La misteriosa desaparición de Adriana Celihueta cumple 33 años de marcada impunidad
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“A pesar de todo, sigo con la esperanza que alguien ofrezca algún dato concreto”, dijo la madre de la víctima, Ivis “Mimí” Vaio
La señora Ivis Vaio, más conocida como “Mimí”, va a recordar hoy a su hija durante una misa que se oficiará a las 20, en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen. Claro, no tiene un sitio para llevarle una flor o acercarle una lágrima frente a una lápida.
Pasaron 33 años de aquella noche que Adriana Celihueta (29) se retiró de la casa de calle 64 entre 73 y 75, pero ella le dijo a su madre: “No laves los platos, yo me encargo cuando vuelva…”.
Era una velada calurosa del 15 de enero de 1987. La veterinaria salió de su hogar y nunca más volvió. Faltaban 37 días para su casamiento con Fernando Iparraguirre, también veterinario de una localidad de la provincia de La Pampa.
La causa judicial nunca tuvo imputados, pasaron los jueces, fiscales, policías que investigaron pero sin ningún resultado favorable. Se trata de una misteriosa desaparición de una mujer en una etapa de plena Democracia en el país.
“Con esperanza”
“Mimí” Vaio habló brevemente con Ecos Diarios y dejó una frase que da para la reflexión: “La esperanza no se cansa de aguardar, espera la vida entera, aún, sin llegar nunca”, señaló la mamá de Adriana Celihueta.
La mujer reconoció que dicha expresión “la extraje de un almanaque. Se la leía a mi esposo Carlos (Celihueta), quien ya hace más de cuatro años que murió y nunca pudo saber qué fue lo que pasó con nuestra hija, aunque creemos que la asesinaron”.
La familia de Adriana consideró que este caso “es una deuda muy grande que tiene la Justicia por no llegar a la verdad” de lo sucedido en 1987.
Búsqueda infructuosa
Nunca hubo imputados en la causa. Se hicieron excavaciones en una veterinaria y en el jardín de una vivienda de Quequén, donde habitaba un sospechoso de la desaparición.
Los policías hasta desmontaron un médano completo frente a la costa y sólo apareció un anillo de Adriana.
Fue hallado en un pozo ciego del local comercial de Quequén, que fue tapado después de la desaparición de la veterinaria, pero los investigadores policiales y judiciales nunca pudieron dar con el cuerpo de la profesional.
El auto de Adriana, un Dodge Polara, fue encontrado en la mañana del 16 de enero de 1987, en cercanías al Parque Miguel Lillo: tenía las llaves sobre un asiento, la puerta del conductor estaba abierta y los documentos de la veterinaria tirados sobre la arena.
La policía cree que ella se llevó un arma de la casa que habitaba con sus padres y quiénes estuvieron a cargo de la pesquisa tampoco supieron determinar por qué razón.
Todo un enigma que ni la Justicia ni la Policía resolvieron.