Señalizar calles con criterio uniforme
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En 1953 se las empezó a llamar por número. Se mantuvo también el nombre que llevaban. Es aconsejable seguir respetando esa costumbre. Diversidad y falta de placas
Se ha iniciado la renovación parcial de las cartelería vertical que identifica a ciertas calles. El casco urbano, señalizado, es un muestrario de carteles de todos los tamaños, con una diversidad de tipografía y colores que han perdurado por varias décadas a esta parte. Una especie de “cambalache” que mucho dista de una ciudad ordenada y prolija
Las tareas comenzaron en el sector de la plaza Dardo Rocha, con la numeración de las avenidas y la altura de las distintas cuadras, a la vez que se han empezado a colocar carteles en algunas arterias que recibieran nombres en un tiempo no muy lejano.
En este último caso se puede mencionar al tramo de la avenida 42, que va desde avenida 75 a la 10 que lleva el nombre de Enrique Balech, en honor al reconocido científico que residiera en nuestra ciudad; o en el caso de Quequén, a un tramo de la calle 509, a la que hace poco se le instauró el nombre de la docente Lucrecia M. Dietrich de Gil.
Si se compara a ambos carteles, en el caso del de Balech ha sido colgado de uno de los semáforos de 42 y 75, que le da un toque de desprolijidad, a la vez que se trata de un cartel relativamente chico, poco perceptible para conductores y transeúntes.
Si se consideran las pantallas que se ubicaran en el radio de la plaza Rocha y el que homenajea a Lucrecia Dietrich, que son uniformes en tamaño, color y letra, el de Balech rompe la simetría y suma otro modelo a las decenas de carteles existentes en la ciudad.

Número y nombre
Uno de los aspectos positivos y que sería interesante ir replicando en las distintas calles o avenidas se observa en los mencionados carteles de Quequén, donde arriba aparece el número de la calle, debajo el nombre (Dietrich) y luego la altura.
Aunque tal vez se desconozca, la mayoría de las arterias de Necochea llevaban nombres de próceres, hechos históricos o vecinos destacados. Homenajes que se deberían mantener, más allá de que los números sirven para una rápida y práctica guía.
La determinación de ponerles números a las calles (pares en las paralelas al mar e impares en las paralelas al río), surgió mediante la ordenanza que aprobó el Concejo Deliberante en su sesión del 28 de mayo de 1953.
En algunas esquinas, sobre todo del casco viejo de la ciudad, yacen carteles con los nombres de otros tiempos, en placas de loza que han permitido que permanezcan tan relucientes como el día que se las colocó.
A manera de ejemplo, la avenida 59 se llamaba Adolfo Alsina hasta la plaza; la 58, desde el río a la 59 Sarmiento y desde allí a la 75, Del Valle; la 61, desde 58 en sentido ascendente en la numeración Angel I. Murga y en el sentido contrario Victorio De la Canal, en honor a los fundadores de Necochea; la calle 62, Belgrano; la avenida 43, Vélez Sarsfield; la 51, Alvear; la 49 Alcorta; la avenida 42, desde el río a la 59, Quintana y de la 59 hacia el oeste, Vicente López; y la avenida 10 República Oriental del Uruguay. Hoy muchas mantienen estos nombres y a otras se los ha cambiado caprichosamente.
En el compendio de nombres aparecen el de vecinos que sobresalieran por alguna cuestión y cuyos “lauros” han quedado en el olvido y son desconocidas por las nuevas generaciones. No hacemos referencia a ellos por no caer en la posibilidad de caer en algún inmerecido olvido.
En los domicilios
Otro de los aspectos en los que no existe uniformidad, aunque en este caso con el correr del tiempo se liberó el frentista tuvo que hacerse cargo para que disponga de qué forma se identifica la numeración de su domicilio
No sólo se trata de carteles de distinto tamaño o material, sino que son numerosos los casos en los que ni siquiera existen, lo que dificulta enormemente la ubicación de los inmuebles, aún para los taxistas o remiseros. La situación se repite en los cruces de calles de zonas alejadas.
Una ya descuidada reglamentación municipal al respecto, de la cual hay muestras en distintas frentes: chapas enlozadas ovales y ubicadas a la misma altura, donde el número de la calle aparecía en la parte superior, sobre fondo azul y debajo a mayor tamaño, el número de la altura, con fondo blanco. En algunos casos, las más antiguas, en la parte inferior de la chapa también se leía el nombre de la calle.
Más allá del cambio de usos y costumbre, se hace necesario un acondicionamiento general en materia de señalización. Una cuestión
que lejos de ser nimia, habla de una ciudad ordenada si se respeta en la cartelería normas referidas a tamaño, tipografía y colores como se aprecia, en tal sentido, en muchas ciudades del mundo.///