La sociedad, con sus derechos y obligaciones
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«El precio de la
grandeza es
la responsabilidad social»
Winston Churchill.
La responsabilidad social es la carga, compromiso y obligaciones a lo que deben corresponder los integrantes de una sociedad políticamente organizada.
Las sociedades exitosas cuentan con un Estado eficiente, claro, transparente, sin que esto signifique invadir la competencia natural del privado y su creatividad. El Estado debe tener su rol definido en el marco de la libertad, derecho inalienable de los ciudadanos.
Millones de ciudadanos en la Argentina, miles en el distrito de Necochea, renegando del Estado equivocando conceptualmente, en este caso, Estado con gobierno. El Estado es el instrumento normativo para que funcione una sociedad. Existe esta figura por todo el mundo, es una organización balanceadora de la vida en comunidad.
Quienes gobiernan un Estado tienen que ser modelo de gestión caracterizados por la equidad, eficacia, racionalidad de recursos, afianzando los derechos de los vecinos y, correspondiéndole a estos haciéndolos valer para que sean respetados.
No es sólo votar cada dos años
Los que dirigen son votados por la sociedad y no los dueños del Estado. En un Estado democrático, en el cuarto oscuro, se decide la ubicación de los políticos en la presidencia de la Nación hasta el último consejero escolar, es un mandato provisorio, si se quiere.
La responsabilidad de la sociedad no debe ser solamente cada dos o cuatro años, cuando hay elecciones, debe ser una constante de cada día, estando atenta, vigilante de los movimientos de los que toman decisiones que pueden afectar positivamente o negativamente a la sociedad.
Algo no simple porque cada uno de nosotros está en su trabajo, cubriendo sus necesidades, no se puede estar todo el tiempo pensando qué se estará haciendo pero si asimilando información, analizando situaciones, como para que al llegar el momento de la elección el ciudadano no sea sólo un número en la fila, sino una firme convicción en esa silenciosa pero, contundente procesión laica.
Las comparaciones son odiosas pero inevitables al momento de reflexionar por qué en tal ciudad es así y acá no. Va der suyo que tampoco es acertado pensar que solamente se está comprometido desde un partido político. Cada uno debe ser protagonista desde el lugar que ocupa en la sociedad, desde el ámbito laboral haciéndolo con la responsabilidad; desde cada barrio pidiendo por su mejoramiento, haciendo oír voces y remarcando presencia de las necesidades algunas sempiternas; cloacas, iluminación, seguridad, llegada de todos los servicios, reclamar ante el mal estado de las calles de tierra, participar activamente en los centros de salud colaborando con ellos, cuidar el hábitat proteger plazas y paseos, evitando que cada uno haga lo que le convenga en beneficio propio, por citar algunas cuestiones cotidianas.
Participar activamente no quiere decir quejarse cotidianamente, lo importante es la crítica seria y trascendente por ejemplo, de quienes han llegado a determinada edad con su presencia en los centros de jubilados, que no sólo cumplen la función de organizar viajes o los encuentros semanales de divertimento y distracción, sino también, como viene ocurriendo, en el reclamo de mejor atención en el caso PAMI, proyectar para los jubilados y pensionados 20.000 en el distrito, posibilidades de beneficios ante lo magro de sus ingresos.
Responsabilidad de la sociedad es el cumplimiento de las tasas municipales; habrá sectores que qque tal vez no puedan por razones económicas y otros que si están en condiciones de cumplir con esta obligación ciudadana y, sin embargo esperan las clásicas moratorias para engancharse en el tren de la facilidad.
Pagar impuestos y tasas municipales tiene que tener su correspondencia, la contrapartida que ese dinero vuelva en prestaciones y servicios calles limpias, bacheo permanente, embellecimiento de cada lugar, para aquello que «el dinero de la gente al Estado debe ser devuelto en obras» no sea sólo una frase de campaña electoral para endulzar oídos, sino una realidad concreta.
La inseguridad golpea a nuestra puerta y los vecinos suscriben grupos de whatsApp siendo otra muestra de la solidaridad colectiva en barrios, como otra posibilidad de protegerse ante el alerta de presencias sospechosas y, aunque no tenga demasiada prensa se han evitado robos y situaciones delicadas cuando suelen organizarse con esta modalidad en defensa de personas y cuidado de bienes.
Una manera de colaborar, también con las fuerzas policiales y en caso de que estas brillen por su ausencia por diferentes motivos, los vecinos están presentes en con esta ayuda mutua ante la inseguridad que nos golpea. Se ha llegado a tener que ser cuidadores transitorios de viviendas durante horas o días cuando sus moradores se ausentan por diversos motivos, el respaldo barrial se hace presente. No son amigos son solidarios.
Participar, desde el lugar que ocupemos
Nos hemos referido, en esta columna en otras ocasiones sobre cuatro dimensiones, algo que no es de pluma propia sino repitiendo un texto propiedad de Ruud Veldhuis, escritor holandés bajo el título de «Educación para la ciudadanía» haciendo referencia a la participación en cada lugar que uno habita, no importa si son países desarrollados o sub, pequeñas o grandes ciudades señalando esas cuatro dimensiones: dimensión política; cuando el individuo decide incursionar, dejando su trabajo o profesión para dedicarse a la «profesión» política; dimensión cultural, abarcando toda un área intelectual; dimensión social, integración para aportar al mejoramiento integral de los sectores más relegados; dimensión económica, desde la producción, el comercio, el empresariado, claves en el desarrollo de una comunidad.
Lo importante es no permanecer indolente haciendo sólo lo individual por sobre lo colectivo, el alejarse de la posibilidad de decisiones favorece a quienes se sienten cómodos de esa manera, las sillas y lugares hay que ocuparlos, esto también es equilibrio y equidad, la pereza deja espacio a quienes luego se les carga todo lo malo. La indiferencia es mala consejera y anula la autocrítica.
En los partidos políticos pasa exactamente lo mismo. No puede ser un coto de caza de apetencias personales lugar donde acceden los mismos miembros históricos, esto se abre con la participación del ciudadano afiliándose, militando, con el derecho que esto otorga y la obligación que se supone.
Responsabilidad colectiva
Quien firma este comentario es enemigo de hacer periodismo de periodistas. Todo el arco del periodismo desde el ángulo que se mire también tiene una alta responsabilidad que le compete al informar, formar, orientar o entretener; fundamentalmente narrado y observando la realidad, sin partidismos, siendo tábanos que pican para despertar a los dormidos. Siempre desde el lugar que se debe ocupar con la fuerza de la pluma o la palabra; ni en la platea como simples espectadores ni ausentes, fuera del estadio.
Cada uno a su manera de ver la realidad pero, narrándola con la objetividad que se puede alcanzar dentro del marco individual y subjetivo. Es simplemente asumir el compromiso diario, desde la visión personal de esta profesión. Agreguemos que: cuando más se eleve el compromiso ciudadano será mayor nuestra entidad y representatividad ante la hora de las decisiones irrevocables.///