La residencia estudiantil va por su décimo año de trabajo
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Funciona en el Hotel Evita, con más de veinte chicos inscriptos
La residencia estudiantil que funciona en el Hotel Evita, en 79 casi 10, se aproxima a su décimo aniversario de funcionamiento en nuestra ciudad.
En el pasado mes de abril, este espacio que brinda hospedaje a un buen número de estudiantes cada año, dio inicio a un nuevo ciclo, lo cual permite la posibilidad a jóvenes del interior del distrito de estudiar una carrera en nuestra ciudad.
Quienes asisten hoy a la residencia son unos veintitrés jóvenes, entre los que hay varones y mujeres, que estudian diferentes carreras en distintos establecimientos educativos de la ciudad que ofrecen carreras terciarias o universitarias.
Los chicos provienen de localidades como La Dulce, Claraz, Juan N. Fernández y, este año se incorporaron tres de Lobería. “Hasta ahora solo tomábamos uno o dos loberenses como excepción pero ahora decidimos ampliar la jurisdicción porque lo importante es que puedan estudiar, sin importar que sean de otro partido”, indicó el responsable de la residencia, Carlos Pérez, que junta a su esposa e hijo se encargan del cuidado de los jóvenes.
Como cada año, los requisitos son mínimos y el cupo máximo no ha sido alcanzado pero es importante que los estudiantes presenten una constancia de alumno regular y buena predisposición para asistir a clases ya que, de lo contrario, pueden ser expulsados con previo aviso a los padres.
Cabe señalar que han sido nueve los ciclos completos desde la apertura ya que el primer año solo funcionó durante el último cuatrimestre. Por su parte, la celebración de los diez años de trabajo tendrá lugar el 3 de agosto próximo.
Compañerismo y aprendizaje
Los chicos que asisten tienen entre 18 y 21 años ya que, luego de esa edad, la mayoría ya son egresados de sus carreras y dejan de asistir a la residencia. “Tenemos varias chicas que egresaron y están ejerciendo como docentes de primaria o de nivel inicial pero siguen viniendo a visitarnos de vez en cuando y cenan con nosotros”, contó Pérez.
En la residencia los jóvenes son independientes y tienen libertad de hacer sus actividades, siempre y cuando respeten las normas establecidas con anticipación. Entre las prohibiciones está el llevar a otras personas a las habitaciones o ingresar con personas no autorizadas a la residencia. Además, las puertas se cierran a las 10.30 para todos.
“Cada uno se encarga del cuidado de la habitación y la cocina durante todo el ciclo lectivo. Apuntamos a los chicos que no pueden costearse un alquiler. La mayoría de las chicas estudian docencia y los varones educación física, música, arte e ingeniería electrónica”, indicó Pérez.
Quienes residen en este lugar de lunes a viernes hacen uso de la cocina y comparten la cena los días que pueden, ya que todos cursan en horarios diferentes. También cuentan con calefacción, internet, impresora y dos computadoras para hacer los trabajos y tareas.
En este sentido, el responsable de la institución contó que “los miércoles solemos hacer pizza o hamburguesas para todos y cenamos tarde para estar todos. Ahí hablamos de música o de lo que sea porque es el único punto de encuentro general”.