La tabla y el mar, un vínculo con la vida
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El trabajo integrador de la primera escuela de surf adaptado de nuestra ciudad
Por Adrian Stolarczuk – Redaccion
Quizás cuesta observar o entender que para muchos el mar se convierte en un lugar inaccesible aun viviendo o veraneando en la mejor playa argentina. Y la satisfacción de transformar esa realidad, por lo menos un instante, moviliza a otros a canalizar voluntades. Así, a grandes rasgos, nació la primera escuela de surf adaptado en nuestra ciudad, fomentada por el Centro de Educación Física Nº 76 de Quequén y con el acompañamiento fundamental de la Asociación de Surf de Necochea Quequén.
Pero más que instituciones, las acciones tienen nombres propios. Sebastián Martínez, guardavidas y siempre relacionado con los deportes acuáticos, y Federico Rodera, encabezaron hace tres veranos el proyecto de dar clases gratuitas de surf en Quequén, una idea sostenida y apuntalada por el CEF en su “Acción de Verano”, con las gestiones de la entonces directora Natalia Rivero y con la continuidad ahora de Catalina Trucco, actual titular. Y el año pasado se atrevieron a sumar una clase de surf adaptado, la primera en nuestro distrito. “Queríamos que nuestros hijos vean nuestro trabajo y que sea una visión distinta, ver que se pueden hacer cosas que tengan una gratificación y que no sea lo económico”, explicó Sebastián Martínez quien incorporó para ello a las clases a Sergio Vernucci, con vasta experiencia trabajando con chicos con capacidades diferentes. “No podía ser un proyecto improvisado, por más ganas o interés que pudiéramos tener, había que darle la seguridad y un marco. Lo encaramos porque se lo conté a la directora (del CEF) y rápidamente aceptó sumarlo”. Los otros nombres son los de Mili, Manu, Pía, Dante y el resto de los chicos que aprenden y juegan en el mar gracias a la concreción de este proyecto.
Como herramienta
Profesor de Educación Física, acompañante terapéutico, timonel y guardavida, Vernucci lleva 20 años ligado a la actividad deportiva y trabajando para personas con discapacidad. “Lo hice también con natación, fútbol y juegos. Siempre buscando la inclusión y la accesibilidad para todos, capacitándome con cursos y jornadas”, explicó “Pancho” quien aceptó acercarse por primera vez al surf como deporte integrador, algo que tiene varios años en Mar del Plata pero que nunca se había llevado a cabo en nuestra ciudad.
A diferencia de otros deportes integradores, el surf ofrece un marco natural especial pero también propone más desafíos: “Los chicos deben superar el temor al agua, por lo que hay que generar ese vínculo primero. Para aquellos que han hecho natación, eso los favorece. También está la accesibilidad de la costa. Hay pocos caminos que nos llevan a la orilla del mar. Luchamos por tener la silla y también el camino, que se hizo tarde, pero se logró”, apuntó Vernucci sobre el sector del Parador Integrador, en avenida 2 y Neptuno, donde se brindan las clases cada viernes por la mañana.
La familia
Un paso importante para que los chicos puedan desarrollarse en este tipo de actividades es la familia, en la contención y también a la hora de animarse a abrirse a lo nuevo: “Para los padres es difícil “soltar” al chico por decirlo de alguna manera, el surf no deja de ser un deporte extremo, dentro del agua, el mar. Por lo que hay que ganarse la confianza de la familia y la persona. Para eso tomamos todos los recaudos. Sebastián (Martínez) es guardavida y siempre somos dos profesores. Nunca nadie está solo. Contamos también con Lucila Menéndez, formando la pareja pedagógica. Las clases son prácticamente personalizadas. Estamos entre 15 o 20 minutos, depende el cansancio de la persona, salimos, tomamos calor o jugamos. Es un espacio lúdico y recreativo, con paciencia y amor”, resaltó Vernucci.
Cada cual una historia
Cada chico es una historia detrás. Y la ilusión de generar un vínculo. “Todas las realidades son diferentes”, aclaró Sebastián Martínez. “Tenemos una chica ciega que logró surfear sola una ola, parada arriba de la tabla, y para otro, con una discapacidad en una pierna, eso es imposible. Y para otros lograr que se moje, que se meta al agua ya es importante. Las expectativas son diferentes”. Y por ello, también las satisfacciones son quizás mayores. “Se ve en ellos la alegría cuando los salpica el agua y les moja la cara, esa alegría es una cuota de vida para el día. Están esperando el viernes para volver. Vemos que se divierten, que el agua les hace bien, que tienen avances, en la salud y en la seguridad. Los padres lo agradecen y eso es reconfortante”, agregó Vernucci.
La escuela de surf del CEF N° 76 de Quequén contó desde el inicio hace tres años con el apoyo de la asociación de surf local y también obtuvo una beca para materiales de la Asociación Argentina de Surf, gestionada por Adrián Petersen. La nómina de profesores que trabajan con chicos convencionales está conformada además por Ezequiel Pacelli y Yanina Velázquez. Todos trabajan con matrícula propia del CEF y también articulan con la colonia municipal, el comedor Yipuy y las Escuelas Abiertas de Verano. Estimativamente, cerca de 500 chicos pasas por la escuela durante todo el verano, con clases los lunes y miércoles, en la escollera de Quequén, y los viernes, únicamente para el surf adaptado, en el Parador Integrador en la playa de Necochea. Un objetivo cumplido de dar clases gratuitas de surf a quienes no tienen esa oportunidad.
“Es entender que todos tenemos los mismos derechos. Poder ofrecerles el mar como un patio para que se diviertan. Darle esa oportunidad a las personas que no la tienen y favorecerles el medio para que puedan desarrollarse”, alentó Vernucci.
Por su parte, Martínez concluyó que “uno es un facilitador de oportunidades. Nos sentimos un intermediario, un engranaje de la cadena de favores para que se llegue a un buen destino. Hay mucho trabajo de los padres, hay mucho detrás que ayuda a que todo se concrete. Es una oportunidad para alguien que lo necesita y que si es bien aprovechada, se ve el resultado. Intentamos ser el nexo del chico con el deporte”. ///