La crisis, la grieta, el pasado y la necesidad de dar paso a lo nuevo
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Claudio Blanchart (*)
El escenario financiero global se presenta volátil para países como Argentina, y nos afectó el tipo de cambio más que a cualquier otro país emergente. Es evidente que transitamos una crisis, pero su naturaleza es algo más que monetaria.
La Argentina pos K corrió detrás de la consolidación de un nuevo modelo político, con expectativas de transformación de la cultura de la cosa pública y la regeneración de reglas de juego económicas; y en ese imaginario un gobierno legislativamente débil demostró aptitud de negociación y consolidó una asombrosa estabilidad política que le permitió llegar al triunfo legislativo de 2017. Se evitó la típica crisis económica de cambio de gobierno que azota a nuestro país desde casi siempre.
Gerenciar el éxito
Sin embargo, a veces gerenciar el éxito es una de las cosas más difíciles, y el pasado fin de año algunos desaciertos políticos generaron inestabilidades económicas imprevistas. La FED subió las tasas, sí, pero nuestro país fue perdiendo la iniciativa monetaria de a poco, con un Banco Central que generaba dudas, y fueron seis meses de creciente expectativa (negativa). Quizás el exceso monetarista en la mirada tuvo algo que ver.
La turbulencia cambiaria que desde abril impacta en la incertidumbre de nuestra economía bimonetaria es principalmente un producto político. Es necesario estabilizar el mercado cambiario a corto plazo y las tasas de interés, evitando el traslado del impacto a precios. Se están tomando medidas en este orden, pero la recuperación de la confianza no depende solo de medidas urgentes. Es necesario revitalizar las decisiones de crédito, inversión y consumo, para que la desaceleración no se instale con mayor persistencia. En un sentido de más largo plazo, la revisión de la política fiscal es un imperativo, y enfocarse en resolver la emergencia sin atender la economía real sería un error.
En el orden político, la reconstitución de la autoridad monetaria, la reorganización del equipo económico y la incorporación de un especialista en economía real y comercio global al gabinete, abren oportunidades y alientan una mirada productivista para fortalecer la actividad económica real. Aun haciendo todo eso no alcanza.
El desafío político es importante, y la discusión cultural pendiente más relevante en materia económica está dada por la definición de una agenda del desarrollo amplia, sin quedar atrapados en recetas clásicas. Se deben contemplar seriamente la competitividad sistémica, la innovación tecnológica, la reactivación de las economías regionales, el fortalecimiento del sector externo, el estímulo a las inversiones genuinas y el empleo de calidad. Hacer explícito el debate y el consenso que potencien nuestra matriz productiva y el capital humano y definan un rumbo nacional. Hoy es la oportunidad para dejar de decidir por coyuntura, eso es viejo.
El rol de la política
La política juega un rol central en consolidar un horizonte compartido, y la discusión que se avecina por el cumplimiento de las metas del pacto fiscal con las provincias y las exigencias del FMI habilita un escenario de diálogo político sincero. Se abre una segunda oportunidad para el Gobierno de resolver este equilibrio inestable de hoy y despejar el camino para consolidar la república.
Si bien la Argentina enfrenta el ineludible camino de ordenar las cuentas públicas, debe hacerse en el marco de un acuerdo fiscal más profundo, que tenga por objeto la economía real y la generación de empleo. El Gobierno puede proponer un consenso superador, elevando la discusión y logrando nuevos acuerdos sustantivos que permitan enfocar el gasto público y la inversión social en la dirección correcta.
Es imperioso definir y proponer como marco una agenda de desarrollo que abra paso al despliegue de lo nuevo. El Gobierno nacional tiene la oportunidad, junto a los gobernadores, y con los empresarios y los trabajadores como actores centrales, de dialogar responsablemente, dar nuevas señales republicanas y retomar el camino de la transformación cultural.
Tenemos que salir del conflicto y de la pobreza, porque eternizan el pasado. Las categorías de la tradición política argentina y de la economía clásica ya no sirven. La famosa grieta también es pasado. La división entre lo viejo y lo nuevo debe ser esencial y no cosmética. No se debe construir una nueva esperanza política, porque la esperanza niega el resultado, el que solo se construye con acción concreta, simple y práctica.
(*) El autor es analista político y profesor de la Licenciatura en Gerenciamiento de la USAL