La sonrisa de los niños como objetivo
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/08/5-GPS-1.jpg)
El merendero 2cientas Sonrisas se formó hace tres años y realiza una importante labor solidaria y cultural en el barrio General San Martín y alrededores
Todos los sábados el merendero 2cientas Sonrisas, ubicado en el barrio General San Martín, convoca a decenas de chicos de ese sector de la ciudad y de otras barriadas aledañas.
Allí se les da la merienda, a quienes lo necesitan se les dona ropa o zapatillas y los chicos también tienen la oportunidad de hacer alguna actividad deportiva o cultural.
Esta iniciativa surgió hace tres años, cuando Alejandra Pascale le propuso a Nélida Luján “hacer algo por los chicos que andaban en la calle”.
“Yo que he criado tantos hijos, la verdad, muchas ganas no tenía, pero tampoco dejarlo pasar, porque veo todas las necesidades que hay”, dijo Nélida.
“A mí de hambre y de frío no me van a hablar, porque toda la vida lo he sufrido”, explicó esta vecina que los sábados a la mañana va a trabajar unas horas para ganar unos pesos que luego utiliza para comprar mercadería que destina íntegramente al merendero.
Alimentar el alma
En un principio se empezó con un merendero, pero luego se comenzaron a desarrollar otros proyectos, porque la idea no sólo era darles comida a los chicos, sino ofrecerles alguna actividad cultural y deportiva. Así se ofrecieron obras de teatro, clases de judo y talleres de pintura.
Si bien Alejandra Pascale debió dejar el proyecto por cuestiones de salud, Nélida siguió adelante junto a la ex concejal Sandra Antenucci, un grupo de voluntarios que brindan talleres y sus propias familias.
Así se arregló el garaje donde comenzó a funcionar el merendero. “Personas de buen corazón me pusieron el techo nuevo. Esta semana estamos esperando el portón nuevo”, dijo Nélida.
Una empresa les otorgó un subsidio para comprar los cerámicos para hacer el piso nuevo del salón donde en la actualidad se dictan clases de judo, murga y pintura.
Además, “los sábados se les da la leche y se reparte mercadería que nos dona una fundación”, explicó Nélida.
“Hace dos años les hacía la comida, pero ahora no puedo por el costo del gas”, señaló.
“Así que les damos la mercadería para que la cocinen las mamás”.
Y como no se trata sólo de alimentar el cuerpo, el merendero se propuso también sacar a los chicos del barrio para que conocieran la ciudad. Así, durante las vacaciones se visitó el Faro de Quequén, el Monumento a los Caídos en Malvinas y el Puerto.
“Porque muchos chicos no conocen esos lugares, a pesar de que están tan cerca”, dijo Nélida.
Donde hace falta
Nélida explicó que el merendero cuenta con el apoyo no sólo de persona que se acerca a colaborar y realiza donaciones, también hacen su aporte empresas e instituciones de la ciudad.
Aunque señaló que precisamente el trabajo del merendero obedece a la adversa situación económica.
“Estamos en un tiempo donde cuesta todo, hay muchas necesidades. Por eso sigo trabajando, llueve o truene”, afirmó. Acá los sábados se les da la merienda a los chicos, se reparte ropa, zapatillas… Todo lo que a mí me dan, es de ellos, no queda nada”.
“A mi me llaman por teléfono pidiéndome leche, comida y si tengo no me lo guardo, les doy. Porque si doy, Dios me da el doble”, dijo con una gran convicción.
Celebrar la vida
Por estos días el merendero se prepara para celebrar el Día del Niño. Pero también se trabaja todos los sábados para festejar los cumpleaños de los chicos que concurren. La mayoría son del barrio General San Martín, pero también hay otros que llegan de los alrededores.
Los hijos de Nélida son panaderos y son quienes hacen las tortas de cumpleaños. Toda la familia colabora con la iniciativa.
Antes del inicio de clases en el merendero incluso se entregaron útiles escolares a los chicos para que ninguno pueda decir “no voy al colegio porque no tengo”, afirmó Nélida.
Esta semana una empresa la llamó para donarle 60 panchos y gaseosas. Y ella, ayer, como todos los sábados, salió a trabajar por la mañana para ganar algunos pesos y poder comprar más mercadería para los chicos.
“Nos hubiese gustado dar de lunes a domingo, pero no podemos”, dijo Nélida, que explicó que el merendero funciona los sábados por la tarde para no interponerse con el comedor municipal que existe en el barrio y perjudicar a los propios chicos.