La primera Vuelta de Necochea cumple 60 años
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/08/Juan-Carlos-Navone.jpg)
Juan Carlos Navone se llevó la victoria con Ford, escoltado por los hermanos Emiliozzi y Oscar Gálvez
Daniel Emilio Pereyra
Redacción
Fue un 17 de julio de 1960 cuando se desarrolló la 1° Vuelta de Necochea, en el triángulo de 368,700 kilómetros que unía la ciudad balnearia, con Energía, Tres Arroyos, Adolfo Gonzales Chaves, Benito Juárez, Nicanor Olivera (La Dulce) y Necochea, que debía recorrerse en dos oportunidades para completar 737,400 kms.
El tramo entre Juárez y La Dulce era de una sola mano (tres metros).
Juan Carlos Navone fue ganador de la primera edición en el «B anco de pruebas», como se denominó al particular trazado, con su cupé Ford, motor 59 AB, a un promedio de 189,128 kms/h.
Segundo fueron Dante y «Tito» Emiliozzi (Ford) y tercero Oscar Alfredo Gálvez (Ford).
Significativa experiencia para el Necochea Automóvil Club, que en los años ‘40 había organizado competencias de autos especiales, con la presencia de notables actores como Clemar Bucci, Oscar Gálvez, Benedicto Campos, Onofre Marimón y Ramón Requejo, entre otros.
El escenario elegido era un lugar seductor para las máquinas de Turismo Carretera, donde se medía la velocidad de los bólidos.
En el tendido de 56 kilómetros que une a Necochea con Energía, a los aviones transmisores de aquella época, se les complicaba sobrevolar al grupo de avanzada, en virtud de la alta velocidad que exhibían los TC.
Algunos medios radiales tenían finas referencias del circuito, conocían el paño y le encontraron la vuelta al veloz reducto, ubicando un «móvil» en cada ciudad o paraje, Energía, El Carretero, Tres Arroyos, Chaves (ruta 3), La Rueda (Juárez), Cruce de la Dulce y el puesto central sobre la ruta provincial 228, en Necochea.
Si bien el invierno se hizo notar en el sur bonaerense, el Necochea Automóvil Club iniciaba un camino de exitosas entregas hasta el 17 de marzo de 1967, en el emblemático trazado.
Sentido inverso
La competencia se disputó en el mismo circuito donde se desarrolló la vuelta de Tres Arroyos, aunque en sentido inverso.
Los Emiliozzi abrieron el camino de aquella fría jornada de julio, seguidos por el «Aguilucho» Oscar Alfredo Gálvez, Alberto Logulo, Juan Carlos Navone y el «crédito» de Pehuajó, Jorge Farabollini.
En Tres Arroyos (134,500 km) los cronómetros ubicaron a Navone al frente, con 1m. 5 seg. de ventaja sobre los hermanos de Olavarría, luego «Sogoló» y Ernesto «Tony» Petrini.
En Chaves (179,210 km) el desarrollo seguía favorable al de Caballito, aunque Dante y «Tito» Emiliozzi pugnaban por descontar la ventaja. Lejos el resto, Sogoló, Petrini y Farabollini.
En «La Rueda» de Juárez, Navone estiraba la ventaja en los relojes a 1m 25 seg, acercándose en el camino a “La Galera”, mientras Oscar Gálvez recuperaba terreno y quedaba en el quinto lugar.
Cuando cumplieron la primera vuelta, luego de sortear el tramo de una «mano» entre Juárez y Nicanor Olivera-La Dulce, y el recorrido final de la ruta 86, hasta el control central (Necochea), los Emiliozzi volvieron a descontarle al puntero, quedando a solo 55 segundos.
El promedio de La Bomba era de 190,351 km/h para el primer capítulo.
El ordenamiento seguía con Sogoló, Gálvez, Petrini, Logulo, Trotta, García Uriburu, Arnaldo De Thomas y Carmelo Galbato.
Durante el segundo circuito, el oriundo de Carlos Keen (Luján) y Emiliozzi se intercambiaron la punta entre Necochea y Tres Arroyos, un tendido sencillamente veloz, logrando escaparse del segundo y competitivo lote.
En la Capital del Trigo, el piloto de Caballito mantuvo la ventaja sobre los ídolos de Olavarría, mientras se ubicaba tercero Oscar Gálvez, a más de 4 minutos.
Navone seguía con ritmo endemoniado, y sin novedades por Chaves y Juárez, «viajando» a una media de 186,625 kms. “Los Gringos» ponían el resto en el último tramo, y lo que había debajo del capot en los 140 kilómetros finales, pero el esfuerzo no alcanzaba para derrotar al piloto porteño, que se llevaba la victoria con total autoridad. Los neumáticos aguantaron y las respiraciones contenidas también.
Concluyente y festejado tributo de Juan Carlos Navone, quien inscribió su nombre en la 1° edición de la clásica competencia, en el reducto más veloz que presentaba el ejercicio teceista (3 hs. 53 min. 56 seg 1/5) a 189,128 kms. de promedio, superando por 35 segundos a Dante y Torcuato Emiliozzi, y al tercero Oscar Alfredo Gálvez acompañado por su amigo Héctor «Pacucho» Godoy, cuarto Ernesto Petrini y quinto Juan Roberto Machado, el gran exponente de los «pagos» de Areco.
Luego, arribaron el «crédito» de Pehuajó Jorge Eduardo Farabollini, Carlos Murro, Dante Trotta de Pergamino, Sergio García Uriburu, Carlos Fernández y el platense Arnaldo De Thomas acompañado por Fernando Mártore, otro recordado gladiador de la ciudad de las diagonales.
Con 40 años
Con 40 años de edad, Juan Carlos Navone se iniciaba en los carreteros el 5 de septiembre de 1954, conduciendo el auto de Julio Devoto en la clásica Vuelta de Tres Arroyos, que organizaba el club Quilmes.
Es cierto que mucho antes estuvo ligado a los deportes mecánicos, preparando y acompañando a Enrique Fiandesio en 1935 y a Jorge Rodrigo Daly.
Luego de algunos años sin tocar nada de competición, un día apareció en su taller Julio Devoto, para que le preparara la máquina, porque venía con el paso cambiado.
Navone aceptó la petición de «Ampacama» y compartió como acompañante el primer desafío con su mecánica.
Ese «chispazo» fue suficiente para que Juan Carlos se volcara a la actividad, motorizando y alistando su propio TC en las horas libres del taller, en la calle Pedro Goyena.
El primer triunfo no se hizo esperar, en la Mar y Sierras de 1955, mostró sus credenciales. Posteriormente, alcanzó dos logros de campanillas en 1960 y 1961 en una carrera veloz como la Vuelta de Necochea, y el 4 de junio de 1961, obtenía la II Vuelta Fuerte Ensenada de Barragán.
Navone fue más grande que su talla. Sus autos y los que preparaba también se destacaban por la velocidad, Farabollini, Devoto, Ernesto Baronía, “Viyo» Palagani y hasta el propio Rodolfo de Alzaga.
El piloto-preparador fue uno de los primeros en experimentar soluciones aerodinámicas, que le permitieron mejorar la adherencia del Ford en lo derecho. Se hicieron famosas aquellas «colitas» a la manera de los Chevrolet Impala del momento.
Esos elementos cumplían la función en la parte posterior del vehículo, la máquina encontraba una mejor tendencia y se afirmaba sobre el terreno. No perdía tracción, obtenía mejor prestación y seguridad en altas velocidades.
El Ford frenaba muy bien, usaba dos campanas de F-600 adelante, con cilindro doble, y atrás campanas de Lincoln, ayudado por un servo-freno de camión y un suncho en cada tambor.
Un claro ejemplo del talento y capacidad de los mecánicos argentinos que brillaron en una época romántica de la folklórica categoría.
Bomba de Caballito
Su Ford fue bautizado como «La Bomba de Caballito», un auto que hizo historia en la inolvidable década de oro del Turismo Carretera.
Ese histórico vehículo que marcó su tiempo en el TC, tuvo como destino la ciudad de Adolfo Gonzales Chaves, adquirido por Carlos Félix Giancaterino, (familiar del actual piloto de los Mar y Sierras A, Juan Carlos) quien lo utilizó en algunas competencias del automovilismo zonal.
En el circuito Luis Miranda del Club Barracas, de Juan N. Fernández, debutaba como acompañante en ese Ford emblemático, el campeón 2016 y 2017 de Mar y Sierras Juan Carlos Giancaterino, quien se dio el gusto de disfrutar de esa máquina.
El vehículo, años más tarde fue adquirido por Hugo Mazzacane, para engalanar el Museo del Automovilismo, en el autódromo Roberto Mouras de La Plata.///