La nocturnidad: un tema que preocupa y sigue sin resolverse
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Los boliches abrieron con un estricto protocolo pero proliferan las reuniones en sitios públicos. Tres locales abiertos desde las fiestas
La nocturnidad parece haber entrado en una encrucijada de complicadas aristas porque, mientras los boliches reabrieron sus puertas ajustados a un estricto protocolo por el Covid-19, se ha impuesto la moda de reunirse en espacios públicos, lo que deja en evidencia la falta de control por parte del municipio.
Las fiestas de fin de año significaron la vuelta al trabajo de tres locales bailables de nuestro medio que debieron adaptar su espacio y hacer inversiones para dotarlos de mesas y divisiones que aseguren el distanciamiento entre los clientes, con un cupo que cubre sólo el 50% de su capacidad total.
Sin embargo, durante Navidad y Año Nuevo la gente se volcó por los encuentros al aire libre, pero para ello se utilizaron espacios públicos como el Parque Miguel Lillo o la playa, donde grupos de jóvenes se reunieron a festejar, generando desorden y ruidos molestos hasta pasada la madrugada.
Esta situación genera preocupación y descontento entre los dueños de boliches que apostaron por una temporada de trabajo, luego de casi nueve meses de nula actividad.
En ese sentido Marcelo Conzono, dueño de un local en la 87, indicó que “estamos limitados porque si motivamos al público a pasar una noche de fiesta, tendríamos problemas”.
Esta situación también podría ocasionar trastornos porque muchos de los interesados en asistir no podrían entrar o se desbordaría la capacidad de lugar.
Crítico
En el transcurso de la semana los representantes de los tres boliches que volvieron a trabajar, mantuvieron una reunión con el secretario de Gobierno, Jorge Martínez, quien les explicó los protocolos y se comprometió a controlar las mediciones de las mesas y lo referido al distanciamiento.
“Quieren que la gente se mantenga en un lugar pero le explicamos que hay un momento crítico de la noche, que es cuando los clientes quieren ir al baño”, sostuvo el comerciante.
Desde hace varios meses que se viene trabajando en lo referido al protocolo gastronómico y demás medidas de seguridad para evitar la propagación del Covid-19 y los empresarios han tenido buena predisposición y voluntad de volver a trabajar y, de alguna manera, tratar de erradicar las fiestas clandestinas.
Sin embargo, la reapertura de sus locales no los ha beneficiado como esperaban y, acaso por una cuestión de abaratar costos o por tener mayor libertad, la gente se vuelca al encuentro al aire libre que terminan siendo fiestas descontroladas.
Los más experimentados en el rubro entienden que es una situación inédita donde ha quedado de manifiesto que, para revertir el consumo de alcohol en lugares públicos, la música a altos volúmenes es necesario poner límites. Porque, por un lado a los comerciantes se les exige documentación en regla y medidas de seguridad en la calle todo es descontrol, cuando es responsabilidad del estado municipal.
Luego de una estricta cuarentena en que no hubo lugar para el esparcimiento ahora pasamos al otro extremo y la nocturnidad se pone en el centro de la escena, pero para hacer un llamado de atención porque si no se pone fin a las fiestas en la vía pública se pone en riesgo la salud de la comunidad que se cuidó durante largos meses.///