La libertad en medio del encierro
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“Liberté” funciona en la cárcel de Batán, como un espacio que promueve el trabajo y el aprendizaje
El taller solidario Liberté, no solo resulta ser un emprendimiento que funciona en forma auto gestionada, sustentable y dentro de la Unidad Penitenciaria N°15 de Batán, sino que también es un claro ejemplo de cómo las personas privadas de la libertad pueden emprender un proyecto laboral que les permita ganar su dinero para sostenerse e incluso ayudar a sus familias, como lo hace cualquier otra persona, con mayor o menor dificultad.
Según se autodenominan, son “un espacio donde cada uno de sus integrantes sueña con una sociedad en paz y con un futuro digno y en convivencia”. En otras palabras, es un lugar que apunta a una reinserción social como pocas veces se ha podido lograr.
Allí, Carlos Tótaro, un necochense condenado a perpetua en su momento, hoy es uno de los principales referentes del taller y es el encargado de capacitar y ayudar a decenas de internos a lograr una mejor vida presente y futura.
Carlos está preso en el mismo pabellón que su hermano Matías y son referentes del mismo pero lo que logra al salir es lo que ha marcado un antes y un después en la vida de muchos condenados.
Liberté: los inicios
A fines del año 2012, se originó una disputa entre internos de un pabellón. Repentinamente, se generó una discusión entre la población carcelaria, que a medida que pasaban los minutos iba elevando su tono, hasta que las agresiones fueron tan fuertes que debió tomar intervención el grupo de choque del Servicio Penitenciario, el cual reprimió con balas de goma.
A raíz de esos hechos, las autoridades, a modo de castigo y prevención, decidieron cerrar con candados las puertas de las celdas, por 20 días.
Buscando una alternativa, algunos internos pidieron a las autoridades la posibilidad de poder tener acceso al cultivo de un espacio de tierra. Habiéndose aceptado la propuesta, se pudo dar origen a una huerta de donde los presos podrían obtener aquellos alimentos que a través de los familiares no podían tener. De esa forma se cubrió el faltante de verduras. “Fue un oficial del servicio penitenciario quien, de muy buena predisposición y viendo en nosotros una actitud de cambio, nos proveyó de semillas para el sembrado”, contó Carlos Tótaro a Ecos Diarios.
Al año siguiente, Tótaro se inscribió en el colegio secundario para estudiar durante la mañana y cultivar la tierra por las tardes.
“Una vez culminado el año, profundicé mi capacitación y me inscribí en la escuela técnica con la finalidad de cursar horticultura. Después de tres años logré terminar y tener los dos diplomas, tanto el de estudios técnicos como el del secundario”, contó, y dijo que son “herramientas sumamente importantes a la hora de crecer y encontrar el cambio en la persona que supe ser”.
Voto de confianza
En el año 2016 apareció un programa que generó oportunidades entre los presos que querían trabajar, ofreciendo la posibilidad de capacitarse con el Inta y hacer huertas en distintos puntos del penal. “En esos tiempos ya contábamos con capacitación profesional y hasta con semillas pero teníamos muy pocas herramientas. Así que asumimos el compromiso de fabricarlas con una amoladora y una soldadora que nos prestó un encargado penitenciario. Fue un voto de confianza de muchos; no solo hacia el proyecto, sino también hacia nosotros y nuestras ganas de, en algunos casos, reconfirmar un cambio y, en otros, de iniciarlo”, explicó el necochense.
“Ironías del destino, los fierros que tiempo atrás hubieran sido utilizados de manera oscura para fabricar armas mortales, hoy están convertidos en herramientas para producir alimentos. Eso fue un buen impulso para contagiar a los que aún se encontraban enredados en viejas antinomias”, manifestó.
Paralelamente, desde los talleres de los viernes surgió ponerle un nombre al lugar y al grupo, mediante la votación de todos los participantes. Así surgió el nombre de Liberté. “Construimos la libertad cultivando la tierra y capacitándonos”, contó Carlos, que es una especie de mano derecha de El Pampa, pionero fundador y actual coordinador del Taller Solidario, que se compone por unas 25 personas actualmente.
Apoyo
“Recibimos varias visitas del juez Mario Juliano (nombrado padrino del Taller), que era quien estaba a cargo de mi causa, y nos propuso poner a la venta lo producido en nuestra huerta y también la miel que desde el 2014 trabajaba el área de apicultura”, recordó Tótaro. Eso también se cumplió, considerando que Liberté fue uno de los más grandes orgullos para el juez que falleció recientemente y que estaba muy comprometido con la causa.
Con el cambio de autoridades penitenciarias también llegaron nuevas reglas y decidieron cortar el agua que llegaba a las quintas, por lo que los miembros de Liberté debían sostener el sembradío a balde, aunque igual registraron numerosas pérdidas. “Nos sentimos avasallados por un tiempo hasta que Javier Aguirre, referente de Liberté, junto a Mario Juliano, convocaron a la conformación de un comité donde se puedan discutir temas carcelarios. Yo fui convocado y alcé mi voz por la falta de agua”, contó Tótaro.
Poco después, El Pampa, líder indiscutido de Liberté, nombró coordinador a Carlos, quien debería encargarse de acompañar psicológicamente a las personas que estaban en las celdas de separación, más conocidas como buzones, junto a profesionales para detectar situaciones críticas y alarma por distintos motivos.
Hoy los miembros del Taller cuentan con un gabinete de asistencia a las adicciones, curso de apicultura y cría de cerdos, avalados por la Universidad de Mar del Plata, de los cuales Carlos es capacitador no formal. También tienen cursos de literatura; huertas; teología y espacios recreativos para practicar fútbol; un mini gimnasio y un salón de usos múltiples donde también aprenden karate, herrería y carpintería.
La pandemia
Con la llegada de la pandemia también llegó la suspensión de ver a los familiares, por el temor a los contagios dentro de la Unidad, pero también llegaron los celulares para utilización solo en las celdas. “Esto nos permitió un contacto más fluido con las familias, abogados y le dan utilidad los que estudian. Además, resulta más económico que el teléfono fijo que se encuentra en el interior de los pabellones”, explicó. Desafortunadamente la muerte también llegó a los pabellones. Sobre todo en el 3, que es donde están las personas mayores de 50 años. “Ahí el covid-19 no dio tregua”, dijo Carlos, quien contó que actualmente, después de algunos días aislados, todos están trabajando normalmente, con los protocolos adecuados.
La pandemia también generó la creación de “El Almacén Social”, un emprendimiento impulsado por Asociación Pensamiento Penal, que permitió la posibilidad de que los detenidos que tal vez llevaban cinco, diez o más años sin tomar un helado, beber una gaseosa o comer algo diferente, pudiesen hacerlo.
Ya en este último tramo, lograron hacer también cocinar y hacer una rotisería para vender comidas elaboradas a los internos.
En septiembre, también fueron declarados de Interés Nacional por el Comité Nacional de Prevención de la Tortura, del cual forma parte la madrina del Taller, Josefina Ignacio.///