La miel, la pandemia y la desaparición de las abejas
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La apicultura local atraviesa un buen momento tras años de grandes cambios, la escasa demanda del mercado local, las exigencias de la exportación y la incertidumbre respecto a los peligros que acechan a los polinizadores
Décadas atrás era común ver colmenas en los campos, en las chacras, en las quintas de las zonas suburbanas del distrito. Hoy prácticamente no se ven, parecen haber desaparecido. Esto, mientras grupos vinculados con la defensa del ambiente alertan sobre una preocupante reducción de la población de abejas.
Pese a ello y a la pandemia de coronavirus, los apicultores de la región pasan por estos días un buen momento. No existen en el distrito tantos como hace tres décadas, pero en los últimos años han logrado adaptarse a un mercado en el que los estándares son la regla
Según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (Magyp), entre los países productores de miel, la Argentina se ha posicionado en el tercer lugar a nivel mundial, después de China y Estados Unidos, lo que representa el 70% de la miel producida en el hemisferio sur del continente americano, a la vez que concentra el 25% de la producción de todo el continente, y el 6% del total producido en el mundo (CFI).
“El año pasado fue muy positivo y esta primavera pinta bastante bien”, afirmó José Luis Fernández, de la Asociación de Apicultores de Necochea-Quequén.
En el distrito en la actualidad hay entre 50 y 60 apicultores en actividad, un número reducido si se tiene en cuenta que llegó a haber más de 200 décadas atrás. Pero las reglas han cambiado y también las exigencias.
Mientras el bajo consumo de miel en la Argentina obliga a exportar la mayor parte de la producción. “No hay consumo. En la Argentina el consumo por persona es de 200 gramos por año. Afuera de 3 kilos por año”, explicó Fernández.
“El consumo local es muy bajo, así que el 90% es para exportación”, señaló e indicó que durante la pandemia se ha notado un incremento en la demanda interna.
Adaptación
En los últimos años la actividad ha debido adaptarse a los estándares exigidos por los mercados foráneos. Quienes deseen exportar su miel deben cumplir con los exigentes sistemas de seguimiento del producto.
“Ahora hay trazabilidad desde que llega el tambor”, explicó Fernández.
A ello se suma la reglamentación vigente que sólo permite la extracción de miel en salas habilitadas.
El núcleo urbano Necochea-Quequén ha sumado en los últimos años varias salas de extracción. Aunque todas son privadas y la única sala comunitaria sigue siendo la de Juan N. Fernández.
“Lo de las salas de extracción sigue siendo un problema y ahora cualquiera que quiera instalar una deberá hacerlo fuera del perímetro de la avenida Circunvalación”, indicó Fernández.
No obstante, entre los apicultores locales existe optimismo por el interés demostrado por el municipio en la actividad.
“Estuvimos hablando con Matías Sierra, subsecretario de Inversión y Desarrollo Productivo, y nos dijo que quieren hacer algo con nosotros en el Parque Industrial”, afirmó Fernández. “Están entusiasmados con eso, lo que es un cambio importante, porque con el anterior gobierno no hubo diálogo”, precisó.
Fernández también destacó la labor del Senasa, que les permite a los apicultores locales contar con información precisa respecto a la ubicación de colmenas y la fumigación.
Señaló que esos datos son esenciales porque “para la apicultura el gran problema es la fumigación”.
Esto, que parecería un problema sólo de los productores de miel, es en realidad una cuestión que impacta de lleno en toda la sociedad (Ver recuadro “En peligro”).
“Están quedando cada vez menos abejas y eso es muy preocupante si se piensa que entre el 70 y el 80% de todas la plantas son polinizadas por las abejas”, precisó Fernández.
La fumigación ha obligado a los apicultores a convertirse en trashumantes. “Nosotros trasladamos mucho las colmenas. Las llevamos a lugares donde no se fumiga”.
Panorama nacional
Según el Magyp, en la Argentina, entre el 90 y el 95% de la producción se exporta a granel.
El país cuenta con unos 11.532 productores registrados en Registro Nacional de Productores Apícolas (RENAPA) y más de 2,5 millones de colmenas.
En los últimos años, el país ha enfrentado una baja en la producción y exportación de miel, producto de factores climáticos, el avance de la agricultura y con ello las consecuencias del uso de los agrotóxicos, el avance del mercado asiático en la apicultura y el aumento, en algunas regiones del país, de las poblaciones de Varroa .
Gran parte del territorio argentino es apto para el desarrollo de la actividad, y presenta distintos potenciales productivos tanto para la miel como para otros productos de la colmena. Aun así, Buenos Aires es la provincia con mayor concentración de la producción, tiene alrededor de 915.000 colmenas, según fuentes oficiales de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, seguida por Entre Ríos con unas 572 mil colmenas, Santa Fe cuenta con unas 295, Córdoba con números similares (alrededor de 255 mil) y La Pampa con cerca de 208 mil.
El rendimiento promedio de la miel, a nivel país, es de alrededor de 25 kilogramos por colmena, por año. Estos niveles de productividad presentan una alta variabilidad a lo largo del territorio; por un lado, debido a la distinta oferta regional de néctar, y por otro, debido a la brecha tecnológica entre los distintos productores.
La región central es la que concentra mayor número de productores y de colmenas. Representa el 70% del total de la producción; es la región que más aporta a la actividad. También es la región que cuenta con mayor número de salas de extracción y plantas de procesamiento.
Así mismo, la industria proveedora de insumos apícolas, muestra en la región un fuerte desarrollo; más de las 20 empresas fabricantes de maquinaria, 25 fabricantes de colmenas, 30 de cera estampada, indumentaria y medicamentos, satisfacen íntegramente la demanda de la apicultura argentina. La industria en un constante proceso de mejoramiento, ha alcanzado un nivel de desarrollo que le ha permitido incursionar con éxito en el mercado internacional.
Este impulso que brinda la región viene acompañada no sólo por las condiciones climáticas favorables, sino también porque es una zona ganadera, dos actividades productivas ligadas.
Los datos de la miel
Si bien la miel es el principal producto exportable de la apicultura argentina, en los últimos años, se ha convertido también en una importante productora y exportadora de material vivo, de cera, propóleos, polen, maquinarias y equipos para la extracción y procesamiento de miel; servicios de polinización; partes e implementos de colmenas y servicios de consultoría.
Por otra parte, los productos derivados de la actividad principal van ganando terreno. Este avance viene acompañado por mejoras tecnológicas, de sanidad y de producción.
De acuerdo a datos del Magyp, las empresas exportadoras compran la miel directamente a los productores o acopiadores distribuidos en distintos puntos del país.
La exportación a granel, se encuentra bastante concentrada ya que más del 60% de las exportaciones se concentran en menos de 10 empresas. El 46% de los encuestados no fracciona, el 21% sólo fracciona entre un 1 a 30% del total de la producción, un 13% entre un 31 a 60%, el 3% fracciona del 61 al 99% y, un 17% realiza el 100% del fraccionamiento de la miel.
Estos números expresan lo mencionado anteriormente, donde el canal de comercialización para la mayoría de los apicultores es el acopiador y las empresas exportadoras.
Se puede concluir que que la producción apícola continúa en auge y de gran expansión. La participación a nivel exportación continúa en alza por la calidad del producto y los avances tecnológicos que se viene desarrollando.
En este marco, es de gran importancia para el productor la trazabilidad y la sanidad. Eso se ve reflejado en la cantidad de apicultores que cuentan con las habilitaciones correspondientes (tanto municipal como la resolución SAGYPA 870), que hacen monitoreo de varroa y que realizan inspección de colmenas y recambio de reinas.
Esto, viene acompañado por resoluciones sanitarias establecidas por Senasa, como el registro de forma gratuita y obligatoria en salas de extracción y el control obligatorio de la varroosis.
De acuerdo a un informe del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, la competitividad exportadora en las empresas argentinas tiene forma de pirámide, son muy pocas las que nuclean el mercado, controlando los precios de los apicultores que la venden a granel y realizando la mezcla de diferentes mieles, perdiendo la capacidad de realizar productos fraccionados aportando valor agregado y mejorando los precios de los apicultores, hoy ya fijados por el acopiador.
En peligro
Recientemente, la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA) junto a más de 200 organizaciones solicitaron a la Relatoría Especial de los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (Redesca) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “que se tomen medidas urgentes en defensa de las Abejas, de la Biodiversidad y de la Naturaleza”.
El pedido se basa en que “las abejas son esenciales y se encuentran entre los más importantes polinizadores responsables de asegurar la disponibilidad de alimentos en el mundo y garantizar la diversidad biológica permitiendo el equilibrio ambiental. La desaparición de las poblaciones de abejas implica un impacto letal en el resto de las especies del planeta y de la vida misma tal como la conocemos. De allí la necesidad de solicitar una recomendación para los países que integran la Organización de Estados Americanos (OEA) para que analicen acciones orientadas a protegerlas”.
En el documento presentado recomiendan declarar a las abejas Patrimonio Natural por constituir la “polinización” una actividad esencial “para garantizar la Preservación de la Diversidad Biológica y, en consecuencia, el Derecho Humano a una Alimentación Adecuada.”
– 3 de cada 4 cultivos que producen frutos o semillas para consumo humano dependen, al menos en parte, de los polinizadores.
– Mejorar cantidad y diversidad de polinizadores aumenta el rendimiento de los cultivos: los polinizadores afectan al 35% de las tierras agrícolas mundiales, lo que respalda la producción de 87 de los principales cultivos alimentarios del mundo.
– Los productos alimenticios que dependen de la polinización contribuyen a las dietas saludables y a una mejor nutrición.
– Los polinizadores están en peligro: la agricultura sostenible puede reducir el riesgo para los polinizadores al ayudar a diversificar el paisaje agrícola y hacer uso de los procesos ecológicos como parte de la producción de alimentos.
– Proteger a las abejas protege la biodiversidad: la gran mayoría de los polinizadores son silvestres, incluidas más de 20.000 especies de abejas.///