La intolerancia ganó la tarde del domingo
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Por Sebastián Ignacio
En una tarde hermosa, en la que el sol brillaba en todo su esplendor, los jugadores impacientes entraban en calor. Las familias se iban acercando, para disfrutar y divertirse con un partido de buen rugby pero eso no sucedió. La intolerancia hizo que, cuando el sol empezaba a languidecer, todo ese encanto que brinda este deporte terminara empañado por esa intolerancia que hoy vemos en nuestra sociedad.
En un encuentro protagonizado en la cancha del Necochea Rugby Club (Tiburones) contra Club Náutico Necochea en su categoría M17 se vio opacado por la violencia, falta de ética y respeto que ya nos hemos acostumbrado a ver diariamente en nuestra vida cotidiana. Cualquier hecho menor provoca una situación propicia para que surja la agresión inesperada.
En el transcurso del primer tiempo, durante una jugada de las tantas que se dan en un partido de rugby entre los integrantes, un juego de contacto rudo por sí, hubo una discusión y algún manotazo de más. Hubiera sido una anécdota como otras tantas del juego, de no haber sido por un auxiliar, el aguatero (mayor de edad) del equipo local (Tiburones) que ingresó al campo y le pegó una trompada a un jugador (menor de edad) del equipo contrario.
El árbitro no vio la acción y, algunos padres y dirigentes del visitante, hacen oídos sordos a esa insólita acción, cosa que no se entiende y a las quejas de otros espectadores por la grave situación que había ocurrido. ¿Por qué? El juego debe continuar, ¿qué se ganaba?, era un partido de pre adolescentes. Lo lógico debió haber sido la suspensión del partido de inmediato y elevar el informe correspondiente. No se hizo y se permitió que continuara el juego, a riesgo de que sucediera algo peor y así fue, ya que se respiraba un ambiente ajeno a los principios del rugby.
Pasados 10 ó 15 minutos uno de los jueces de línea (no oficial) le informa al árbitro que el aguatero y un compañero seguían delante de un grupo de padres visitantes con los que discutían, ante lo que el referee los invitó a retirarse del lugar, nada más.
El partido transcurrió con el coraje y rudeza propia de este deporte lo que hizo delirar a las dos hinchadas, cuando se iban sumando puntos para cada uno de los equipos. El resultado final fue el triunfo merecido de los Tiburones.
Como es costumbre al finalizar se saludan los jugadores, aplausos del público para ambos equipos por el clásico disputado con mucho amor y orgullo por parte todos los jugadores hacia su club. Como se dice en la jerga dejaron todo en la cancha.
Ahí, inesperadamente estalló todo mientras se saludaban. Un auxiliar menor de edad del equipo local (Tiburones) se acerca al público visitante, Náutico, haciendo gestos obscenos, desde la tribuna lo insultan y este joven se trenza en golpes de puños con un colaborador del CNN ( mayor de edad) y todo se desvirtuó. Se golpea a una señora, se acercan todos los jugadores, de ambos equipos, que al ver el tumulto comienzan a pelearse, los padres quieren separar y por el fervor y la irracionabilidad de algunos adultos que, en vez de calmar los ánimos comenzaron a desparramar trompadas a diestra y siniestra. Todo terminó de la peor manera, personas lesionadas y denuncia policial.
A qué hemos llegado. Qué ejemplo estamos dando a nuestros hijos. Por qué esa animadversión en la sociedad se tiene que ver reflejada en un encuentro deportivo. Qué frustración queremos superar usando a nuestros hijos, es solo un juego en donde se pierde o se gana y ya está.
Luego al tercer tiempo donde se cuentan anécdotas del partido y se recuerda otras, tanto jugadores como entrenadores y dirigentes que seguramente fueron rivales o compañeros algún tiempo atrás.
Este domingo eso no pasó, el fanatismo salió a la luz. Padres dirigentes ex jugadores todos que fueron formados en el mismo club no supieron mostrar los valores que dicen llevar.
Nadie ganó todos perdieron, por el bien de nuestros hijos que esto no se repita nunca más. Da vergüenza y dolor haber vivido lo que se vio este domingo lamentablemente se nublo la soleada tarde en el corazón del Miguel Lillo.
Para finalizar digamos que la Unión de Rugby de Buenos Aires, señala que: ser rugbier es entender que el respeto es innegociable. Es vivir con pasión cada momento de nuestra vida. Es superar la adversidad. Es aprender que el esfuerzo es el único medio posible de trascender. Es escuchar a los más grandes, que por algo son más grandes. Es “cortarse” en la cancha, no “cortarse” fuera de ella. Es imitar los buenos gestos que nos rodean. Es pensar antes de actuar. Es compartir. Es saber que el referee siempre tiene razón, por más que se equivoque. Es decirle no a la violencia. Es hacer amigos todos los sábados y domingos. Es compartir el tercer tiempo hasta el final. Es asumir un compromiso. Es soñar todo el tiempo. Es enseñar con el ejemplo. Es ganar a veces sin ganar. Es cuidar a tu club. Es caminar erguido y con la frente alta siempre. Es saber que el compromiso, la disciplina y todos los valores del rugby se extienden más allá de la cancha y el club y que deben trasladarse a todos los ambientes de la vida.