La sociedad debe exigir más a nuestros políticos
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“El pueblo es dueño legítimo
de su destino, juez inexorable de
sus gobernantes y actor y espectador
de su propia obra”
(Perón, 31/12/1944)
La sociedad es el conjunto de personas relacionadas entre sí que viven en la misma comunidad, ajustándose a la ley, compartiendo cultura y modos de vida. La sociedad debe ser crítica no quejosa.
La crítica suele ser un acto de esperanza, la queja solamente un desahogo momentáneo, muchas veces esto se confunde y terminamos obnubilados llenos de rencores y lejos de la reflexión que nos eleva a todos y de donde podemos sacar proyectos que le sirvan a la comunidad. El pesimismo y la queja no abren camino real al futuro o, llegar adonde apuntamos con honestidad.
El pesimista termina quejándose de todo, el optimista no es un ingenuo, es una persona creyente en que las cosas pueden cambiar para bien y en el medio están los realistas, los que ven la vida con los ojos bien abiertos.
Nuestra sociedad tiene que participar mucho más, no solamente a través de las redes sociales donde en el anonimato se dice cualquier cosa, lo cierto, lo falso, los rumores que terminan como afirmación incuestionable.
La participación es otra cosa, lo ideal es hacerlo a través de las comunidades barriales, asociaciones vecinales, clubes, sindicatos, instituciones diversas o a veces en forma individual aportando hechos positivos.
La sociedad necochense debe ser más exigente ante nuestros políticos, esto no equivale decir convertirse en la antipolítica o antisistema, que suelen ser posiciones cómodas donde solamente diciendo no, o poniéndose en la vereda de enfrente de nuestros políticos se convierten en cualidades elogiosas. En las sociedades exitosas conviven dirigentes de estatura y ciudadanos aportando su cuota parte, todos tienen responsabilidades.
Sin tiempo para distraídos que dejan pasar y hacer, quejosos sin ideas, hastiados que se aíslan, y los que pretenden vivir a gusto terminando en disgustos.
Necesitamos políticos preparados, sin distinguir oficialistas u opositores, izquierdas o derechas o centristas moderados, preparados para un presente lleno de complejidades y un futuro para el que necesitamos elevar la mira de capacidad.
Exigirles a todos
No se debe mirar con el ojo partidario ideológico, dejando pasar todo lo malo de uno como si tuviera algo positivo para apoyar y denostando al otro. Debe exigir. Exigir respuestas claras no evasivas sobre los temas pendientes, refiriéndonos al distrito en este caso. Darnos cuenta del discurso tribunero y las demagogias imperantes para indagarlos a fondo sobre cada cuestión.
Si nuestra sociedad se muestra firme, abordando con seriedad los temas, obligará a la dirigencia a salir de la verba simple y acomodaticia a las circunstancias, exigiendo un estudio en profundidad, poniendo una lupa sobre el trabajo de cada uno.
No sólo la democracia se ejerce el día del voto, donde ponemos en las urnas a cada uno en su lugar, esa es una instancia, no la única. Si luego de ir a las urnas nos despreocupamos y nos encontramos cada dos años, la democracia aparecerá vacía, sin contenido, un envase sin nada adentro.
Cuando un dirigente local afirma que las cosas están mal debe surgir la pregunta ¿cuál es el proyecto para cambiar eso que no esta bien?
Cuando se afirma livianamente que todo resulta fácil de resolver, hay que revisar la historia de ese dirigente y de su partido, si estuvieron en el poder como actuaron.
No debe permitir la sociedad el parloteo intrascendente de los que hablan sin decir nada, ni los teóricos de café sin resultados prácticos. No es fácil introducirse en el mundo de la política, especialmente cuando se viene del mundo de lo privado, del empresariado o trabajador común. Es frecuente escuchar aquello de muchas trabas burocráticas, proyectos que duermen el sueño de los justos, lentitud en definiciones, todo hace que muchas veces el ciudadano se hastíe y finalmente desista la idea de pelear por sus convicciones. Sin esa sociedad decidida a participar, los cambios se producen lentamente o no se producen jamás.
Necesitamos un Concejo Deliberante más activo
Son tiempos de demasiada lentitud, casi una carga pesada que parece no moverse acorde a las necesidades del vecino, como diría en forma jocosa días pasados un amigo ligado a la política «el Concejo Deliberante podría utilizar aquella frase que lo hizo famoso al gran ilusionista tandilense, René
Lavand quien, manipulando sus naipes, decía: “no se puede hacer más lento».
La sociedad debe reclamar a nuestros ediles. Tienen en sus manos hace mucho tiempo, sin definición, temas importantes para el distrito, llegando a tal punto que le pedirían una sesión extraordinaria desde el propio Departamento Ejecutivo municipal con el objetivo de que resuelvan los pliegos para la adjudicación de concesiones, especialmente las vinculadas al turismo, para que agilice ese filtro deliberativo, y se resuelvan cuestiones demorados, teniendo en cuenta que serán responsables de un verano donde no debe haber lugares abandonados.
Otro llamado a concesión, que significará un logró para los transportistas es la instalación de una planta de expendió de combustible en la playa de camiones de Quequén, demorado por circunstancias no entendibles.
Estas concesiones no sólo cambiarían la cara en muchos lugares de Necochea, Quequén, también son fuentes de trabajo, algo que escasea en la ciudad. Aquí debe estar la sociedad reaccionando y exigiendo.
Pensemos que si no podemos definir cosas simples como las enumeradas, cuando lleguen las definiciones sobre el futuro del edificio del casino, del Jardín de Rocas, o la apertura del frente costero del parque, la frase de Lavand, adquirirá mayor vigencia.
La actuación ciudadana es motor del proceso de cambios, no queriendo imponer visiones fundamentalistas, sabiéndose que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes (artículo 22 de la Constitución Nacional), pero nuestra democracia participativa viene asumiendo un nuevo rol en los tiempos actuales, reclamando acciones a nuestros gobernantes, son expresiones genuinas de sociedad moderna.
Tal vez si hubiese mayor contracción a involucrarse en la actividad institucional de la ciudad, nuestros dirigentes eleven su vara, se vean más sometidos al control ciudadano resolviendo cuestiones sin largas esperas, cumpliendo promesas, abocándose al trabajo activo.
El reclamo deberá ser para todos, para cada funcionario municipal que asume un compromiso con el cargo, a cada concejal que no resuelve lo que la sociedad reclama. No hacer diferencia entre oficialistas u opositores el año próximo votaremos presidente, gobernador e intendente, legisladores nacionales, provinciales y concejales, será el momento de exigir proyectos claros.
El discurso extenso, tedioso, donde la culpa siempre es del otro, aburrido e intrascendente, repetitivo, insolvente y vacío de contenido. La sociedad debe reclamar proyectos, no dejarse llevar por palabras que endulzan oídos, exigir soluciones concretas, donde los estudios de las situaciones dejen de lado la improvisación.
Esta ciudad que ha sido privilegiada por la mano de Dios, tiene todo, algo que repetimos constantemente pero, tiene una realidad a la vista, le falta todavía esa activa participación ciudadana, porque hay mucho aún por hacer apoyado en ese privilegio Divino.
La política es demasiado importante, como para dejársela sólo a nuestros políticos.