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    La mala costumbre que todo lo debe hacer el Estado

    26 de septiembre de 2021 | 22:31
    La mala costumbre que todo lo debe hacer el Estado
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    Primero tímidamente y con el paso del tiempo afianzándose a través de las políticas que en muchos casos tienen un componente populista, nos hemos acostumbrado a recibir diversas obras que vemos inocentemente como si fueran “regalos” del Estado.

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    El asfaltado años atrás de los tramos de las avenidas 42 entre 75 y 91, y de esta última entre 28 y 42, sin costo alguno para el frentista; y en la actualidad el recambio de luminarias en avenidas con la misma modalidad, solo son algunos aspectos de una profundización del concepto del Estado como dueño de todo lo que le comprende a la sociedad. Lo bueno y lo malo.

    No sólo se trata de obras. El mayor muestrario de la necesidad de salir en ayuda de “los que menos tienen”, y medidas oportunistas para evitar crisis sociales en vez de implementar políticas para que eso no suceda, también se ha traducido en el cúmulo de asistencias monetarias que provee el Estado. Millones y millones de pesos en prebendas de todo tipo, subsidios al transporte público y últimamente en la electricidad y gas, integran ese rosario de pseudo ayudas que a la larga igual las debemos pagar directa o indirectamente.

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    Hubo otro concepto

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    Volviendo a las obras de infraestructura que fueron moldeando nuestro desarrollo urbano, hubo otros tiempos en los que el ciudadano contribuyó para tales avances. Algo que obviamente no era solamente privativo de Necochea.

    Repasando en algunos ejemplos de lo que se puede considerar obra pública a cargo del vecino con posibilidad de financiación, algo necesario y justo por cierto, se materializó en la década del 60 cuando se inicia la colocación de la iluminación llamada luz blanca a gas de mercurio, lo más moderno de la época y a cargo en ese entonces de la empresa “Tubos y Perfiles”, la marca de esta empresa aún se puede ver en las columnas de la zona céntrica.

    La instalación se fue extendiendo por todos los barrios; e igual sistema de pago se aplicó para el asfalto de varias calles;  tiempo después al que hicimos referencia el caño maestro de desagües pluviales que desemboca en la playa, en el lugar llamado «el caño», también fue solventado por todos los contribuyentes.

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    A mediados de los 70 el  frentista también aportaría para el recapado asfáltico, para cubrir todo el empedrado de calles y avenidas, con pagos financiados para que se pudieran cumplir sin ahogamientos en la economía personal.

    La red de gas domiciliaria, también fue financiada con cargo al usuario, y el suministro lo cobraba la Municipalidad. Aunque durante el gobierno de Eduardo Duhalde la Provincia le entregó a Gas Pampeana, entre gallos y medianoche, la red de distribución domiciliaria que habían pagado los frentistas en varias ciudades de la Provincia. La obra de la red que fue solventada por los futuros usuarios quedó en manos de la empresa privada y ni siquiera les reconoció su aporte, aunque fuese con suministro de gas sin cargo por un tiempo. Un acto de gobierno que sería para el análisis en otro comentario.

    Luego llegaría el reasfaltado de la avenida 75, que más allá de sus idas y vueltas fue una obra gratuita para los frentistas, inconclusa si se quiere porque preveía  el entubamiento de todos  los cables del servicio eléctrico, telefonía y televisión. Algo que no se cumplió y un manojo de cables se aprecia de poste en poste,  una desprolijidad que salta a la vista.

    En el caso de la plazoleta central se adujo desde la Secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad que era una normativa provincial, que se debía ejecutar cuando se remodelaba una avenida.

    Luego llegaría la pavimentación de los tramos de las avenidas 42 y 91, en este caso sin cantero central, realizados gratuitamente para los frentistas revalorizando notoriamente los baldíos y viviendas de esas hoy transitadas arterias.

    Para completar, ahora sí,  la participación de los vecinos al progreso de la ciudad, últimamente apareció un “iluminado” electricista vendiendo por su cuenta el servicio de lámparas LED para instalar en la vía pública. La iniciativa fue bien tomada por el vecindario y fue captando el interés de la gente. La prestación comprendía también los trámites en el municipio pero se debía  contar con un propietario por cuadra predispuesto para que se ocupara de presentar el negocio a sus vecinos, que casi siempre aceptaron en su mayoría, a pesar del costo que en este caso se debería atender de contado.

    Viendo que incluso se usaban equipos de la Usina para el cambio de luminarias, y que los trabajos iban avanzando por distintas calles la Cooperativa se hizo cargo de la renovación bajo el mismo sistema de adhesión voluntaria. De esta manera se cambió la iluminación de varias cuadras, pero esto trajo también que hoy vemos  algunas con LED y otras en penumbras. Un fuerte contaste por cierto.

    Tiempo de obsequios

    En la vereda opuesta de este apuntalamiento del ciudadano al progreso, hoy en día los frentistas de las avenidas 10, 2, 79 y Diagonal, a la fecha, están de parabienes con la nueva iluminación,  y no han tenido que hacerse cargo del costo proporcional a su frente de la imperiosa obra de iluminación.

    El citado es un ejemplo más de ese desubicado y hasta ficticio acostumbramiento a que todo lo tiene que poner el Estado. Gratuitamente. Aunque sepamos que no es tan así

    Como corolario no hay que olvidar que estas prebendas que en suerte les toca a algunos, son posibles gracias al esfuerzo del resto de la sociedad, o mejor dicho de quienes producen, dan trabajo o laboran por su cuenta atendiendo tasas e impuestos.

    Todas las últimas obras que hemos mencionado más arriba han sido necesarias y benefician al conjunto de la sociedad. Son avance y progreso pero queda la duda de cuál es el criterio para que otras también necesarias queden postergadas y no se analice siquiera el viejo método de cargo al frentista. Vuelve a cuento que para los gobiernos no es rentable políticamente enterrar el dinero de los contribuyentes por ejemplo en cloacas ni servicio de agua corriente. Esto es consecuencia de un Estado central paternalista que gira fondos, como diciéndonos dejá que yo me encargo, cosa que a la larga no es así.

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