La memoria de una ciudad distinta
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Nelly Esther Escobar se ha dedicado a mantener vivo el recuerdo de su padre, el escritor y docente Eduardo Escobar, autor de 55 libros, entre ellos algunos fundamentales para la historia local
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Teté conserva uno de los archivos históricos más valiosos de nuestra ciudad: el de su padre, el escritor y docente Eduardo Escobar.
Para esta vecina inquieta de 85 años, esta es una época especial del año, ya que el 25 de mayo se conmemora el aniversario del fallecimiento de Escobar.
Nelly Esther Escobar (Teté, como le dicen desde niña), es la más chica de los cuatro hijos del escritor y de María Magdalena Cardenau.
Precisamente por ser la más chica, Teté tenía la tarea de atender cuando alguien llamaba a la puerta de su casa de la calle 61. «Mi padre atendía a todos por igual, fuera el cartero o una figura de las letras como su amigo Arturo Capdevila”, explicó.
A pesar de tratarse con algunas de las personalidades más importantes de la política y la cultura de la ciudad y el país, Escobar no perdía la humildad y la sencillez.
Teté dice que su padre recibía cartas de vecinos notables, como Román De Lucía hijo, quien le escribió alguna vez sobre la extrema pobreza en la que vivía Angel I. Murga, el fundador de Necochea.
En los últimos años, ha sido el compromiso de Teté lo que ha permitido un resurgimiento de la figura de Eduardo Escobar.
Fue ella quien se encargó hace unos años de distribuir en escuelas y bibliotecas de la ciudad el más conocido de los libros de su padre: «Necochea ciudad progresista y poética”.
Ese pequeño volumen de tapas amarillas, fue reeditado por María Magdalena Cardenau, esposa de Escobar y madre de Teté.
En ese libro se registra de primera mano la historia de la ciudad. Francisco Baños y Román de Lucía, que participaron del acto fundacional, aportaron mucha de la información que utilizó el escritor para su libro.
Pero Teté explicó que su padre no sólo escribió lo que otros le contaban, sino que conocía a los fundadores.
Como ejemplo basta señalar que Escobar fue alumno de Manuela Murga, hija del fundador.
Memoria
Teté siempre se ha considerado la menos intelectual de los cuatro hijos de Escobar. «Yo soy como mi mamá. Lo mío son la limpieza y las plantas”, afirmó.
Sin embargo, en la actualidad Nelly Escobar es también la memoria que conserva los recuerdos de una ciudad más solidaria, habitada por vecinos de ideales y valores altruistas, más interesados en el bien común que en el personal.
Recuerda el Ateneo Necochense, fundado por su padre y otros destacados necochenses con el objetivo de cultivar a los pobladores de la entonces provinciana ciudad de Necochea.
Conserva fotos donde se la ve junto a su padre en el Cine Teatro París, cuando el Ateneo realizó los Juegos Florales.
También permanecen en su memoria otros hombres y mujeres hoy olvidados que aportaron desinteresadamente al progreso de la ciudad, como su abuelo materno, quien pagaba de su bolsillo muchos de los gastos del Hospital General Díaz Vélez, fundado por la Sociedad de Beneficencia.
O amigos de su padre como el doctor Rodolfo Faggioli o el escultor Franco Fúrfaro, quien diseñó el monumento al Libertador San Martín.
El maestro
Pero Teté no sólo recuerda al autor de 55 libros, también destaca con especial cariño la labor docente de su padre.
Eduardo Escobar había llegado de España a la Argentina a los 5 años, por eso se sentía completamente necochense.
A los 22 años se recibió de maestro normal infantil y luego de maestro normal elemental.
Realizó una intensa tarea como docente en Necochea, San Cayetano y Balcarce. Se jubiló muy joven de la actividad, pero logró un gran reconocimiento de sus pares.
Escobar falleció a los 63 años, el 25 de mayo de 1957.
Con el paso de las décadas, su figura intelectual ha alcanzado una estatura nunca igualada.
Sin embargo, en gran parte su recuerdo se debe hoy a Teté, quien se ha preocupado por hacer conocer sus libros y mantener viva su memoria.
Hace unos años, se le impuso el nombre de Eduardo Escobar a una calle y el año pasado fue declarado ciudadano ilustre por el Concejo Deliberante.
Ahora Teté pretende asegurarse de que mucho del material de su padre que conserva en su casa vaya al museo, porque forma parte de la historia de la ciudad. Para ella es una forma de mantener viva esa Necochea provinciana, de gente solidaria y calles tranquilas.