La plaza, en el corazón de la ciudad
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En torno a las cuatro manzanas donde se fundó Necochea en 1881, creció y se desarrolló la población
Archivo Ecos Diarios
Hace unos días se cumplieron 136 años desde que un grupo de vecinos se reunieron en la hoy plaza Dardo Rocha para fundar la ciudad.
Desde ese 12 de octubre de 1881, y a pesar de que el ejido original se ha extendido kilómetros en distintas direcciones, la plaza continúa siendo el corazón de Necochea.
En torno a esta plaza se ha desarrollado la mayor parte de la historia de la ciudad y del distrito.
La política, la religión, el deporte, la educación y el desarrollo urbanístico de la ciudad, todo comenzó en torno a la plaza, primer centro comercial, religioso, político y educativo del distrito.
Así como los fundadores creían necesaria la creación de una ciudad para centralizar la administración del distrito, la plaza centralizó la mayor parte de la actividad vecinal de la naciente localidad.
La plaza ya estaba incluida en los planos originales como el punto a partir del cual se trazaban los ejes del ejido urbano.
Alrededor de las cuatro manzanas se comenzaron a construir edificios oficiales y casas particulares.
En 1883 frente a la plaza ya se había construido el edificio de la comisaría, en la esquina de 60 y 61, frente al actual Banco Nación. Para esa época también ya existía la capilla Nuestra Señora del Carmen, no donde se encuentra el actual templo parroquial, sino sobre la calle 60.
En los primeros días de noviembre de 1888 se instaló en la plaza un molino con torre de madera y un tanque para proveer el agua necesaria para regar las numerosas plantas recién colocadas.
El 25 de mayo de 1910 fue inaugurado el oficio de la Municipalidad, en la esquina de 58 y 60. Ese monumental edificio fue derribado para construir el Centro Cívico.
Dos más tarde, en 1912, fue emplazada la estatua ecuestre del General Mariano Necochea.
Apertura
Con el correr de los años la plaza fue registrando transformaciones. Primero la apertura al tránsito de la avenida 59, cruzando desde 56 a 60. Para ello, el comisionado municipal Joaquín Martínez Sosa, que asumiera el cargo en enero de 1929, resolvió concretar la obra de apertura según los planos del ingeniero Gusti, de la Dirección de bonos de Pavimentación.
La iniciativa había recibido sanción favorable del Concejo Deliberante, contaba con el aval del vecindario y reportaría ventajas al progreso y al embellecimiento de la ciudad.
La avenida Alsina avanzaría hasta el monumento a San Martín, que quedaría circundado por una rotonda.
En torno al monumento se construyó un jardín con veredón de mosaicos. La iluminación contemplada sería idéntica a la existente hacia Belgrano (62) y además de macizos de flores, se ornamentaría con jarrones y estatuas artísticas.
Los trabajos y el arreglo general de la plaza, estaban a cargo del ingeniero agrónomo Guillarmelau, director del Paseo del Bosque de La Plata.
Al abrir al tránsito la principal avenida de la ciudad, de lograba el tráfico directo entre dos grandes zonas urbanas, hasta ese entonces divididas por el paseo.
La idea de modificarlo era de suma utilidad pero no se descuidaron detalles de estética y comodidad.
Durante la gestión de Martínez Sosa se adquirieron en Capital Federal 100 tilos que fueron plantados en las ramblas centrales.
También datan de esa época las pérgolas existentes en las plazoletas de la avenida 58, a ambos lados del monumento a Mariano Necochea.
Las pérgolas semicirculares fueron proyectadas por la dirección del Paseo del Bosque de La Plata, como parte de las tareas de embellecimiento a las que era sometida la plaza.
Estaban elevadas a 50 centímetros. Del nivel del terreno, con cuatro esclares de acceso cada una y constaban de 12 columnas de cemento armado sobre la que se apoyaban vigas de madera trabajada.
La construcción estuvo a cargo del jefe de la oficina técnica de la Municipalidad, Miguel Anastasio, según planos del ingeniero Guillarmelau.
El cuidado de la plaza fue un detalle que no se descuidó durante la gestión de Martínez Sosa y a finales de 1930 se inició la colocación de estatuas alegóricas y vistosos jarrones con sus respectivos pedestales, todos de cemento armado.
Transformaciones
Con el correr de los años la plaza siguió transformándose. Se perdió enviejo molino de madera y el cerco de alambre tejido que la circundaba y los molinetes de la entrada.
Se quitaron varios árboles que interrumpían la vista del monumento.
En 1937 se decidió abrir también una avenida que uniera los dos boulevares que atravesaban la ciudad de noreste a sudoeste: el Sarmiento, que corría desde Jesuita Cardiel hasta 57 y el Del Valle, que iba de 61 hacia el sudoeste.
Fueron derribados varios cipreses de gran tamaño que habían quedado de la primera forestación, se iniciaron los trabajos, pero varios años más tarde la obra aún estaba sin concluir. Finalmente, en septiembre de 1948 la plaza quedó partida en cuatro manzanas.