La mala costumbre de encarar obras que no son prioritarias
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La ratificación del municipio en su intención de construir un natatorio en el predio del polideportivo de avenida 10, resulta una muestra más de una cuestionable política que viene de años en Necochea: encarar, y anunciar, obras no prioritarias, que en muchos casos quedan a medio hacer, más aun cuando hay incapacidad para resolver la pérdida del caño subfluvial que transporta los desechos cloacales, contaminando el río, ni hablar de la planta de tratamiento de estos efluentes.
Ya sea con fondos gestionados ante los gobiernos de la Provincia o la Nación, o a veces con dineros propios, distintas gestiones comunales han puesto en marcha emprendimientos fundamentados más en razones políticas o personales que en la utilidad que puedan ofrecer. Y de esta manera se posterga a otras mejoras que sí son fundamentales para el desarrollo de la ciudad.
En los últimos tiempos, coincidentemente durante el mandato de Facundo López, se pusieron en marcha dos obras que no se concretaron, dilapidando importantes sumas de dinero que bien podrían haber sido destinadas a algo más útil: el asfaltado de la calle 531, en el tramo comprendido por las avenidas 554 y Almirante Brown, del cual apenas se construyó un pequeño tramo, y el promocionado natatorio de Quequén. Ambas inconclusas, abandonadas y con destino de rotura.
Está más que claro que se dilapidó una fuerte suma de dinero en estos dos proyectos, que aún de concretarse no hubieran movido la aguja en cuanto al progreso, en este caso de Quequén.
En el caso específico de los natatorios, como el que se piensa emprender ahora, no sólo hay que solventar el costo de su construcción, sino que resulta costoso su mantenimiento en el tiempo, por caso, calefacción del agua y fundamentalmente el personal a cargo.
Necesidades postergadas
Como una contraposición a estos malogrados e injustificados emprendimientos, aparecen obras más necesarias, que no han corrido la misma suerte.
Vinculado a lo deportivo, por caso sería más útil y barato concretar la pista de atletismo que una gran camada de practicantes demanda desde hace décadas. De hecho se la ha proyectado en el mismo predio del polideportivo, pero poco y nada se ha avanzado.
Sin embargo la mayor demanda en cuanto a obras prioritarias es la reconstrucción de la “dinamitada” avenida 59, fundamentalmente en el tramo que va de calle 38 a 56. Una promesa que viene de años, y de lo cual apenas se arreglaron cuatro cuadras, a partir de la plaza Rocha.
El estado de la principal avenida de la ciudad es desastroso. Hay sectores en los que por el desgaste de la carpeta asfáltica afloran los viejos adoquines. Y esa imagen transporta al pasado y a su vez es un espejo de la dejadez.
Hablando de necesidades, más allá que el edificio pertenece a la Provincia, el Ejecutivo debería gestionar mejoras en el arrumbado edificio del Centro Cívico, por el que transitan miles de personas y que ni siquiera cuenta con ascensor.
En el mismo sentido aparece el obsoleto inmueble de la Terminal de Omnibus. Una estructura levantada a mediados de la década del 60 que ya cumplió su ciclo. Un lugar para el que se proyectó y promocionó abundantemente la construcción de una moderna terminal durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, pero no pasó de un amplio cartel publicitario frente a las actuales instalaciones, que el paso del tiempo oxidó y destruyó.
Obras de cloacas y agua también integran el paquete prioritario de una ciudad que se expande y que necesita de estos servicios.
Es de esperar que los gobernantes de turno y los que los sucedan, impulsen obras que el distrito realmente necesita. Que privilegien el sentido común y no la mirada individual, a veces pensando más en el rédito político que en el progreso de una ciudad que en varios aspectos se encuentra estancada desde hace muchos años.///