,2 por ciento de julio del año pasado (según datos de la Ciudad de Buenos Aires, ya que el INDEC por entonces no contaba con doce meses corridos de índices), se llega a la actualidad al 24 por ciento. Una baja de 23,2 puntos porcentuales en apenas diez meses que seguramente se profundizará en junio y julio.
Pero no hay que dejarse llevar por el espejismo estadístico. La tasa interanual pudo bajar -aun a pesar del «trimestre complicado»- porque la base de comparación fue el primer semestre de 2016, el período de mayor inflación después de los primeros seis meses posteriores a la crisis de 2001.
A partir de agosto, habrá que hacer más que bien los deberes para poder seguir con la tendencia. En 2016, en ese mes el IPC fue de 0,2 por ciento. No será tan fácil doblegar esa marca como lo fue con el 4,2 por ciento de mayo del año pasado.
La dificultad en proseguir en el segundo semestre con la baja de la tasa interanual quizás pueda ser comprendida con el repaso de las alzas de precios acumuladas en cada mitad del año pasado. Para esta tarea, nuevamente hay que valerse de los datos de la Ciudad de Buenos Aires. En el primer semestre, la inflación acumulada fue del 29,1 por ciento, con un promedio mensual del 4,4 por ciento. En el segundo, del 8,2 y 1,3 por ciento, respectivamente. Es mucho más fácil mejorar la primera performance que la segunda y para muestra bastan los cinco primeros meses de 2017: todos se ubicaron por debajo del 4,4 por ciento, pero ninguno pudo perforar el piso del 1,3.
Esa dificultad no pasó por alto a la mayoría de los consultores y economistas, que no solo se dan cuenta de que la base de la comparación interanual cambiará radicalmente dentro de apenas dos meses. También advierten que en noviembre habrá un nuevo ajuste en la tarifa del gas y que desde muchos sectores se viene alertando sobre el atraso del tipo de cambio, quiérase o no el ancla antiinflacionaria desde hace más de un año.
Es por eso que mes a mes el Relevamiento de Expectativas de Mercado muestra aumentos periódicos en el pronóstico de inflación para todo 2017. Pequeño, pero aumento al fin: en octubre del año pasado, la inflación prevista para todo el año en curso era del 19,8 por ciento. En diciembre subió al 21, en abril de este año la proyección se elevó al 21,2 y en mayo se ubicó en el 21,6 por ciento.
En este caso, no solo preocupa la falta de apoyo que el Gobierno tiene entre los economistas respecto de su pauta anual del 17 por ciento, sino que, además, cada mes la brecha se ensancha más.
Conocido el índice de mayo y con una alta probabilidad de que en junio sea menor, todo el mercado pone su atención en el próximo martes 13. Ese día el Banco Central anunciará su tasa de Política Monetaria y todos esperan una reducción del 26,25 por ciento actual, aunque más no sea de medio punto porcentual.
Quizás sea, como lo fue en mayo del año pasado, el inicio de un sendero moderadamente bajista, a tono con una inflación que tal vez no llegue al 17 por ciento en 2017, pero pueda ubicarse por debajo de ese porcentaje en los próximos doce meses.
¿Alcanza? La respuesta puede buscarse en cualquier país limítrofe, donde hace tiempo que la inflación es de un dígito anual. Una meta que el gobierno espera conseguir recién para 2019. Que las políticas de shocks vengan con sus costos, no significa que las gradualistas no lo tengan.