La música, los idiomas y la vocación de enseñar
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Isolina Bossio es una de las creadoras del Concurso Nacional de Piano “Ciudad de Necochea”. Fue alumna del recordado pianista José Falcone. Estudió enfermería y quería ser médica
La música, los idiomas y una profunda vocación por enseñar han marcado la vida de Isolina Bossio, una de las profesoras de piano de mayor trayectoria en nuestra ciudad. Alumna del ya legendario profesor Falcone, ella quería ser médica, estudió enfermería y también instrumentista quirúrgica, pero fue en la enseñanza donde pudo volcar toda su persona.
Siempre le gustó enseñar. Aunque en la niñez abría el abdomen de sus muñecas de trapo con unas tijeras para curarlas y luego las cosía. El inolvidable médico Belisario Flores le decía que ella estaba destinada a la medicina.
Pero fue en la música y en los idiomas donde encontró su lugar. Hija de un inspector del Ministerio de Trabajo, Isolina llegó con sus padres a instalarse a Necochea en la niñez.
Sin embargo, su familia estaba vinculada a la ciudad desde la fundación. Uno de sus abuelos llegó de Ayacucho a lomo de mula antes de 1881.
En Buenos Aires, de muy chica, Isolina había estudiado danzas clásicas y cuando llegó a Necochea su madre le preguntó si quería seguir con el baile. Ella, que no estaba muy segura de que la calidad de los profesores de danza de la ciudad, decidió estudiar piano.
Así fue como con 14 años ingresó al Conservatorio Beethoven, que en esa época dirigía el profesor José Falcone. Al poco tiempo ya ayudaba al profesor con los alumnos más nuevos.
Fue allí donde Isolina comenzó a sentir la vocación por la enseñanza. Aunque ella seguía soñando con estudiar medicina y francés.
Su padre sin embargo, no estaba muy seguro de que la medicina fuera una profesión para ella. Le permitió estudiar enfermería y también instrumentista quirúrgica, pero nunca la dejó ejercer esas profesiones.
También fue él quien insistió para que, en vez de francés, estudiara inglés, algo que Isolina aún agradece.
Fue a estudiar con una de las primeras profesoras de inglés de la ciudad, Sara Ansiaume, que daba clases en el Pío XII.
La vocación
Isolina estudió en el viejo Colegio Nacional y tuvo entre sus profesores a recordados personajes de la ciudad, como Manuela Murga. “Era el mejor colegio secundario de la provincia de Buenos Aires”, dijo.
Si bien desde los 16 años ya había comenzado a ayudar a Falcone en el conservatorio y lo más natural parecía que ella se dedicara a la enseñanza de música en las escuelas, ella se negó.
Tras recibirse de profesora de piano en el conservatorio, que dirigía en Buenos Aires la concertista Pía Sebastiani, y luego de realizar una especialización en inglés en el instituto Cambridge en Buenos Aires, ella se volcó a la enseñanza particular.
Mientras, siguió con su vocación por los idiomas y estudió francés, italiano y también esperanto, este último con el profesor Enrique Balech.
En 1975, luego de años de trabajar en el conservatorio junto a Falcone, ella debió hacerse cargo de la dirección cuando el maestro falleció. “Los hermanos de Falcone me dijeron que yo debía ocupar ese lugar”, explicó Isolina.
Fue así como decidió trasladar los pianos del conservatorio a su casa y desde entonces hasta ahora sigue volcada por entero a la enseñanza. Tampoco ha dejado de enseñar inglés, mientras que sigue con sus estudios de italiano y francés, dos idiomas que empezó a amar al escuchar hablar a uno de sus abuelos.
Si bien Isolina no tiene hijos, decenas de personas se han convertido en sus hijos musicales con el paso de los años.
Durante mucho tiempo realizó las galas de fin de año de sus cursos en el Casino y otros escenarios de la ciudad, hasta 2007, cuando fue convocada por Zilda Balsategui para que aquellos conciertos de alumnos se llevaran a cabo en el Centro Cultural.
Isolina también tiene en su larga trayectoria profesional un logro que se ha convertido en un hito en la historia cultural lugareña: es una de las fundadoras del Concurso Nacional de Piano “Ciudad de Necochea”.
Este concurso surgió por impulso de Isolina, Claudio Rondina y Nélida Catáneo y se convirtió en uno de los certámenes de piano más importantes del país, por el que pasaron algunos de los pianistas más virtuosos de las últimas décadas.
Sin embargo, para ella su principal orgullo son sus alumnos. Varios de ellos se destacan en la actualidad, como Federico Rojas y Daniel García.
Ella afirma que para enseñar hay que sentarse junto al alumno hasta que aprenda.
Para ello Isolina modificó el método con el que ella aprendió. Cuando comenzó a estudiar, los aprendices no tocaban el piano hasta avanzar en la teoría y el solfeo.
“Yo cambié eso”, dijo Isolina, que en la primera lección sienta al alumno frente al piano y le enseña cuál es el do y a partir de allí, con una simple mirada, puede distinguir las notas de cada tecla.
Su vocación de enseñar parece tan inagotable como su deseo de seguir aprendiendo…
