La otra pandemia
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Llevamos 108 días de la “cuarentena obligatoria” desde aquel 20 de marzo en que el país entró en “aislamiento social, preventivo y obligatorio” por el Covid-19 (coronavirus). Claro que no todos los ciudadanos respetaron esa medida e igual se produjeron innumerables ilícitos en este período.
A pesar que algunos manifiestan que el delito descendió en sus distintas categorías desde que se implantó el confinamiento, lo cierto y concreto que la otra pandemia que la sociedad atraviesa en su conjunto es la de la inseguridad.
“Hubo una merma saliente de la cantidad de denuncias radicadas en las comisarías en los primeros días de la puesta en marcha de la cuarentena”, sostuvo con orgullo un integrante de una de las fiscalías locales.
Pasaron algunas jornadas de esa expresión optimista y que alentaba a pensar que “el encierro” en las viviendas, frenaría la actividad delictiva en las calles. Pero, después apareció nuevamente la realidad entre nosotros.
Es que surgieron arrebatos de carteras, bolsos y celulares en la vía pública; el famoso y añejo ardid del “cuento del tío” (siempre vigente), asaltos a mano armada y robos en comercios, también de motos, autos y camionetas, hicieron que la alarma volviera a encenderse.
La otra pandemia sigue, avanza ineludiblemente, no hay “cuarentena” que valga para los delincuentes que atacan a las víctimas cada vez que pueden. Otro caso, las bandas organizadas que sustraen vehículos y nadie las frena.
A ese cóctel peligroso hay que sumarle que debido a la crisis sanitaria, los jueces otorgaron arrestos domiciliarios de varios condenados para evitar posibles contagios en las cárceles donde cumplían las penas aplicadas por la Justicia.
Fuentes policiales han informado que individuos que, recientemente, salieron de las unidades penitenciarias, están sospechados de participar en diferentes atracos sobre la propiedad privada y los automotores.
Es decir, las personas con antecedentes no descansan ni dan licencia cada vez que la oportunidad les permite quedarse con las pertenencias de los ciudadanos de bien.
Panorama desapacible
Muchos concebimos al problema de la inseguridad como un fenómeno complejo, donde existen un sinnúmero de causas que pueden llevar a un individuo a cometer un delito, algo que lógicamente, no se justifica.
Existe un contexto en medio de la pandemia por el coronavirus que ofrece un panorama económico que, según los especialistas, manifiestan que es el propicio para un profundo deterioro de la seguridad.
El aumento de la pobreza, la desigualdad, el desorden social, el desempleo y el deterioro educativo (abandono escolar), son algunos de los factores sociales que incidirán en el sostener este fenómeno.Además, se observa una degradación en las estructuras sociales como consecuencia de la desorganización en general que atraviesa la sociedad y que será muy difícil que se modifique a posteriori de la pandemia.
Y en ese sentido, podemos citar ejemplos notorios de la magnitud de la crisis que atravesamos al recordar los episodios delictivos que sufrieron el Jardín de Infantes Nº 902 y un paseo público como lo es la Plaza Dardo Rocha.
En la institución, en pleno confinamiento, los vándalos de siempre provocaron daños materiales y la sustracción de elementos indispensables para la labor docente y pedagógica. Todo esto, en un momento en que el jardín no tiene actividad por el asueto educativo.
Lo mismo ocurrió en los últimos días en la pérgola de avenida 58 entre 57 y 59, un sector que había sido recuperado por alumnos y docentes del Centro de Formación Profesional Nº 403, quienes iluminaron la estructura para mejorar su aspecto y ahora el lugar quedó a oscuras, a la deriva.
Sin tregua
Durante la “cuarentena obligatoria” aumentaron las estafas y “cuentos del tío” en perjuicio de adultos mayores que, en su mayoría, vive solos. Los ladrones aturden a las víctimas con un lenguaje delicado y las engañan para sustraerles sus ahorros de toda la vida.
En los últimos meses, más de $ 2.000.000 han sido robados por grupos también organizados que continúan en libertad y no han podido ser desarticulados por los investigadores policiales y judiciales.
Asaltos violentos con armas, golpes a comerciantes y a propietarios de viviendas, arrebatos en la calle y el “levantamiento” de autos, camionetas y motos, forman parte de la contrastable realidad que nos abruma.
La prevención en materia policial muestra sus debilidades, es innegable. Los delincuentes han burlado los controles que, al principio de la cuarentena, parecían más duros. Roban en pleno centro de la ciudad como en los barrios de la ciudad, no dan tregua.
Y tal es así que a un matrimonio que vive en el campo, no a tantos kilómetros de Necochea, le saquearon la casa el anterior fin de semana. Además, los malvivientes sustrajeron valiosas herramientas de mano y eléctricas durante el raid que concretaron en el área rural.
Formó parte del robo un automóvil en excelente estado de mantenimiento que sirvió para transportar el botín y apareció incendiado en un sector del ex basural municipal. Se ve que a los delincuentes “les quemaba” el rodado y, para borrar evidencias, decidieron destruirlo.
Pasaron más de 72 horas del atraco y la pareja damnificada fue informada desde la comisaría de la aparición del rodado, claro, inutilizable, y no hay detenidos al respecto. Parece mentira que no se pueda (o no se quiere) llegar a desbaratar a “esos peces gordos”, que impunemente siguen en acción.
Frente a esta oscura situación, es complicado el futuro que viene. Entre la pandemia del virus y la de la inseguridad, los ciudadanos tendremos que movernos cómo podamos en esta tierra porque quienes deben protegernos están lejos de cumplir con esa obligación, al menos, eso parece. ////