La pandemia como radiografía de nuestra sociedad
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En vez de vanagloriarnos de un supuesto “modelo argentino”, debemos mirar a nuestra realidad y reconocer las falencias
La pandemia desnuda la realidad que no queríamos ver, tanto sanitaria como económica y social. Más que un nuevo desafío, la pandemia expone de manera dramática los problemas preexistentes que asolan a nuestra sociedad desde hace décadas. Funciona como una radiografía que nos muestra las fracturas sociales. Hoy más que nunca queda demostrado que la heterogeneidad del área sanitaria no es más que un eufemismo por la desigualdad.
Van pasando los días que se desperdician en tanteos inconducentes y relatos numéricos, y se confirma una ausencia: la falta de estrategia, táctica y logística que deberían aplicarse en un tablero de comando con capacidad operativa: un Gabinete interdisciplinario estable, que logre superar la inercia burocrática anquilosada (un agregado de secretarías y subsecretarías formales residuales producto de acuerdos políticos). Hace meses que señalo lo imprescindible de concretar lo ya escrito hace más de 30 años en Salud para todos (1988, Eudeba): la gestión de un ente integrador (público y privado) de atención de la salud a cargo de profesionales, y no de funcionarios.
Falla estructural
El coronavirus (y antes otros virus e infecciones, como el dengue) nos muestra la falla estructural de un planteo sistemático sanitario y científico-tecnológico. Constituye un fenómeno político, social y cultural (además de económico), un verdadero test de estrés para la sanidad pública. El Estado no debe solo restringirse a un control activo, sino que debe garantizar el diseño y monitoreo, asumiendo su responsabilidad en resguardo de la salud pública. Se requiere un nuevo modelo organizacional, que ponga en el centro el método epidemiológico: modo razonado de detectar y proceder a actuar, mediante la tríada: testear, rastrear y aislar.
En su lugar, nos encontramos en presencia de una verdadera ceguera cognitiva, esto es, “cuando no sabemos que no sabemos”. Se evidencia al asumir una nueva responsabilidad sin preparación y formación previa (“los infectólogos”) que requiere formación específica (epidemiología, salud pública, estrategia, complementadas con distintas especialidades), a fin de no convertirse en protagonistas de la insensatez. Se requiere, en una palabra, del manejo de epidemias, lo cual implica metodología y sistemas, “dispositivos” (herramientas).
Que no se malinterprete: las medidas de distanciamiento social son un recurso necesario pero insuficiente ante la ausencia de su evaluación de lo que, según la “teoría epidémica” enunciada ya en 1928, posibilita la evaluación del “contacto adecuado” entre agente, huésped y ambiente (tríada básica de abordaje) de manera tal de poner de manifiesto al conjunto causal y a los factores restrictivos que resten potencia a la trasmisión viral.
Sin infraestructura
Evidentemente, no se puede subsanar en meses las deficiencias acumuladas por décadas, pero en vez de vanagloriarnos de un supuesto “modelo argentino”, debemos mirar a nuestra realidad sanitaria de frente y reconocer nuestras falencias. No contamos con la infraestructura necesaria, salas de aislamiento, indumentaria especial, laboratorios de diagnóstico, parque tecnológico operativo, provisión de fármacos, personal de enfermería, entre otros. Faltan profesionales formados, de manera sistemática y continua en las distintas regiones de nuestro territorio. No hay que confundir artesanal (que enorgullece la labor médica) con arcaico.
No se trata simplemente de sumar camas, que poco pueden hacer frente a cuadros avanzados de sintomatología, donde se torna prioritario evitar la mortalidad del paciente grave. Se trata de protocolos procedimentales, de coordinación logística. Todo lo cual responde a lo enseñado por el doctor Eduardo Braun Menéndez: lo esencial es la formación profesional.
Debemos generar una interpelación a la ceguera social contemporánea para operar un cambio de mentalidad y la transformación de la realidad. La oscuridad no es por falta de luz sino por la sumatoria de ignorancia, insensatez y negligencia, que motorizan la decadencia y espesa la tiniebla habitual que llamamos incertidumbre.///
Ignacio Katz, doctor en Medicina por la UBA; director Académico de la Especialización en “Gestión Estratégica en organizaciones de Salud” Universidad Nacional del Centro Unicén