La sorprendió por la espalda, la golpeó y le robó el celular
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La víctima tiene 22 años y sufrió heridas en sus rodillas y otras partes del cuerpo. El delincuente actuó con una cuellera
Fue en definitiva un robo, pero en estos tiempos de extrema violencia social, podríamos catalogar al hecho como un episodio de violencia de género, en perjuicio de una joven de 22 años que caminaba por la vereda, fue golpeada y despojada de su teléfono celular.
“No caminaba con el teléfono a la vista y, seguramente, el individuo me siguió en ese momento. Nunca me resistí, pero me golpeó a la altura de la garganta, me tomó por la espalda y me tiró al piso”, contó Agustina Schell.
La chica vivió un muy mal momento debido a la agresión de parte de un malviviente que actuó con una cuellera para evitar que sea reconocido por la víctima.
“Quiso patearme la cabeza por un teléfono de m…., que además está todo roto. Me sorprendió de atrás, luego comenzó a revisarme los bolsillos y pedía a los gritos que le entregara el celular”, añadió la damnificada.
Agustina está cumpliendo con algunas materias que le faltan para concluir con sus estudios secundarios y luego piensa continuar con alguna carrera y podría seguir psicología.
Agradeció a los vecinos
Con la contención de su mamá Adriana y todavía con las huellas de la excesiva violencia demostrada por el ladrón solitario que la atacó en plena vía pública, la joven se recupera del maltrato sufrido mientras caminaba por calle 71 entre 18 y 20.
Agradeció “a los vecinos del sector que enseguida salieron a ayudarme porque quedé tirada en el medio del pavimento. Inclusive, algunas personas corrieron al individuo pero no pudieron alcanzarlo”.
La víctima del robo radicó la denuncia en la Seccional Tercera de Policía y se notificó de lo ocurrido a la Fiscalía de turno.
La chica señaló que “tengan cuidado quienes transiten por la zona” y en ese sentido, vale indicar que las mujeres han sido “el blanco” de los delincuentes de carteras, bolsos y teléfonos celulares.
Extrema violencia
Los arrebatos de distintas pertenencias han sido y son moneda corriente en diferentes puntos del núcleo urbano.
Las personas damnificadas de diferentes edades, en muchos casos, han padecido además del robo, lesiones en brazos y piernas, y hasta fracturas de caderas, como ocurrió con adultas mayores.
Si en estos tiempos de tanta sensibilidad, se señala que un “piropo” es un acoso callejero y una forma de violencia de género en perjuicio de una mujer, bien se puede afirmarse que golpear a una joven para robarle el celular es otro episodio de similares características.
Cabe acotar que el ladrón, a pesar de los esfuerzos de los vecinos, escapó del lugar con el aparato de comunicación.