La maestrita que fundó una escuela
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Se cumplieron 80 años del retiro de la actividad de la primera maestra con la que contó Necochea: Lola Rom
El sábado 11 de julio de 1936, en el diario Crítica de Buenos Aires, se publicaba un artículo titulado “Hace 54 años fundó en un rancho una humilde escuelita”.
Los vecinos de Necochea que leyeron la publicación se encontraron que hacía referencia a una de las vecinas más queridas de la ciudad: Dolores Rom de Ponce de León.
La nota informaba que tras 54 años dedicados a la docencia, se jubilaba Lola Rom. Tenía 70 años y quedó en la historia local como la primera docente de la ciudad. En la actualidad la Escuela 10 lleva su nombre.
Una revelación
Rom había nació en Tandil el 31 de octubre de 1866. Hija de Clemente Rom, español, y de Dolores Molina, una uruguaya.
Antes de que Lola cumpliera 18 años, la familia se radicó en Necochea. Fue el mismo año de la fundación y la situación de los Rom era muy precaria. “Estábamos pobres y nuestro padre nos habló sensatamente, nos explicó la situación para llegar a la conclusión de que todos debíamos ser útiles al hogar”, recordó Rom cuando se jubiló.
“Yo comprendí inmediatamente lo que debía hacer y decidí trabajar. Pero no atinaba en qué. Me hacía mil reflexiones al respecto sin llegar a considerar que, por mis estudios, podía dedicarme a la enseñanza”, agregó.
“Cuando mi padre me aconsejó la creación de una escuela, sentí como si mi destino se revelara y reconociera en ese consejo todo el sueño de mi vida. Acepté feliz”, explicó.
La anciana maestra recordó que aquella revelación ocurrió en 1881: “Salí a la puerta de nuestra casita y miré lo que era entonces el pueblo de Necochea: un persistente rumor de mar y ocho o nueve ranchos de adobe diseminados en toda la extensión. Sentí la angustia de los que empiezan a vivir lo más humilde de su destino. Pero pensar que sería maestra, que educaría a unos cuantos niños, me compensaba”.
En el origen
Aquel año, cuando se fundó el pueblo de Necochea, sólo trece chicos del distrito recibían educación. Por esta razón, los vecinos habían iniciado gestiones ante el director general de Escuelas de la Provincia, Domingo Faustino Sarmiento, para que se creara en la ciudad un establecimiento escolar..
El 1º de marzo de 1883, desafiando toda precariedad, Dolores Rom comenzó a dictar clases en la que luego sería la Escuela Nº 2 y que en ese momento eran nada más que un ranchito con tres aulas con paredes de barro.
“Mi primera escuelita tenía 10 varas de frente por 6 de fondo. Era un ranchito de adobe en el que cabían más o menos bien mis 24 primeros alumnos”, explicó años más tarde Dolores. Muchos de los chicos venían a caballo de las chacras vecinas.
“Cuando los vi sentados en los rústicos bancos mi primer día de clase, pensé en lo terrible que sería mi tarea. La mayoría eran indiecitos y no sabían lo que era una letra. Mi padre me alentó y a veces venía a verme dar clase, mirándome por la ventana”, señaló.
“Fui poco a poco dotando a la escuelita de lo que le hacía falta”, recordó muchos años después. “Puse los horarios en marcos, ordené deberes en carpetas, hice la biblioteca en el armario de lavatorio que llevara la casa”.
“Cuando llegó el primer inspector me di un gran susto. Recuerdo que se detuvo una volanta en la puerta y descendieron el inspector Leopoldo F. Bom y Angel Murga, fundador del pueblo. La puertita era tan baja que debieron inclinarse para entrar. Dicté frente a ellos mi clase, con elementos intuitivos y poco tiempo después era nombrada la primera maestra oficial de Necochea”, precisó.
Dolores Rom se trasladó, ya casada, a San Antonio de Areco y de allí a Buenos Aires en 1906.
En octubre de 1931, Rom volvió a nuestra ciudad para participar de los festejos del cincuentenario de Necochea. Entre las personas que se apresuraron saludarla se encontraban muchos de sus antiguos alumnos.
Emocionada, Lola Rom fue despedida pocos días después por una comitiva que la acompañó hasta la Estación de Trenes de Necochea.
Diez años más tarde, la inolvidable docente fallecía en la Capital Federal.