La inseguridad, la tecnología, la impunidad y el descaro
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Mientras desde el ámbito político sigue el debate en busca de herramientas para combatir la delincuencia (centro de monitoreo y consejo municipalidad de seguridad), cantidad de hechos han quedado registrados en cámaras video pero no han sido esclarecidos y muchos delincuentes utilizan descaradamente Internet para vender los elementos robados
Mientras esta semana el Concejo Deliberante trabajaba a contrarreloj para definir si aprobaba o no la licitación del nuevo servicio de monitoreo, la inseguridad parece un tema más candente que nunca en la ciudad.
Asaltos a plena luz del día, arrebatos de carteras en lugares céntricos, individuos que amenazan con armas de fuego a adolescentes para robarles el celular, una bicicleta o incluso la ropa… La inseguridad ha dejado hace ya varios años de ser una sensación y mucha gente vive encerrada para evitar convertirse en víctimas de la delincuencia.
Si bien hasta mediados de la década del 80, Necochea era una ciudad en la que la gente vivía con la tranquilidad de un pueblo del interior, eso comenzó a cambiar precisamente a medida que se acercaban los 90.
Hoy la inseguridad no sólo se ve reflejada en las rejas de puertas y ventanas, también en algo que con el paso del tiempo se ha ido aceptando: las calles vacías de chicos.
Décadas atrás, los chicos jugaban en la calle. Hoy, lo llamativo es precisamente ver a niños jugando en la vereda.
Paradójicamente, a medida que el temor avanza, también parece incrementarse la impunidad con que se mueven los delincuentes.
Aunque hay quienes señalan que la incorporación de tecnología permitiría avanzar en el combate de la delincuencia, existen muchas dudas de que en realidad las herramientas de vigilancia tengan un impacto inmediato en la seguridad.
Precisamente, un ejemplo de la impunidad con la que se mueven los delincuentes es la cantidad de casos registrados en los últimos años en que luego de cometer sus robos utilizan las redes sociales para vender los elementos.
Sin límites
Si bien las cámaras de seguridad no han intimidado a los delincuentes y a pesar de que muchos de ellos han quedado registrados en video y tampoco han sido atrapados, si se han producido detenciones de sujetos que no parecen tener límites para el descaro y venden por Internet lo que robaron horas antes en la calle.
En enero de 2019, un menor de 16 años fue víctima de un robo a mano armada. El ladrón lo amenazó para robarle un casco de enduro.
Poco después se pudo constatar que un individuo ofrecía a través de una red social un casco similar. El “vendedor” era nada menos que un hombre con amplios antecedentes.
La Policía allanó el domicilio del sospechoso y secuestró el casco en cuestión.
En mayo del año pasado efectivos policiales allanaron otro domicilio en Quequén.
Una familia había sido víctima de la sustracción de tres bicicletas y recibió un llamado en el que se les informaba dónde se encontraban los rodados.
El procedimiento se realizó en una vivienda del barrio El Bajo y mientras los vecinos manifestaban el hartazgo por la cantidad de robos registrados en la zona, la Policía logró recuperar las bicicletas.
Luego se supo que los presuntos autores del ilícito, que utilizaban aquel lugar como “aguantadero”, ofertaban las bicicletas a través de Internet.
La cantidad de elementos robados que terminan siendo vendidos a través de Internet llevan a preguntarse por qué más de estos delitos no se esclarecen y también ponen en evidencia la doble moral de quienes compran estos elementos de procedencia ilícita.
Si bien los teléfonos son los elementos producto de ilícitos que más comúnmente se venden por Internet, en la ciudad se han registrado los casos más insólitos. Desde bicicletas hasta autopartes.
En el barrio antes citado, en mayo de 2020, le robaron a una mujer un automóvil Volkswagen Gol que se encontraba estacionado frente a su vivienda.
Poco después se realizó una serie de procedimientos en Quequén y el barrio Sudoeste en el marco de una investigación sobre los presuntos integrantes de una “organización delictiva” que se ocupa de “levantar” vehículos en la vía pública, los desarma y vende las piezas y accesorios.
Lo insólito es que los delincuentes vendían piezas y accesorios mediante un grupo de Facebook, destinado a la compra y venta de diversos elementos.
“La gente no debería comprar objetos robados para evitar el fomento de un círculo vicioso como hasta ahora, tal vez, si no existiese ese mercado ilegal habría menos ilícitos en la ciudad”, dijo tiempo atrás a Ecos Diarios la víctima de un robo.
De su casa en el barrio Parque le habían llevado un televisor de 50 pulgadas 4K marca LG, un juego de play station 4 edición limitada, una notebook marca HP de color azul y dinero en efectivo.
Las cámaras
Si bien las cámaras de vigilancia podrían servir para identificar a delincuentes y también prevenir delitos, lo cierto es que la experiencia existente demuestra que no siempre se puede identificar a una persona por una imagen de video y que, de no existir una vigilancia activa, tampoco es un freno para quien va cometer un ilícito.
En junio, un robo en una vivienda de calle 538 y 525, en Quequén quedó registrado en las cámaras de seguridad, donde se muestra a los delincuentes en pleno accionar.
Los ladrones se llevaron una bicicleta marca SPX, de color blanco y del tipo todo terreno, además de un televisor de 50′ pulgadas de la marca RCA.
Una gran cantidad de arrebatos, robos y asaltos han quedado registrados en videos de cámaras de seguridad de comercios, viviendas y otras instituciones, sin embargo, son muy pocos los hechos esclarecidos por estas imágenes.
Una de las primeras medidas que la Policía y los investigadores solicitan luego de un delito, es buscar cámaras que puedan haber registrado los hechos. Sin embargo, esto no ha mejorado la labor investigativa.
Esto no quita que se hayan producido varios esclarecimientos. Meses atrás se dio una serie de robos de camionetas. A mediados de abril la Policía logró recuperar un rodado sustraído en marzo.
El robo ocurrió en la Villa Díaz Vélez y luego de consultarse las cámaras de seguridad del Centro de Monitoreo Municipal, los investigadores orientaron la pesquisa acerca de quién sería el responsable del ilícito.
Por tal motivo y con el apoyo de las imágenes de los aparatos de monitoreo, se secuestró una camioneta Toyota modelo Hilux que se desplazaba con un trailer robado.
La clara imagen que captó la cámara de seguridad durante el robo de un trailer en la feria de artesanos de la Villa Díaz Vélez el pasado 26 de marzo, permitió identificar a un hombre de 53 años. Luego de un allanamiento realizado en un inmueble que habitaría el acusado, se recuperó el carro sustraído.
Pero muchos otros robos de camionetas no pudieron ser esclarecidos. Uno de los más emblemáticos y comentados fue el de una camioneta de un joven plomero del frente de su vivienda. Lo único que permitió en ese caso la imagen de una cámara que captó el momento, fue comprobar la habilidad del delincuente para abrir la camioneta y ponerla en marcha con la misma velocidad que lo hubiera hecho el dueño con la llave.
En definitiva, la tecnología puede ser una excelente herramienta, pero sólo si existe detrás una actitud activa de los investigadores y las fuerzas de seguridad.
En el caso de la instalación del nuevo centro de monitoreo, la utilización de tecnología detección e identificación facial podría ser determinante para su efectividad. Pero sabemos que si el Concejo Deliberante se demora para aprobar una licitación, la discusión para la implementación de una tecnología que muchos consideran que viola los derechos individuales, sería indefinida.///