La prepotencia sitió la plaza Dardo Rocha
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Un grupo de propietarios de camiones amparado en el gran porte de sus vehículos se encargó de alterar la paz, embistiendo contra los derechos del resto la población
Desde la mañana del pasado martes, buena parte de las calles que circundan la plaza Dardo Rocha y principalmente la cuadra en la que está ubicado el edificio de la Municipalidad, han sido tomadas por un nutrido grupo de propietarios de camiones que, envalentonados en el poder que parecen infundirle sus pesados vehículos y con actitudes “patoteriles”, mantienen de rehén a la comunidad, aduciendo la necesidad en la mejora de la tarifa que está en vigencia para el flete de cereal.
Decenas de camiones estacionados desde hace tres días en lugares estratégicos, por supuesto no autorizados e impidiendo la libre circulación, en este caso con una insólita complicidad del área de Tránsito que debería aplicar las multas correspondientes, para evitar trastornos a los ciudadanos; una quema de cubiertas que, como siempre, solo sirve para romper el asfalto y tiznar los frentes de propiedades privadas; el molesto sonar de tambores, redoblantes y ensordecedoras bocinas de los transportes en una caravana por las avenidas principales, se han transformado en el caótico e intolerable corolario de una protesta que empezó hace casi 20 días en las tres entradas a la ciudad.
En ese germen del reclamo en busca de una mejor tarifa como puntal de otros pedidos, se detuvo y demoró el paso de transportes de diversas mercaderías, que obligó al municipio a plantear una denuncia penal, ante el perjuicio a comerciantes de diferentes rubros. Como ocurre ahora con los comercios de calle 61, el banco de la esquina de 56 y la empresa Depierro Picardi, estos dos últimos ubicados en la cuadra de la Municipalidad donde se hallan estacionados al frente pesados vehículos, coaccionando su normal actividad generando un perjuicio difícil de dimensionar.
Ni qué decir el enorme trastorno que este prolongado conflicto de estos transportistas viene ejerciendo en la actividad portuaria y que afecta a miles de personas, en forma directa o indirecta.
Una lamentable modalidad
Este nuevo desembarco de camiones en el centro neurálgico ya cuenta con antecedentes similares. No hacen más que ejercer la fuerza del más pesado. Imponer sus pretensiones como sea y sin importarle el resto de la sociedad.
Una imagen que también tiene su origen en el desproporcionado y nada democrático poder que las máximas autoridades han permitido a manos del gremio que encabeza el clan Moyano y que, esta protesta de autoconvocados sin pertenecer a sus filas ha imitado en el proceder, sintiendo que pueden paralizar todo cuando están en juego sus intereses. Y esa convicción hoy se expresa en las calles locales.
Los transportistas se han ensañado con el intendente Arturo Rojas. Le reclaman que se ponga abiertamente de su lado y le exigen que les dé respuestas o soluciones que no son de su injerencia, sino del Estado nacional, que innecesariamente se involucró como un árbitro de las diferencias tarifarias entre empresarios y dueños de transportes. No es más que un tema privado, que estos envalentonados manifestantes les hacen pagar con esta protesta al resto de la ciudanía, que no tiene porqué tolerar atropellos de este tipo.
Sin defensa alguna
En tanto, inexpresiva y cómoda ha sido la actitud que han mostrado estos últimos días quienes deben velar por la seguridad y orden público, es decir la Justicia y la Policía. En el primer caso, tras la denuncia penal del Ejecutivo, facultando a la Jefatura de la Departamental a actuar en caso de que los protagonistas de este injustificable modo de protesta derive en “algún ilícito”. ¿No lo es acaso tomar por la fuerza la vía pública? ¿Qué esperan las autoridades para terminar con este copamiento de la calle? Tienen facultades y normas que les establece la Constitución para hacerlo. ¿Por qué no las ejercen?
Sin embargo la pasividad ha sido manifiesta. Por ejemplo, ayer por la tarde resultó patético ver cómo ningún efectivo, de los varios que estaban en las cercanías, se acercó a brindar seguridad a periodistas, entre ellos el fotógrafo de Ecos Diarios, que estaban haciendo la cobertura en la plaza Dardo Rocha y que debieron tolerar el ataque verbal y amenazas de algunos intolerantes manifestantes, molestos por no tener un tratamiento comunicacional acorde a sus intereses.
Se deben terminar con estas conductas de apriete, donde el que cuenta con más elementos de presión impone y somete al resto de la sociedad, tal el caso de la Policía bonaerense en septiembre del año pasado.
Son muchos los sectores que tienen demandas de diverso tipo, en un país que por distintos factores, como la desacertada política dispuesta por el Gobierno para paliar la pandemia o la falta de ideas para dominar una inflación ingobernable, se empieza a tornar en inviable. Y no por ello salen a cortar el tránsito, impedir el trabajo de otros y querer lograr su objetivo con inusitada prepotencia.