La misteriosa paloma anillada en la escollera
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Durante meses convive con volátiles de su especie y los lobos marinos. Aún se desconoce si forma parte de una investigación
Entre las curiosidades del reino animal en relación a nuestra ciudad y zona costera, se encuentra la convivencia que durante meses hacen con la colonia de lobos marinos de la escollera, distintas aves asociadas como las gaviotas cocineras y palomas antárticas.
En ambos casos se alimentan del subproducto (excremento) de los lobos, en una tarea de limpieza en el llamativo equilibrio de la naturaleza, aunque desde 2016, en la que fue detectada por primera vez, llama la atención una paloma antártica anillada en una de sus patas, que viaja anualmente miles de kilómetros para llegar a Necochea. Y dilucidar su origen ha pasado a ser una misión para los amantes de la fauna costera local.
Entre ellos se encuentra el divulgador, observador y fotógrafo de fauna, Ricardo Doumecq Milieu, quien en principio explicó que “las palomas antárticas (Chionis alba) en realidad es un ejemplar del orden Charadriiforme, grupo variado de aves voladoras desde pequeñas a grandes como gaviotas, ostreros, teros y chorlos”.
La blanca visitante anida y habita en cercanías de colonias de lobos o aves marinas en las costas de las Islas Georgias, Sandwich, Orcadas, Shetland del Sur, el archipiélago Antártico, las islas Malvinas, Tierra del Fuego, la isla de los Estados, Santa Cruz y Chubut y migran en invierno a latitudes tan lejanas como Uruguay. Aunque en su mayoría rara vez superan la provincia de Buenos Aires.
Con un anillo
En nuestro asentamiento el número de individuos es variado a lo largo del año. Luego de la etapa reproductiva de verano el número aumenta hacia el invierno cuando es máximo y aproximadamente superior a 50 individuos. Luego vuelve a decrecer al llegar la primavera, pero no desaparece, ya que siempre quedan entre 10 y 20 individuos que no migran.
Dentro de ese grupo de palomas antárticas migrantes, el integrante de Aves Argentinas contó que “en agosto de 2016 detectamos a esta ave con un anillo plástico amarillo y negro con el número H020. Es algo importante para nosotros, ya que hemos colaborado en muchos casos anteriores pues el anillado científico de aves es una técnica que permite el seguimiento de los individuos en el tiempo y el espacio. A su vez, cada anillo posee un código de letras y números que permiten la identificación a nivel individual. Los estudios están dirigidos al seguimiento de poblaciones, características de su migración, de manera de actuar en caso de que haya que paliar cualquier déficit poblacional”.
Una vez descubierto el ejemplar se dio aviso al departamento de anillamiento de Aves Argentinas y “Rubén della Casa nos contestó que no conocían ninguna línea de trabajo con ésta especie, pero que consultarían internacionalmente”, recordó Doumcq Milieu, para acotar luego que “posteriormente se hicieron consultas a diversas entidades ligadas al tema como el Centro de Estudios Marítimos Patagónicos; la Fundación Inalafquen de San Antonio Oeste, “ y a través de Dr. Marco Févero, especialista del Conicet en esta especie, quien sugirió que podría tratarse d algún trabajo alemán en Shetland, aunque se indagó en el Instituto Antártico, con resultado negativo en todos los casos”.
Continuando la investigación se supo de un trabajo alemán en las Shetlands, aunque se aclaró que hace más de 20 años que no se anilla a dicha especie. Y la última indagación sobre el tema, aún sin respuesta, ha sido planteada desde Aves Argentinas a la base ucraniana Verdnasky, en la Antártida.
“Nos ha sido imposible hasta ahora develar el misterio de quién anilló a esta ave, pese a haber consultado a la gran mayoría de científicos que estudian las especies antárticas. Mientras tanto nuestra amiga sigue viajando todos los años los 5.400 km de ida y vuelta entre su lugar de nidificación y Necochea. Sabemos que lo hace ininterrumpidamente desde 2016, pero tal vez lo lleve a cabo desde muchos antes”, concluyó en tono enigmático el amante de la naturaleza.