Centro Cívico, una remodelación que no llega
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Es un lugar con mucho movimiento en oficinas provinciales y municipales, pero ya está demandando atención
Sabemos lo que pasa si se llega demasiado tarde con las ideas y propuestas. Todavía está “fresco” el antecedente del Casino, que se volvió un gigante insostenible e inviable para cualquier proyecto por no haber hecho las cosas a tiempo.
Por el siglo XVIII, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, Benjamín Franklin, ya aconsejaba, “no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy”.
Pues hoy, el Centro Cívico, en pleno centro de la ciudad, todavía está de pie y con mucha actividad, pero no por eso hay que dejar que se venga abajo. El mantenimiento se tiene que hacer cuando se tiene que hacer. Después puede ser tarde.
Todavía no se requiere de una inversión gigante para mantenerlo más o menos en condiciones y, considerando que es un espacio que usa tanto la Municipalidad como la Provincia, los fondos deberían poder aparecer en los presupuestos, de un lado o del otro.
Las luces
Por ejemplo, un aspecto que debe ya empezar a cambiarse es el de la iluminación interior y exterior. El edificio está frente a la plaza principal de la ciudad y junto a la parroquia céntrica. Resulta increíble que siga teniendo el mismo tipo de luminarias que cuando se fundó, hace más de 40 años.
Ya al entrar y mirar para arriba, se puede ver un techo marrón oscuro en un estado bastante deplorable, con tablas salidas y amenazando con caerse en la cabeza de alguien en cualquier momento. En ese techo medio destruido hay en la planta baja más de 60 huecos para poner tubos fluorescentes. Y es que generalmente son eso, huecos, porque la mayoría de los portafluorescentes no están y solo seis tubos están instalados y alumbrando. Seis, entre más de 60.
Este escenario se repite en todos los pisos. Es real que no es necesario que haya 60 tubos fluorescentes prendidos porque eso, además de generar un gasto innecesario de energía, también sería bastante inútil ya que el Centro Cívico tiene mucho vidrio y es bastante luminoso gracias a eso.
Sin embargo, ya es hora de que se vaya pensando en hacer un cambio total de luminarias en el interior y exterior, colocando lámparas led que reduzcan el consumo y generen una mejor iluminación, dejando de lado sistemas eléctricos que están bastante obsoletos. Estamos hablando del centro de la ciudad. Estas cosas deberían ser más obvias, pero no lo son.
En el año 2008 ya se había dicho que el edificio necesitaba de una reparación integral de la instalación eléctrica y de agua que demandaría una inversión de 1,5 millones de pesos. No es necesario aclarar que hoy el monto necesario sería muy superior, no solo por la caída del valor del peso argentino sino también por lo desmejorado del lugar en cuestión.
Poco accesible
El Centro Cívico, además de tener un sistema eléctrico y de iluminación antiguo, también tiene un serio problema de accesibilidad para los tiempos que corren. Por ser un lugar donde funcionan organismos estatales y en el que se hacen a diario muchos trámites de diverso tipo, debería considerarse la instalación de un ascensor para que las personas con movilidad reducida o con alguna discapacidad puedan acceder a todos los pisos sin mayores inconvenientes.
Actualmente, si alguien quiere acceder a hacer los trámites referentes a la licencia de conducir, debe subir 25 escalones (sin contar los de la entrada del edificio), y si quisiera ir al Servicio Zonal de Promoción y Protección de los Niños, Niñas y Adolescentes, deben subirse 37 escalones. Tarea difícil para alguien con poca movilidad.
Pero cuando se habla de accesibilidad, no es necesario ni siquiera pensar solo en las personas con alguna discapacidad. Es que al edificio es difícil acceder porque no le andan las puertas.
De las tres puertas de vidrio giratorias que tiene en la planta baja no le anda ninguna desde hace años. La modalidad de “lo atamos con alambre” hizo que luego se le haga a la planta baja un injerto con una puerta blanca común que desentona con todo el vidrio que la rodea y también la terminaron clausurando.
Hoy solo hay abierta una puerta de vidrio, de una sola hoja, por la que entran y salen cientos de personas todas las semanas. Para el que no sabe, es un desafío encontrar la puerta que anda.
Frente a la única puerta de entrada, al otro lado del pasillo, hay una escalera corta que va a un pequeño espacio donde hay algunas oficinas más. Ahí, donde espera a ser atendida la gente que va a esas oficinas, hay un viejo sillón de tres cuerpos con almohadones percudidos y una fotocopiadora que parece estar abandonada en un rincón desde hace meses.
La humedad en las paredes en todos los pisos da cuenta de que los desperfectos en las instalaciones de agua tampoco se han solucionado.
Ya en el último piso se puede observar que hay cajas apiladas en los pasillos con papeles de los juzgados de faltas. Poca gente llega hasta el final de las escaleras pero resulta curioso que no existe presencia policial constante en el lugar para controlar que no se den actos de vandalismo. Lo que sí hay es un encargado del mantenimiento que vigila el lugar.
Oficinas funcionales
Lo que lo ayuda al Centro Cívico a que no sea una postal del olvido es que hay mucho movimiento y que las oficinas que están funcionando, en términos generales, se encuentran bien y están bastante prolijas.
El problema, entonces, no es algún espacio en particular, sino el conjunto. El edificio necesita que alguien se acuerde de que lo tienen que mantener para que no suceda lo mismo que ha pasado con otras estructuras en la ciudad.